¿Qué significa para ti Yoko Akabane?

Yoko Akabane es una mujer extraordinaria, japonesa, que está vinculada a Sevilla, al barrio de la Macarena, donde tiene un pequeño taller. Cuando voy allí es como si me trasladara en el tiempo porque allí experimenté mi primer contacto con el barro, con el modelar. Allí me empecé a sentir ya de alguna manera artista.

La primera vez que fui tenía 8 años, y fui de la mano de una amiga muy muy querida, Maite. Y tengo claro que sin Yoko no habría nada. Además ella es una artista contemporánea de la cerámica que es una maravilla y siempre fue conmigo muy taxativa, muy dura pero me dio mucho. Para mi ella siempre está presente en mi obra.

Además he ido siempre a su taller a lo largo de la vida, el taller que siempre huele igual, es como volver a tus inicios, claro.

 

¿Cuál consideras que es la obra perfecta en el mundo de la escultura?

Hay muchas obras que me pueden gustar, pero la verdad es que una obra tiene que contarte algo, tiene que decir algo. Además, yo creo que un artista tiene que ser fiel a su tiempo, que debe contar cosas porque eso es lo que te hace ser artista y lo que yo quiero ver cuando voy a un museo.

 

¿De qué manera te puede transmitir una obra de arte que pertenezca al género abstracto? Porque realmente no hay una figura clara sino una idea, ¿no?

Eso es ponerte delante. Es como todo, es como el que lee de corrido y no se ha enterado de lo que pone el texto, para mi es así. Me ocurrió una cosa muy curiosa en el Museo Orsay en París a raíz de esta pregunta. Un señor mayor me perseguía, guardando las distancias, pero me observaba y me observaba hasta que ya era muy descarado, me giré y le pregunté que si necesitaba algo. Entonces él me preguntó que si yo era artista y le dije sí, que hacía escultura, y me dijo “es que tú estás mirando”, “tú estás mirando, estás observando, tú estás entendiendo lo que ves, no todo el mundo sabe mirar”. Fue curioso porque me hizo también pensar. Resultó al final que este señor era el director del museo nacional de un país árabe y estaba allí de refugiado político. Lo curioso era que me observaba por como yo observaba.

Entonces, volviendo a la pregunta… hay que saber dejarse llevar por la obra, por el momento.

 

Háblame de las obras que realizas por encargo, las que son más figurativas.

Hace poco hice una chaqueta de torero, un busto, cosas que no están dentro de un concepto reivindicativo, ni de un discurso, lo digo porque yo soy muy política. Estoy muy metida en los movimientos sociales, pero siempre intento que mi obra valga para algo, que sirva de mensaje. No quiero que simplemente sea una figura bonita, incluso algunas no son bonitas, son provocativas. Me gusta provocar.

 

Cuando observas una obra ajena ¿intentas identificar las intenciones del artista o le das tu propia visión?

Yo me dejo influenciar por lo que me hace sentir, en cualquier obra. Yo me dejo influenciar porque también depende del momento. Tú y yo podemos vivir el mismo momento pero tú puedes sentirlo de una manera, según tus experiencias, tu estado cognitivo… incluso la misma obra te puede afectar en según en qué momento la vivas. Por eso es muy interesante volver a visitar las mismas obras, volver a ver las mismas películas. Yo cuando comencé tenía muchas inseguridades, me preocupaban que iban a opinar de mí y me daba algunas veces reparo porque no quería molestar a nadie, ya no, ya no me importa. Yo ya estoy formada, sé lo que quiero y tengo una seguridad en ese sentido. Por eso quien ve mi obra se hace preguntas.

Luego, yo siempre que he expuesto, me he colado entre la gente, escucho, me gusta saber qué opina la gente. Y encuentro mucha variedad de opinión, cosa que me encanta porque algunas veces hay personas que ven en mi obra cosas que yo no he visto y me influyen. Yo también dejo trabajar mi subconsciente en la obra, y algunas veces no sé lo que me está contando mi subconsciente pero aparece ahí. Y otro es capaz de ver lo que no he visto yo.

 

¿Se te ha hecho difícil entrar en el mundo artístico? Y ¿cómo mujer?

