El nuevo horizonte para los mexicanos después del 1 de julio necesariamente atraviesa por la relación con Estados Unidos, el Tratado de Libre Comercio significó la defunción del campo mexicano y una relación dependiente al extremo de la humillación que es el sello de la relación Peña Trump.

Los beneficiarios del régimen ante el posicionamiento de López Obrador argumentaban que a Estados Unidos no le iba a gustar tratar con un país en manos de un populista, que le iría mal a México. Incluso llegaron al extremo de reclamar intervención norteamericana para impedir su triunfo, así lo hizo Margarita Zavala al pedir al senador John MaCain hacer algo para frenarlo.

Resulta que el imperio no sólo no atendió los alaridos del régimen entreguista, sino que ha hecho pública su disposición a tratar con México y su nuevo gobierno bajo una nueva lógica de entendimiento y respeto.

Pareciera que al presidente Trump no le gustaba tratar con Peña Nieto y tenía por afición maltratar a México porque apenas terminada la elección platicó en los mejores términos con Andrés Manuel López Obrador y compartió la idea de intentar una nueva relación apoyada en las coincidencias.

El secretario del departamento de Estado Mike Pompeo lo visitó, tuvieron una conversación positiva que selló el inició de la nueva relación México Estados Unidos que será guiada por Marcelo Ebrard un experimentado político reconocido por su activismo en favor de Hilary Clinton.

La misión diplomática se llevó la propuesta en una carta firmada por López Obrador dirigida a Donald Trump que en siete cuartillas establece la nueva agenda y hace del proyecto nacional una interesante oportunidad para los estadounidenses.

La propositiva redacción efectivamente se concentra en las coincidencias, en síntesis, lo sustancial es migración y comercio, la carta es una joya diplomática que seguramente el tiempo le reconocerá su verdadero valor, pero de un plumazo acaba con la narrativa del ruego de la condescendencia, le devuelve la dignidad a México.

En lugar de debatir sobre el muro pone el territorio mexicano como un espacio atractivo para el comercio y su desarrollo como el mejor filtro para acabar con la migración masiva, tanto el norte y el sureste se convertirán en zonas de tratamiento especial.

La iniciativa obradorista no sólo reivindica la dignidad del pueblo mexicano incluso aboga por los pueblos centroamericanos, al plantear que ambas naciones contribuyan con recursos, se posiciona como un prometedor referente mundial.

El mensaje seguramente será repudiado por la reacción mexicana que lo acusará de trumpista, sin embargo, detrás de la fraterna misiva hay un innegable viraje para hacer de México un verdadero socio comercial y dejar de ser ensayo antidrogas.

El rechazo a ser el laboratorio narcótico es la salida a la espiral de violencia, eso es lo que dice sin estar escrito la carta, redactada en los mejores términos confirma que México no ocupa más armas, que no quiere más guerra contra el narcotráfico, que quiere paz y trabajo.

En lugar de celebrar que las remesas son la principal fuente de divisas propone proyectos que son históricas propuestas que han marcado la agenda binacional, el Istmo de Tehuantepec es una zona estratégica que puede ser una palanca para el desarrollo de México y un filtro contra la migración masiva.

Se abona a los intereses deja la súplica al imperio de tocarse el corazón, es la definición de que los mexicanos queremos nuestra patria y que ahora ésta patria está dispuesta a luchar por nosotros, nadie se va por gusto y ahora hay un México que reclama quedarse a su pueblo.

Hay diferencias con la docilidad del presidente mexicano que invitó al racista en campaña, es una relación diametralmente opuesta, nada que ver la relación de un hombre como López Obrador que ha ido a territorio estadounidense a desenmascarar los intereses del discurso racista.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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