En materia de comunicación política, los roles de izquierda y derecha están muy bien definidos y cada uno se ha aprendido a fuego los mensajes con los que incentivar el voto. Si uno se fija en los eslóganes y campañas de los últimos tiempos apreciará que la izquierda ha potenciado los aspectos más ideológicos de su política (el tema de los derechos sociales y demás), mientras los conservadores ponen el acento en la apolitización y su capacidad como gestores. Ellos saben que el mensaje de que “la derecha es la que sabe gestionar la economía” vende mucho más que su postura ideológica tipo “no queremos que los pobres tengan derechos sociales”. En lugar de decir eso intentan colárnosla afirmando que es ajeno a sus medios garantizar el acceso a recursos, que es una mera cuestión administrativa.

Por eso, ante la pérdida de apoyo electoral, May ha apelado al trillado mensaje de que lo más necesario para Reino Unido ahora es la “estabilidad”. Más o menos viene a decir: “venga chicos, ya os habéis divertido votando. Como broma está bien, pero lo que este país necesita es mano dura”.

Mantienen cansinamente ese mensaje para reafirmarse cuando la realidad ha hecho evidente que las políticas conservadoras no son, ni de lejos, las más efectivas para abordar la crisis. Por el contrario, las medidas de austeridad solo han servido para incrementar desigualdades y ampliar el impacto de ésta en las clases más bajas. La cuestión es tan simple como comparar la economía portuguesa con la española y las políticas económicas del gobierno de Rajoy con las aplicadas por Antonio Costa, quién en solo un año de gobierno ha conseguido restablecer los servicios sociales que la austeridad había aniquilado al mismo tiempo que reducía el déficit por encima de lo exigido. Eso sin contar con el éxito de gobiernos locales como los de Carmena o Colau.

¿Qué conclusión podríamos extraer de esta comparativa? Lo que yo deduzco es que la sociedad no necesita más conservadurismo, ni liberalismo ni, en definitiva, capitalismo. Lo que hace falta es una buena gestión redistributiva.

Lo cierto es que May pretende reforzar su figura con el mensaje de la estabilidad igual que lo hizo Rajoy en su momento, cuando de hecho son ellos y sus homónimos los que están agitando el tablero. Ellos han creado la inestabilidad económica: salvando bancos que necesitaban ser salvados porque se habían llevado el dinero a paraísos fiscales; dejando de invertir en gasto social para destinar ese dinero a sus campañas políticas, contratos de la administración ineficientes y trajes caros; favoreciendo la evasión fiscal; limitando la contribución de los que más podrían aportar y exprimiendo a los que menos; generando empleos precarios que imposibilitan la recuperación económica; y un largo etc.

Nosotros, pobres ciudadanos, somos simples fichas de parchís en un tablero, y éstos, los políticos del liberalismo, los grandes gestores de la economía, son niños caprichosos que agitan ese tablero mientras nos dicen que ellos son los más adecuados para estabilizarlo. Así de simple.  

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