Marcelo Bielsa es una persona cuyo accionar trasciende la esfera de su profesión y se proyecta hacia la sociedad sin importar en el ámbito que se analice. Esta realidad, que de por sí es de una importancia notoria por lo inusitado, adquiere mayor valor si se tiene en cuenta que Bielsa es director técnico de fútbol, lo cual lo hace más inusual aún.

Pero Bielsa no es un director técnico más, además de plantearles tácticas y estrategias a sus dirigidos, busca inculcarles valores que van más allá de la práctica de un deporte, y lo hace con personas que ganan millones de euros al año y a quienes les plantea que lo importante no está dentro de una cancha de fútbol sino fuera de ella. Es recordada su anécdota mientras entrenó al Olympique Marsella, cuando le vaticinó a Benjamin Mendy un promisorio futuro, pero sólo si aceptaba las condiciones y las consecuencias que eso implicaba. Y para Bielsa las consecuencias son claras, ‘ser el mejor te quita felicidad, te quita horas con tu mujer, con tus amigos, te quita fiesta y diversión. Ustedes, los jugadores, tienen un problema muy, muy grande: tienen dinero pero no tienen tiempo para disfrutar de lo que el dinero te da en términos de felicidad. Eso yo ya lo sé porque lo he visto infinidad de veces y sé que ustedes pagarían por tiempo. El éxito te quita la posibilidad de ser feliz. También es una elección. Pero es importante que el que tiene 20 años sepa eso. No hay problema si no querés ser el mejor del mundo, pero hay que saber todo eso’. Poco tiempo después de esta charla, en donde el DT argentino le recomendaba al jugador francés que ‘Mendy sabe que va a ser un gran jugador, sabe que va a ser estrella. Lo que no sabe, es lo que sí sabe Morel. Si Mendy incorpora eso, va a ser uno de los mejores defensores del mundo… Pero no hay ninguna seguridad de que lo vaya a ser. Ninguna seguridad. ¿Creen que les estoy haciendo una broma?’, Mendy se convertía en el defensor más caro de la historia al ser incorporado por el Manchester City en 58 millones de euros.

Años después de esa anécdota, y que se suma a muchas otras en las que Bielsa ha demostrado ser un verdadero pensador que trasciende el fútbol, apenas días atrás, ha dado una nueva demostración de cuáles son las cosas que importan en su vida y qué es lo accesorio, cuáles deberían ser los verdaderos fines de una persona y cuáles los medios para conseguirlo, y la importancia de que los medios no se conviertan en fines en sí mismos.

Nuevamente contratado como entrenador en Francia, esta vez en Lille, Marcelo Bielsa se enteró que su ex ayudante de campo, su amigo, Luis Bonini, agonizaba en Chile afectado de un cáncer de estómago. Ante esta realidad decidió acompañar en sus últimas horas a quien lo había acompañado durante tanto tiempo, y planificó viajar para estar junto a él. Al solicitar el permiso necesario a los dirigentes del club, no recibió la autorización para la realización del viaje y entonces pronunció una frase lapidaria, le dijo a sus jefes que ‘Me voy a ver a mi amigo, hagan lo que tengan que hacer’, y el club entendió que debía suspender al técnico argentino en sus funciones.

Cierto es que no todos tenemos la posibilidad de tomar decisiones como la que tomó Bielsa, pero siempre hay un lugar en el que por pequeño que sea el hecho, tenemos la oportunidad de señalar cuales son nuestros valores y qué estamos dispuestos a hacer y qué no, para eso hay que recordar las palabras de Mario Benedetti, quien afirmaba que ‘uno no siempre hace lo que quiere pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere’.

Por eso, como decía Luis Eduardo Aute, ‘ahora que no quedan muros, ya no somos tan iguales. Tanto vendes, tanto vales, ¡viva la revolución!’e

 

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