Neymar con gorra y gafas de sol en el memorial de Johan Cruyff

El fútbol mueve mucho, muchísimo dinero. Está claro que si futbolistas y entrenadores perciben tales salarios no es por un acto de beneficencia de los clubes que no son, precisamente, una ONG. Ganan lo que ganan porque también lo generan. Los derechos de televisión, venta de camisetas y de todo tipo de productos de merchandising… Es mucho lo que se mueve alrededor del deporte rey y los auténticos protagonistas de este circo deberían reflexionar sobre la responsabilidad de sus actos, declaraciones y usos de las redes sociales, precisamente porque generan lo que generan.

Si piensan que solo por darle bien a la pelotita ganan millones de euros andan equivocados. Parte de su trabajo debería ser no formar, al menos, demasiado lío.

Para muchos niños son modelos. Sus actos generan corrientes de opinión e incluso ciertos comportamientos pueden incitar a la violencia.

Viene esto al caso a raíz de los últimos acontecimientos protagonizados por Piqué y Arbeloa y su absurdo pique en redes sociales, pasando por la actitud de Luis Enrique en rueda de prensa y de Simeone en el banquillo, o incluso de la imagen con la que los jugadores del Barça acudieron al memorial de Johan Cruyff.

Llama mucho la atención que en una foto que pasará a la historia y que siempre estará ahí, la foto de cómo los jugadores, técnicos y directivos del F.C. Barcelona despidieron al mito holandés, salgan algunos jugadores en vaqueros y camiseta y otros como Neymar con gorra y gafas de sol incluidas.

Cada uno en su tiempo libre puede ir como quiera, faltaría más, pero se supone que están en un acto de trabajo, en un acto de su empresa que es su club y bien hubiera hecho el F.C. Barcelona en uniformarlos y así evitar dar esta mala imagen.

El tema de las ruedas de prensa es capítulo aparte. Es curioso como algunos personajes del fútbol se quejan de que no les gustan las ruedas de prensa y aparecen en ellas en actitudes desafiantes. Que las ruedas de prensa son parte importante de este negocio es obvio. Querer beneficiarse de contratos millonarios y tener alergia a las ruedas de prensa es algo, cuanto menos,  paradójico. Luis Enrique es un claro ejemplo de ello. Mientras ha ido ganando, contestaba a lo que le apetecía y lo que no le gustaba lo dejaba sin contestar con su clásico “No tengo nada que comentar”. Tras perder el clásico con el Real Madrid, la eliminación en Champions y algunos malos resultados en liga, directamente se puso a la defensiva. Intentó  ridiculizar a un periodista en sala de prensa haciendo bromas con su apellido. Víctor Malo, que así se llama el periodista, no salía de su asombro cuando Luis Enrique lo intentó ridiculizar. El intento de gracia chulesca que solo el asturiano entendió, no hizo más que dejarse a sí mismo en ridículo.

En la posterior rueda de prensa, el técnico gijonés tuvo la oportunidad de disculparse cuando otros periodistas le preguntaron por este episodio y Luis Enrique, lejos de arreglarlo, lo estropeó aún más afirmando que le importa un bledo lo que los periodistas opinen de él.

El uso de las redes sociales por parte de los jugadores es otro de los temas a cuidar. Piqué es el caso más mediático en cuanto a polémicas pero no es el único. El pasado fin de semana, se jugaba el derbi Sevilla-Betis, y al jugador del equipo sevillista Rami, no se le ocurría otra cosa que enzarzarse en discusiones absurdas con aficionados verdiblancos a través de su cuenta de Instagram, deseando al equipo verdiblanco que descendiera y que no volviera a ascender hasta el año 2045. Cierto es, que al día siguiente, seguramente bien asesorado por alguien del propio club, Rami pedía disculpas públicamente y decía tener el máximo respeto por el Betis. En este caso, aunque en la sombra, el Sevilla como club sí parece haber actuado con responsabilidad asesorando a su jugador.

Pero si algo se lleva la palma en cuanto a un mal ejemplo como deportista ha sido lo de Simeone dando la orden a un recogepelotas para que lanzara un balón y así frenar un contraataque del equipo rival. Si creíamos que ya lo habíamos visto todo estábamos equivocados. Tres partidos de sanción le han caído al argentino por intentar hacer trampas.

Es probable que los protagonistas no sean conscientes de que generan corrientes de opinión, que los niños y no tan niños imitan sus comportamientos y que no es válido aquello que el propio Piqué ha comentado en alguna ocasión de “Yo soy así y a mí no me cambian”.

Bien harían los clubes, en obligar a sus trabajadores que cobran estas millonadas a dar una mejor imagen como deportistas de élite que son, para, por un lado no dañar la imagen de las instituciones que representan, y por otro ayudar a no incitar a la violencia a los aficionados más radicales.

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