Es difícil. Te dicen que tu obra tiene que ser buena, tiene que ser perfecta… Durante muchos años mi obsesión era esa, que las obras fueran perfectas y al final aparcaba las obras y me frenaba a mí misma. Hasta que me di cuenta que realmente una obra ya no era solamente la técnica. Hay obras que tienen una técnica perfecta, las ves muy bien artesanalmente, pero no me cuentan nada. Difícil en realidad, nos lo ponemos nosotros, por esa exigencia. Pero la gente que me rodeaba y me admiraba, que creía más en mi que yo misma me dio el impulso.

Además, hay que tener en cuenta que en este caso, yo me expongo a mí misma. Yo cuento una cosa muy íntima, verdades muy grandes, al menos para mí. Por eso que te juzguen no es fácil, es un feedback continuo, el miedo ese en lo que has puesto tanto, ese miedo para mí ha sido horroroso pero la verdad es que ahora estoy bastante animada, muy contenta, en un momento pletórico. Aquella niña que iba al taller de Yoko está cumpliendo su sueño.

Con miedo he dado los pasos porque tampoco quiero que el miedo me frene. Y como mujer pues sí, hay de todo, en algunos ámbitos el ser mujer lo convierte atractivo y te abren puertas, por ejemplo con el tema de la campaña de la igualdad. Pero también es cierto que desde la escuela de arte y desde otros ámbitos han puesto pegas por ser mujer. Por ejemplo, yo he trabajado con la forja, con el hierro, entonces algunos compañeros que me decían que yo como iba a coger unos hierros, que yo como iba a trabajar con una soldadura, ¡es que eres una mujer! Bueno…¿y qué? Siempre he tenido que ir demostrando que aunque sea mujer podía hacerlo. Y a base de currículum. Te quedas un poco de piedra.

Además yo no he vivido la desigualdad que se vive ahora. Nosotros nos hemos sentido iguales, chicos y chicas, no ha habido un micromachismo, en cambio ahora, que llevo años dando charlas sobre el tema de violencia de género en los institutos y colegios estoy encontrando un retroceso brutal, lo que no había en mi época. Y además sabía perfectamente que era el machismo y la violencia de género desde pequeña, por eso noto la diferencia. Y no lo he vivido en mi casa pero si muy cerca, en familiares, gente querida y lo he visto. Entonces eso es lo que me fue llevando a mí a apoyar el tema de la mujer, he sentido que tenía algo que decir siempre.

Después, ya hablando del tema de género, hay televisiones que deberían ser censuradas por el estado, sinceramente porque tiene a los jóvenes absolutamente mediatizados, el amor falso como yo lo llamo.

 

¿Qué es el amor falso?

El amor falso es el que hace que las niñas actúen como carne. Ellas lo creen así, por eso hay tantísima violencia de control. Tengo sobrinas adolescentes que algunas están muy enganchadas a estos programas, se creen que debe de ser así, que deben de ser así de fantásticas para conseguir un amor, pero no es real. Y corren un riesgo muy grande. También recuerdo que en mi época había muchas tribus urbanas, pero ahora cada vez, todo el mundo es más parecido. Están perdiendo la identidad. Yo doy charlas por institutos de toda la provincia, y me están llamando de otras y ¡están clonados! Y después, tampoco hay discurso reivindicativo. Lo aceptan todo sin más y son conformistas, incluso en lo que les está afectando, esa es mi lucha, mi diálogo, mi obra…

 

¿Cómo organizas las charlas y talleres?

Los talleres que yo doy son de arteterapia. Soy arteterapeuta. Entonces, dependiendo del grupo, si son adolescentes, chicos de primaria, mayores, mujeres víctimas de violencia de género… pues planteo el desarrollo. Aunque con lo que más trabajo son adolescentes de zonas desprotegidas, más humildes.

 

¿En qué consiste la arteterapia?

Consiste en dialogar a través del arte. Tocar estos temas de género a través de un collage, pinturas, modelando, depende. Además son talleres cortos, máximo 3 o 4 horas entonces no da lugar a hacer escultura, si cuando estoy en un proyecto amplio, de dos o tres años, entonces si hemos trabajado la escultura.

