La cúpula del partido gobernante en República Dominicana, sus tecnócratas y empresarios preferidos son más culpables si la economía crece como dicen y al mismo tiempo los índices de desarrollo humano son tan malos como se evidencian.

Sí, son más culpables que aquellos, que otras partes del mundo, administran una economía estancada o en descrecimiento con indicadores sociales similares.

Porque si con mucho más recursos hacen menos o igual respecto a la demanda de bienestar de la sociedad, es porque explotan más, roban más, derrochan más y gastan más en cosas innecesarias o no prioritarias.

La euforia falaz

Piensan que se auto-alaban cuando dicen y repiten hasta el hartazgo que son los campeones del mundo en materia de gestión económica.

No voy a entrar aquí en la calidad o no de ese crecimiento, ni en la capacidad que tienen sus voceros, ladrones al fin, para robarse y falsificar cifras y cálculos. Prefiero admitir que la economía dominicana con el PLD en el poder nunca ha dejado de crecer como ellos dicen.

¡6.9% este año y 5, 6, 8, 9 y hasta 10 y 11 por ciento en años anteriores!

¡País líder de Continente y cuidado si del universo!

Estos tipos son fenomenales: saben poner el país a crecer ¡más que los chinos!

Son unos monstruos. ¡Merecen el Nobel!

El desinfle

Pero resulta que cuando las propias entidades del sistema mundial sitúan a nuestro país entre los de peores niveles de desarrollo humano, se devela el carácter trágico de ese crecimiento.

Esas cifras, de organismos donde no intervienen los economistas pro-PLD al servicio de los políticos y empresarios ladrones, colocan los sistemas de salud, seguridad social y pensiones entre los peores del Continente y del mundo.

La inseguridad ciudadana es más que un desastre.

El transporte carísimo, malo y caótico.

Conquistamos el liderazgo mundial de adolecentes embarazadas ha sido confirmado.

El desempleo y la deserción escolar juvenil están por las nubes.

El déficit de viviendas supera el millón.

Estamos entre los primeros en mortalidad materna e infantil.

Avanzando hacia una letal crisis de agua y hacia una catástrofe ambiental.

Alante, alante… en accidentes de tránsito.

Jefes de la corrupción mundial y los mejores en recibir sobornos para sobrevaluar contratos.

La baja calidad de los alimentos y de la alimentación de los que no pasan hambre es inocultable.

Entonces, ciertamente, el globo se desinfla, el artificio se derrumba, los fuegos artificiales se disipan y la propaganda se desencuaderna.

Culpa gigantesca

Entonces, en tanto hubo tan meteórico crecimiento, la culpa de los detentadores del poder se torna gigantesca.

Porque lo que creció se convirtió en deuda para pagar deudas y se quedó arriba.

Enriqueció fabulosamente minorías y creo mayores desigualdades.

Sirvió para robar más y para engordar más a las corporaciones transnacionales, potenciar a los viejos multimillonarios y crear nuevas camadas de la misma especie.

Sirvió para deteriorar la calidad de vida de la sociedad trabajadora, lumpenizar el sistema y caotizar el país.

No hay excusas y habrá más confrontación

El contraste no resiste excusas: el empobrecimiento y los abismos sociales crecieron en medio de la abundancia. Ni la escasez ni la baja tasa de ganancia del capital pueden ser esgrimidas.

Las islas paradisiacas son para disfrute de los menos, mientras crecen los infiernos para los más.

Un atributo, claro está, no exclusivo, más bien un don del capitalismo mafioso y destructivo que se gasta la humanidad; mucho más cruel en la periferia dependiente del sistema mundial, solo contenidos otros impactos desgarradores por la luchas libradas y las rebeldías actuales, por la conquistas que perduran y la indignación cada vez más global de las fuerza del trabajo y la exclusión.

La tendencia obligada es una mayor confrontación hasta que logremos arrancar de raíz este orden de injusticias y mentiras.

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