La expectación que causaba su música era cada vez más considerable. La figura de Liszt y sus interpretaciones despertaban avalanchas, llantos, admiración, en un público sumamente impresionado por el que ha sido reconocido como uno de los mejores pianistas de todos los tiempos. En sus conciertos tocaba sus propias obras además de numerosas adaptaciones de piezas escritas originalmente para otras formaciones que consideraba fundamentales, como las nueve sinfonías de Beethoven, en una estupenda labor pedagógica y divulgativa. Su compromiso era tal que creía imprescindible el acercar a pequeños lugares más desprovistos de medios la cultura musical llevada a las teclas mediante sus versiones y su exquisito gusto.

La etapa romántica de Liszt se caracteriza por la reivindicación del individuo como potente fuerza creadora, por la visión del intérprete como ser dotado de un don sobrenatural capaz de transmitir las emociones y sentimientos del compositor mediante un extraordinario dominio técnico del instrumento que le convierte en un virtuoso encargado de llevar la ejecución hasta sus últimas consecuencias. El piano se corona como el instrumento preferido para hacer música y, muy pronto, la gran exigencia técnica interpretativa en torno a él, reclama mejoras en su mecanismo. Aparecen los estudios como pieza compositiva pedagógica que ayuda al estudiante presentando diferentes dificultades técnicas: octavas, escalas, arpegios, saltos… Liszt o Chopin en el piano, como Paganini y Sarasate en el violín, son tan solo algunos ejemplos de esta importante y nueva figura del compositor que escribe y además interpreta sus propias obras de marcado carácter virtuosístico.

Recuerdo cómo perdí algunas clases de educación física en el colegio o en el instituto por miedo a lesionarme ante un examen o audición inminente de piano o música de cámara. Un dedo hinchado o un esguince de muñeca suponían tirar por tierra el esfuerzo de todo un año escolar. A pesar de disfrutar enormemente de los deportes en equipo, evité balones o traté de pasar lo más desapercibida posible en los partidos ante la incrédula mirada de profesores que en ocasiones no entendieron mis razones. A veces con más y otras con menos coherencia, los estudios musicales tratan de inculcar en el alumnado una conciencia del cuidado físico de las manos como herramienta de trabajo y que en determinadas ocasiones, de forma enfermiza, se transforma en una obsesión sobre lo que su fisionomía supone a nivel técnico prácticamente como una relación causa-efecto. Así Schumann truncó su carrera musical con una lesión inducida mediante un sistema de poleas creado por él mismo que colgaba del techo y al que unía su anular y su meñique durante la noche con un insano e imposible deseo de independizar los movimientos de ambos dedos mientras dormía.

Las manos de Dinu Lipatti eran anchas, de dedos largos y con la peculiaridad de poseer un meñique de longitud extrañamente grande. El tamaño de las manos de Rachmaninov correspondía a su metro noventa y ocho centímetros de altura. Podía alcanzar el intervalo de treceava en el piano y sus composiciones se verían afectadas por esta singular característica, sometiendo a la mano a un estrés considerable, entre otras cuestiones, por su exigencia de amplitud constante. También largas y finas eran las de Glenn Gould y anchas y robustas las de Boris Berezovsky, al contrario que las de Leopold Godowsky, cuya técnica piropeó el propio Rubinstein, pequeñas pero fuertes y anchas con los dedos bastante separados, algo fundamental para contrarrestar la ausencia de dedos largos, o las de su amigo Josef Hoffmann quien, no teniendo manos grandes, logró impresionar al mismísimo Rachmaninov con la interpretación de las sonatas de Chopin.

La longitud de los dedos, su uniformidad y su separación, la anchura de la palma, el peso de la mano o la morfología de músculos y tendones, corresponden a características de la anatomía que el músico no puede escoger para sí mismo pero sobre las que, evidentemente, puede y debe desarrollar un uso inteligente. Conocer el propio cuerpo, sus facilidades y limitaciones, proporciona un pensamiento activo de búsqueda de soluciones y desarrollo sobre las particularidades técnicas que cada cual ha de pensar y trabajar en el estudio del instrumento. La gran extensión de las manos de Liszt le permitieron, por ejemplo, hacer sonar los acordes más plenos, pero su mente, impulsada por una incansable búsqueda de lo nuevo en la música y por un incuestionable compromiso y conciencia artísticos, le dotó de una gran personalidad interpretativa que tendría un profundo impacto en el desarrollo pianístico posterior y en la historia de la música, sabiendo convertir, como lo hicieron también otros grandes músicos de la época, el virtuosismo en un medio más para expresar su individualidad musical como intérprete.

Parodia “Rachmaninov had big hands” por Igudesman & Joo. 

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