 

¿Y en esas 3 o 4 horas como enfocas la enseñanza de la mirada feminista?

No se crean obras de arte, los talleres sirven para cuestionarnos ciertos aspectos. Hacemos murales trabajando con las figuras humanas, trabajando los micromachismos, cogen recortes, les enseño a través de las revistas a saber mirar, donde están los mensajes, que es un micromachismo, cómo lo utilizamos en el lenguaje, al final lo reconocen, como afectan a las personas, como hacen daño a sus compañeras, como se están exponiendo. Y es curioso porque ves perfectamente quien está sufriendo en casa la violencia, rápidamente se detecta. Luego ellos crean un diálogo, lo ponen sobre la mesa y al final van solos. Y todo queda recogido en un mural, por ejemplo.

 

¿Qué opinas de los artistas que viven ajenos a su realidad social?

Para ser un artista, del ámbito que sea, tienes que estar en conexión con el mundo que te rodea. Un artista contemporáneo tiene que hablar de lo que está ocurriendo. Tu mundo puede ser tanto de dos metros cuadrados como de kilómetros, según lo que quieras contar y lo que te llegue a ti pero para ser un artista honesto tienes que contar lo que te está influenciando.

Cuando uno es artista no puede mirar a otro lado. Lo demás para mi es artesanía. Y he sido artesana, sé lo que digo.

 

¿Qué significa que seas una artista figurativa neorromántica?

Me identifico con el arte contemporáneo. Mi obra la han catalogado de diferente manera. Lo mismo tengo unos cuerpos bonitos, bien trabajados pero dando la vuelta al sentido de la obra. Como “La celda” en la que hay una escultura preciosa de una niña desnuda con la expresión de que está encerrada en sí misma por el miedo y ahora esa escultura está metida dentro de un bloque de láminas de hierro forjadas, cruzando barras y un puño que golpea lo cual tiene un significado. Los críticos que me encasillen donde quieran. Yo no me clasifico por ahora.

 

¿Cómo influyó la experiencia en Italia en tu obra?

Florencia es mágica. Ese era otro de mis sueños. Porque soy ferviente admiradora del renacimiento. Y en escultura es increíble. Y como antes me exigía que una obra tenía que ser perfecta, para mí los grandes del renacimiento eran los maestros en ese sentido.

Cuando me dieron la beca estaba trabajando como artesana restaurando la Plaza de España. Fui como artesana y tuve la suerte de estar en el taller de Giorgio Mattioli, un señor mayor, un ceramista increíble, que me decía, “Mercedes vete a conocer el mundo y después vienes y me lo cuentas”. Él me enseñó y me abrió mucho la mente. Después, cuando me volví a España me concedieron otra beca y comencé allí a trabajar con un escultor, Giorgio Buttini. Fue cuando comencé a hacer de verdad lo que quería: escultura.

Quería seguir trabajando con lo social sin dejar el arte, y entonces la universidad Pablo de Olavide sacó un taller de arteterapia, ahí me metí, y seguí formándome en esa línea. Y no he parado desde entonces. Llevaré unos diez años como arteterapeuta, llevo en paralelo el arte y la arteterapia.

 

¿De qué manera ha afectado la labor docente a tu obra?

Afecta mucho. Porque en esos talleres que yo imparto recibo mucho feedback. La visión y la experiencia de un chico de 13 años no es la mía. Entonces me hace plantearme preguntas o si estoy con un grupo de mujeres mayores, sus experiencias me enriquecen. Siempre te dejan huella. Y yo todo lo que me deja huella lo intento plasmar en mi obra.

 

¿Qué te llama la atención de otros artistas?

La obra en general de Cánovas me gusta porque rompe. Él tiene obras donde utiliza materiales que tiene al alcance de la mano y son obras muy expresivas, utiliza colores que te guían. Juega con el impacto y rompiendo. Cuando un artista se está formando, está aprendiendo las técnicas y tiene que seguir una serie de normas pero ya Cánovas se permite romper eso, esas reglas, y le da igual la belleza. Y yo me veo muy reflejada.

Rompe eso y al mismo tiempo respeta las técnicas. Después de haber desaprendido, desaprendes, y cuentas cosas. Ahí está la clave.

 

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Once − 5 =