Pedro Sánchez presentaba ayer a su nuevo equipo de gobierno, con un fuerte perfil político y muy cualificado. Hasta el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera del Partido Popular no ha dudado en reconocer la solidez de los nuevos ministros, entre los que se encuentran dos ingenieros aeronáuticos, jueces y médicos, además de especialistas en distintas materias. La sorpresa de muchos, ha sido el nombramiento de Màxim Huerta como Ministro de Cultura y Deporte, actualmente el más cuestionado por sus contundentes declaraciones en las redes sociales.

Durante sus años como tertuliano de corazón de programas televisivos con Ana Rosa Quintana, presentador de informativos en televisión, colaborador de diversos programas de radio y columnista en medios digitales, el ahora Ministro dio rienda suelta a su imaginación a través de su cuenta de Twitter.

Los usuarios de esta red social desplegaron una labor de investigación de la talla de Sherlock Holmes. Con las cartas puestas encima de la mesa, la opinión publica coincide en que este periodista, ahora ministro, tendrá que empezar a medir sus palabras. Y es que, Màxim Huerta ha crítica duramente la política y arremetido contra el deporte, dos actitudes difícilmente compatibles con un Ministro de Cultura y Deporte.

Hace apenas una semana, Huerta mostraba sin tapujos su falta de fe hacia la política. “Si logran ponerse de acuerdo, más allá de los egos y de las condiciones, volveré a creer en la política”. La fe hacia la política la ha recuperado al mismo tiempo que ha olvidado el ego de Pedro Sánchez.

Del papel de un Ministro también ha opinado sin miedo a las represalias. Un tuit rescatado del año 2013 relaciona directamente la labor de un Ministro con la posibilidad de hacer a uno lo que le de la gana. Un año después, continua en la misma línea y en tono jocoso jura “cumplir con las obligaciones de Ministro”.

José Antonio Sayagués, actor y director del teatro español prefiere no adelantarse a los acontecimientos. En declaraciones a Diario16, señala que el prefiere “que los entrenadores de futbol hayan sido jugadores de futbol”. Por ello, entiende que un Ministro de Cultura deba estar ligado al mundo de la cultura y “al margen de opiniones de un lado y de otro, hay que esperar a ver como desempeña su función”.

Ha sido especialmente señalado por declarar su odio hacia el deporte. Un odio completamente comprensible mientras escribía novelas pero que con su nuevo cargo empieza a chirriar. No se exige a un Ministro de Cultura y Deporte que sea deportista, aunque no cabe duda de que si conoce las condiciones de los deportistas podrá representarles con una mayor precisión.

Tampoco ha sido bien recibida su peculiar manera de unir el físico con el deporte. “Umberto Eco: odio a los deportistas. Yo, el deporte. Que manera de sobrevalorar lo físico!”. Las respuestas de los usuarios señalaban lo incomprensible que es que declare abiertamente su odio hacia el deporte y que confunda fomentar el deporte con obtener el físico deseado en vez de con el hecho de incluir un habito de vida saludable.

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