1, 2, 3 responda otra vez… ¿Hasta cuántas jornadas pueden caber en un solo día en la vida de una mujer, madre y que, además de trabajar dentro de casa, lo haga fuera? La respuesta es que ni una, ni dos, sino como acaba de denunciar Laura Baena en la presentación del estudio sociológico Somos equipo de la asociación #YoNoRenuncio, “hasta tres veces más que cualquier hombre”. Y ese número 3 significa que además de llevar una mochila a rebosar del trabajo que hace dentro y fuera de casa carga con el compromiso emocional de todo ello”, decía.

Sin haber ido a una tómbola a la mujer se le ha venido asignando desde siempre y por defecto el “premio” envenenado y no reclamado del ¡ale, te ha tocado! ¡Haber nacido hombre! “Los roles de género tradicionales no solo se siguen imponiendo en la sociedad sino que desde que hemos entrado en el mundo profesional también se han trasladado al mercado laboral”, añadía Baena. Y como una cosa lleva a la otra pasa que según dicho estudio, incluso antes de que se piense en la maternidad el 58% de las féminas asume que ha de renunciar a su carrera profesional, frente al 6% de sus parejas. ¡Pelos como escarpias!

A esta renuncia a una misma se suma el factor de la división sexual del trabajo no remunerado en el hogar. ¡Y ahí nuevamente nos salimos! El 54% de las mujeres declara ser la principal responsable de las tareas invisibles frente al 17% de los hombres. ¡Vamos que eso de darle a la mente para organizar junto a otras actividades -no medibles en horas- toda la logística que conlleva la casa es femenino a tope! Las mujeres están pendientes de los requerimientos del colegio/guardería en un 72% de las ocasiones, del seguimiento médico de los hij@s en un 67%, de poner y tender lavodaras el 66% de las veces o preparar la lista de la compra en un 59%.

Frente a este no parar la pareja (curiosa definición cuando no se está a la par en algo tan importante como la corresponsabilidad), las actividades de ellos en casa tienen más visibilidad y reconocimiento social que el femenino. Son tareas físicas, previsibles y concretas con menos carga mental, a excepción de llevar las cuentas – tarea que encaja con el rol machista de mantener la familia-, el resto de actividades tienen un inicio o un fin como por ejemplo cocinar en el 30% o hacer la compra en un 28%. ¿Cuántas veces has visto la ola o las palmas que se le hacen a un hombre porque “ayuda” a su mujer? Que no, que no se trata de ayudar, se trata de que se les meta en la sesera el verbo corresponsabilizar. Se trata de sentir como una mujer que los hijos y el hogar son al 50%. Además en lo que respecta al dinero el 45% de las mujeres, aún aportando la misma cantidad de euros a la economía familiar que sus parejas, es la principal responsable de las tareas doméstico-familiares en un 48% de las ocasiones frente al 10% de ellos.

Viendo estas cifras, en las que seguro más de una se reconoce, surge una sola imagen. La de pasar a la acción ya mismito. Hay que actuar en la base de toda la desigualdad que nace de la educación patriarcal recibida y de la concienciación de la sociedad. Se trata de cambiar los permisos de maternidad y paternidad por unos iguales e intransferibles, de redefinir las jornadas laborales o flexibilizar el trabajo remunerado para que este deje despacio a otros usos del tiempo.

Dar la vuelta a esta fea tortilla no es nada difícil, pero falta el apoyo de quienes tienen la sartén por el mango (gobierno, instituciones, empresarios…) estratos todos ellos capitaneadas por hombres para aliviar el peso infinito y desgastante de las mujeres, que no son otras que sus mujeres, sus madres, sus hijas, sus amigas… Ya no valen los titulares de salir a las seis, tampoco los empresarios deshumanizados, lo que vale y cuenta es revertir la no corresponsabilidad.

La sociedad busca, reclama y necesita hombres que concilien y que sean conscientes de que el “así lavaba así, así” nos decolora a todos y dice muy poco de un mundo justo e igualitario. Razón aquí.

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Es periodista, editora en @lideditorial y responsable de Comunicación y RR.PP de @juanmerodio. Además es Máster en Producción Radiofónica (RNE), Biblioteconomía y Documentación (Universidad Complutense) así como Mujer y Liderazgo (Aliter). Fue becaria Erasmus y Leonardo en Roma. Ha desarrollado su carrera durante 25 años a caballo entre el periodismo, la comunicación, la organización y presentación de eventos. Colabora con El Español, 20 minutos y Diario 16. Es madre de dos hijos y cree que el liderazgo y la defensa de los derechos y los valores sociales, en especial los de las mujeres, han de partir de uno mismo.

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