Finalmente se realizaron las elecciones en la República Bolivariana de Venezuela y lo que a priori debía ser la piedra basal para encontrar una salida a la profunda crisis en la que se encuentra inmerso el país caribeño resultó ser un hito más en su profundización, cayendo a niveles impensados de tensión política y que corren el listón un poquito más cuando ya no se creía que pudiera ocurrir.

Según los datos oficiales votaron 9.132.655 venezolanos, más del 44% del total de electores habilitados, y Nicolás Maduro obtuvo el 67% de los sufragios emitidos, cifras que parecieran marcar un triunfo contundente, pero en un país en el que el votar es un derecho y no una obligación, que el apoyo al Presidente sea tan sólo el 30% de los electores hacen presumir que quienes no votaron un candidato también ‘votaron’, en lo que fue el índice de abstención más alto de la historia del país.

Y evidentemente ese voto fue en contra de un sistema político que hace años está bloqueado y que no logra encontrar una salida que ponga fin al constante éxodo ciudadano y las dificultosas condiciones en que viven quienes quedan en su territorio.

La oposición no es más que eso, oposición a lo existente, y no logra articularse como una alternativa efectiva a lo existente. Y en ese contexto, no consigue construir un proyecto que no pase por el chavismo y sus herederos.

Con la difusión de los resultados el presidente Maduro afirmó a través de Twitter que ‘La democracia es el camino y hoy se lo han demostrado al mundo’, como si lo que definiera a un país como democrático o no fuera tan solo la celebración periódica de elecciones. Como señalara el ex Secretario de Cultura de la Nación entre 2004 y 2009 José Nun para la Argentina, aunque es extensible a Venezuela, ‘Hay dos campos en los que se define la democracia. Uno es el del Derecho Constitucional. En ese campo tiene que ser un sistema republicano, representativo, federal, tiene que haber división de poderes. Entonces no hay democracia en la Argentina desde el punto de vista constitucional porque no hay división de poderes, se la está afectando en todo lo que se puede, no hay organismos de control. Para que haya democracia no basta con que haya elecciones periódicamente. Desde un punto de vista sociopolítico, la definición tiene que ver con cosas todavía más complicadas. Para un sociólogo político, legitimidad de origen quiere decir que la gente que votó es gente informada, gente en condiciones de elegir, gente que formó sus preferencias y después las volcó en un voto de una manera razonablemente informada.’

Henri Falcón, principal líder de la oposición en esta contienda electoral afirmó que ‘El proceso [electoral] tiene serios cuestionamientos de nuestra parte (…) y sin duda alguna el proceso carece de legitimidad y nosotros desconocemos este proceso electoral categóricamente’, lo cual no hace más que agregar complejidad a un escenario de por sí complejo.

Frente a esta realidad interna, en el frente externo la reelección de Maduro no hizo más que acentuar un camino que ya habían iniciado algunos países latinoamericanos. En ese sentido se pronunció el Presidente argentino Mauricio Macri al recibir a los Ministros de Relaciones Exteriores del G20 cuando señaló que ‘Tuvimos otro simulacro de elección democrática [porque] claramente eso no es más una democracia’, y agregó que es su deseo ‘que los venezolanos puedan volver en breve a elegir libremente cómo salir de la tremenda crisis económica, sanitaria y social en que han caído’.

Ese es el camino que proponen la mayoría de los países de América Latina, el norte del continente y la Unión Europea, la realización de elecciones libres que garanticen la legitimidad de quien asuma en Miraflores… aunque con eso no basta, porque como hemos dicho, no es sólo cuestiones de elecciones, porque el futuro inmediato de Venezuela más qué maduro, está podrido…

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