Los arquitectos Anna y Eugeni Bach han realizado Mies Missing Materiality, una instalación sobre el Pabellón Mies Van der Rohe(1) de Barcelona consistente en envolver todas las superficies de piedra o metal en vinilo blanco para producir la ilusión de que el Pabellón ha perdido toda su materialidad. El techo, que ya es blanco, los vidrios, el estanque y la estatua se dejan tal cual. Fui un día de cada día prescindiendo de toda explicación porque una cosa es lo que se hace y la otra cómo se cuenta: las necesidades comunicativas de nuestro panorama arquitectónico son tan altas que obligan a los arquitectos, particularmente a los jóvenes, a elaborar teorías como si construir a un buen nivel no fuese ya lo suficientemente complicado: ahora resulta que tienes que saber explicar lo que haces cuando la historia ha demostrado y demuestra constantemente que se puede ser un gran arquitecto, incluso uno de los mejores, sin necesidad de saber contar unas obras que por otro lado ya se cuentan por sí mismas. En fin, sigo: fui a visitar la instalación y me encantó. Mucho. Sin reservas.

Dos cosas sobre ella:

1- Quizá lo mejor que se pueda decir es que la operación revela aspectos de la obra intervenida que podrían pasar desapercibidos. Cuando ésta recupere su aspecto se podrá leer de otra manera, añadiendo capas de complejidad a las interpretaciones sobre ella.

2- No (de aquí el título del artículo, que compara el pabellón con una obra de Richard Meier, un arquitecto que ha elegido expresarse mediante cuadraditos de color blanco), el Pabellón no se ha convertido en una maqueta: Es una intervención artística con todas las de la ley(2) que consigue realzar únicamente la geometría eliminando todo el resto. Pero aunque se esté hablando de quitar materia los límites físicos de la materia usada para quitarla (el vinilo) obligan a mantener el despiece de las piezas de mármol. Las imperfecciones de este despiece, la suciedad, la humedad acumulada, las huellas, lo convierten en algo vivo, activo con el visitante, que recuerda constantemente dónde está y qué es lo que va a visitar: sigues envuelto de superficies que pesan, y tu vista se enfrenta a ellas desconcertada por el color y por el recuerdo de lo que sabes que hay debajo. Lo que convierte esta intervención en algo bastante más rico que una maqueta y le da un sentido lúdico muy interesante: ahí están los debates que se han montado (muy contemporáneos, por cierto) sobre si el Pabellón tiene más sentido así o en su estado original. A pesar de que el Pabellón original no sea el Pabellón original, sino una reconstrucción hecha por el arquitecto equivocado(3) que tiene poco que ver con el Pabellón original de 1929 excepto por aproximación(4). Para entendernos: el Pabellón reconstruido es Satisfaction cantada por David Bisbal. Es una fotocopia hecha por un becario bebido que sujeta el folio original con la mano sin haber tenido tiempo de cerrar la tapa.

La intervención consigue que por un momento te olvides de este despropósito para poner en valor determinados aspectos relevantes del proyecto de 1929. Así que cuando Anna y Eugeni intentan convertir en Pabellón en una maqueta lo que en realidad han conseguido es lo contrario: Convertir la reconstrucción (o sea, el proyecto de 1986) en una maqueta de trabajo de la que poder sacar valores positivos y que, por fin, gracias al recuerdo combinado de esta instalación y de la precedente de Andrés Jaque (decididamente hermanas en sus intenciones), podrán conseguir que podamos leerla con una cierta indulgencia: estas instalaciones nos dan la distancia necesaria como para que podamos tomar perspectiva respecto el proyecto de 1929, convivir con él y apreciarlo para después podernos acercar a esa reconstrucción de 1986. Todavía estamos a tiempo de convertir la anunciada performance de desmontaje en un happening que marque las diferencias entre el Pabellón de 1929 y el de 1986 con rotulador permanente(5). Los defensores del nuevo Pabellón no se lo creerían por la misma razón que los discos de OT se vendían tan bien.

* Antes de que alguien me diga nada ya me lo digo yo mismo: sí, le he robado el título al danés Mr. Big (Bjarke Ingels), uno de mis arquitectos jóvenes preferidos (dijo lo de joven básicamente porque tiene un año más que yo y así me animo) que ha titulado de esta manera una foto que tomó de la instalación.

(1) Ya les vale: lo llaman Pabellón Mies van der Rohe cuando el pabellón fue proyectado por Mies van der Rohe y Lily Reich, una magnífica interiorista de biografía complicada sin la que Mies jamás hubiese logrado ser lo que es. El Pabellón era el salón de recepción de la representación alemana para la Exposición Universal de Barcelona de 1929, que consistía en tres pabellones y fue diseñada enteramente por Mies y Reich. Fue derribado al término de la Exposición y reconstruido (o algo) en 1986.

(2) Irónicamente tengo grabadas unas declaraciones de Anna y Eugeni Bach en las que manifiestan que los arquitectos no son artistas, que es más o menos lo que toca decir te lo creas o no.

(3) Que, no contento con este error, lo repitió a lo grande reconstruyendo el Liceo.

(4) El arquitecto Andrés Jaque incidió en este aspecto del Pabellón con una (otra) instalación (si no me falla la memoria, la anterior a la realizada por Anna y Eugeni) consistente en sacar al exterior para ser expuesto como una obra de arte cualquier rasgo cuotidiano del mantenimiento del Pabellón que recordase que éste ya no es una obra efímera: aspiradoras, pedazos de mármol rotos, escobas, un mocho, una caja de herramientas, etcétera.

(5) Para entendernos: el Pabellón de 1929 no tuvo mármol suficiente para revestir todas sus paredes y Mies/Reich improvisaron al respecto. En su intento de hacer coincidir las juntas del pavimento con las columnas desarrollaron ocho medidas de losas de mármol diferentes… y aun así no lo consiguieron. En la reconstrucción sólo hay una medida de losa. La cubierta era considerablemente más delgada. El estanque tenía plantas. Y así mil diferencias más.

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Arquitecto. Construyó hasta que la crisis le forzó a diversificarse. Actualmente escribe, edita, enseña, conferencia, colabora en proyectos, comisario exposiciones y fotografío en diversos medios nacionales e internacionales. Publica artículos de investigación y difusión de arquitectura en www.jaumeprat.com. Diseñó el Pabellón de Cataluña de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 2016 asociado con la arquitecta Jelena Prokopjevic y el director de cine Isaki Lacuesta. Le gusta ocuparse de los límites de la arquitectura y su relación con las otras artes, con sus usuarios y con la ciudad.

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