En México el miedo anda en suburban, cadillac, mercedes benz, audi y demás vehículos en los que suelen transportarse los hombres de negocios encargados de financiar la campaña negra contra Andrés Manuel López Obrador y que tienen el evidente propósito de sentarlo a pactar.

La inminencia de su triunfo es la que tiene a la oligarquía sin dormir, al grado de estar dispuesta al acuerdo, sin embargo, no lo han llevado a la mesa de las negociaciones inconfesables. A sus cuestionamientos y acusaciones responde públicamente y con claridad sin mensajes cifrados.

Más allá de ser el candidato de izquierda favorito entre los que menos tienen, es el candidato del consenso por acabar con la corrupción. Objetivo compartido por empresarios, artistas, intelectuales, deportistas y por su tradicional base popular.

Pobres, ricos, derechas, centros e izquierdas coinciden en esta premisa para cambiar al país. La lucha de poder es de los de abajo contra los de arriba, por más que estos últimos lo acusen de ser como Chávez en realidad se parece más a Mujica por sencillo, sobrio y sereno.

El ideal de la honestidad es la nueva hegemonía, es la ruptura con la tolerancia al poder corrupto. La idea de la corrupción como natural al pueblo se acabó, esta nueva corriente plantea poner punto final a ese conformismo.

Esta nueva corriente de pensamiento es la que ha impedido que el miedo de la oligarquía se desborde, la sociedad está vacunada contra el miedo, se hizo inmune a la campaña negra, por más que acusen a López Obrador de chavista, de hipócrita, de espanta inversiones y demás la gente responde con humor.

La impotencia de la mafia se evidencia a través de Ricardo Alemán, uno de sus periodistas, llegó al extremo de sugerir la muerte de Andrés Manuel López Obrador, ese odio es el que con clasismo llama chairos a sus seguidores, la violencia escala en la campaña ante la impotencia de la mafia.

Claudio X González, Alberto Baillères, Alejandro Ramírez son las cabezas más visibles de la mafia que promueve el odio, sin poder pasar su miedo a la ciudadanía, la supuesta expropiación de empresas no le quita el sueño, los asesinatos son parte de su día a día.

Se ha hecho tan normal la violencia que su difusión pierde efecto, podrá pensarse en indolencia, pero en realidad hay asombro, sólo que estar con vida es ganancia donde son inexistentes los Derechos Humanos.

La mafia en el pecado llevó la penitencia, el uso sistemático de la violencia la hizo tan habitual que al aplicarla en campaña perdió efecto

¿Qué puede ser noticia después de la desaparición de los 43?

Cuando la conclusión que puede escucharse entre la población es que los pozolearon.

Es el México tétrico de la injusticia y la desigualdad, es el neoliberalismo en su versión más perversa que es el salinismo mexicano, ese que lo mismo compra conciencias que somete voluntades o llega hasta matar.

El miedo no anda en burro, las masas dejaron de paralizarse, el miedo se queda en los que ven amenazados sus negocios corruptos, al pueblo le han robado tanto que hasta el miedo le quitaron, sin embargo, algo no le pudieron robar, la esperanza.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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