Ruge la grada, el publico puesto de pie, gritando y pateando, las caderas de todas las bailarinas de samba enloquecidas y en movimiento. Ruge la grada, ruge la selva brasileña: Max Verstappen ha adelantado al campeón del mundo, nada menos que al campeón del mundo. Lo ha pasado en la pista, con un coche teóricamente inferior. Un adelantamiento magnífico. Y se ha puesto el primero. Va a ganar la carrera. Max Verstappen va a ganar el Gran Premio de Brasil 2018.

Ya le lleva a Lewis Hamilton cuatro segundos de ventaja, cuando sucede. Sucede. Está doblando a Esteban Ocón y Esteban Ocón juega a desdoblarse. A intentar desdoblarse. Max Verstappen ni se digna a mirarlo, al cabo es solo un perdedor, un doblado.

Pero cuando conducimos hay que estar atento a los falsos movimientos de los demás, a los posibles errores de los demás. Es el único modo de salir ileso. Y Max no mira, no controla, no piensa que Ocón va a atreverse a competir contra él.

Los coches se chocan. Trompo precioso. Las gradas enmudecen. El micrófono del coche de Max Verstappen se llena de insultos e imprecaciones. ¡Miserable cretino! ¡voy a arrancarle la cabeza!

Y luego al final la carrera, cuando ya la ha perdido; y eso que ha tenido la suerte de poder acabarla, pero debe conformarse con un segundo puesto. Al final de la carrera Max va a buscar a Esteban. Y le empuja, y le mira con ira y odio, y le vuelve a empujar, y Esteban abre los brazos mirando a Max asustado y sorprendido. Acojonado.

Ha sido un gran premio magnífico, con Daniel Ricciardo remontando y adelantando a un Mercedes y a un Ferrari. Con los españoles perdidos al final de la tabla y fuera de los puntos. Con Raikkonen comiéndose a Sebastian Vettel. Carlos Sainz venciendo a Nico Hulkenberg en un těte a těte y muchas más cosas, como Sirotkin o Magnussen dejándose medio coche en la carrera, porque Interlagos es un circuito que permite la pelea, los adelantamientos y la lucha. La lucha.

Cierto que Hamilton se ha subido a lo más alto del cajón pero la lucha hoy era Max Verstappen cabreado, cabreado contra el mundo y contra su suerte, pero sobre todo cabreado contra Esteban Ocón. Como vuelvas a hacerme algo así te arranco la p*** cabeza tío.

 

Tigre tigre

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