El afecto del español a la cerveza es incuestionable. Estamos en el podio europeo de consumo y fabricación, siendo líderes mundiales en las elaboradas y consumidas sin alcohol. La competencia por cuotas de mercado entre los principales elaboradores dio un vuelco cuando irrumpieron pequeñas y medianas fábricas que priorizan  cervezas artesanales sobre las industriales. La rubia espumosa española se oscurece o enturbia sin abandonar su baja graduación alcohólica como bebida  nutritiva y saludable hecha sobre cereales fermentados y cocidos.

El fenómeno cervecero va a la par del bajón en el consumo del vino, espumosos y licores. El efectivo marketing de las cerveceras asocia la bebida a la cultura, deporte y eventos cívicos. La cerveza tipo Pilsen es la más popular entre nosotros y conecta con buenos momentos entre amigos o familia acompañando platos y tapas en almuerzos y cenas. La pasión del cerveceo reinventa fórmulas para divertirse dentro de un fábrica real.

Esa es la idea de Heineken ponderando Cruzcampo como marca cuando pensó que Málaga sería su primera planta fabril de la reconocida cerveza sevillana. La multinacional holandesa se ha desprendido recientemente de sus cervecerías temáticas y recalca con Cruzcampo apuesta por una cerveza que traspasa fronteras españolas.

 

Málaga, de su parte, es una capital reinventada gracias a los Alcaldes Celia Villalobos y Paco de la Torre y sus equipos más una dinámica diputación capitaneada por Elías Bendodo que reforzó una provincia y un litoral costasoleño que antes hacía sombra a su metrópolis. Modernos museos, nuevos hoteles y vanguardistas restaurantes reconfiguran un centro histórico antaño degradado por el abandono. Potenciar los carnavales, una Semana Santa sublime, la feria de Agosto y festivales culturales colmataron de turistas y viajeros de todo el mundo a una fenicia Malaka rendida a una Alcabaza y Castillo de Gibralfaro que otean su universal bahía.

El crecimiento de la extensa Málaga no abandonó al Soho, cercano al puerto, donde se respiraba extrarradio aunque lindando con el centro. Entre las calles Vendeja y Trinidad Grund Cruzcampo ya elabora en ‘La Fábrica del Soho’ varios tipos de cerveza ofertando su clásica Pilsen, Gran Reserva, Radler  y ‘Malagueta’, elaborada al gusto local. Hay previstos cuatro tipos más con marcas sobre tipo Pale, IPA, Strong Ale, Trigo y Porter.

El local de la fábrica es amplio. Más de 800 metros dedicados a restaurante (previa reserva), barras y mesas. La fábrica en sí, a la vista del público, se extiende sobre unos 300 metros. Su capacidad de producción es de 950 hl anuales. Comprende zona de molienda y cocimiento, siete tanques de fermentación vertical, uno de fermentación abierta y diez tanques de guarda desde donde se servirá directamente la cerveza a los grifos de la barra. La experimentación de nuevos sabores, texturas, grados alcohólicos están a cargo de dos maestros cerveceros de Cruzcampo, marca desde 1904 inventada por maestros alsacianos.

Desde las tardes de los miércoles a la del domingo ‘La Fábrica’ ofrece actuaciones en vivo que animan a los centenares de personas que caben en el espacioso local que la alberga. La concurrencia degusta cervezas recién salidas del horno, enfriadas en serpentines y servidas sin pasteurizar. Es decir, el mejor sabor posible para una cerveza fresca y sugerente que invita a la sonrisa. Los precios de cerveza y gastronomía de ‘La Fábrica’ son europeos, como la mayoría de los visitantes que la llenan los fines de semana. El público local evita aglomeraciones los días laborables, pues el emplazamiento de Cruzcampo en Málaga está bien comunicada, a escasos metros de la alameda.

La alianza de Heineken en ésta primera fábrica ajena de la sede sevillana en La Cruz del Campo es con el Grupo Premium malagueño que ya explota hoteles y restaurantes en la capital de la costa del sol. ‘La Fábrica’ es una  pica de Flandes en el terreno de las marcas San Miguel y Victoria, dos marcas malagueñas que ahora conviven con más oferta para un paladar popular que añade Cruzcampo a la excelencia gastronomía malagueña.

 

LA CULTURA CERVECERA

La cerveza y su mundo la envuelven leyendas que traspasan estándares. Reinventada por los egipcios tras crearse en lo que hoy es Irán (Godin Tepe y Elam), griegos y fenicios la fabricaron sobre graos de cereal cuyo almidón se fermenta en agua con levadura aromatizándose con lúpulo. A España llegó por doble vía. De un lado, se extendió por los celtas que la ocuparon por el noroeste. De otro lado, Carlos I incorporó a su corte maestros cerveceros bávaros que paliaron su gota en Yuste, donde aún atesoran recetas transcritas por su secretario Martín de Gaztelu.

Fue a finales del siglo XIX cuando compitieron varias capitales contratando expertos germanos y alsacianos para procesar industrialmente la ya por entonces bebida popular que aunque amarga se extendió entre  clases sociales por un precio más asequible que el del vino o los licores.

El concepto de fábrica marida la vanguardia con la esencia de la cultura cervecera. Cruzcampo recreó, décadas atrás cuando estaba en manos de Guiness, con Gambrinus y Cruz Blanca la cervecería que sobrepasaba a la taberna donde reinaba el vino. Recrear una fábrica cervecera y estar cerca del proceso de elaboración oliendo a cereal tostado va más allá de las expectativas del cliente cervecero. En el siglo XXI Cruzcampo apuesta en ‘La Fábrica’ por catas, degustaciones, maridajes y cursos de formación  entre otras actividades relacionadas con esta bebida. La música en directo interactúa con el bebedor que difícilmente olvidará una experiencia única.

Aunque en Heineken son herméticos con sus proyectos españoles, sobre entendemos que ‘La Fábrica’ pilota más iniciativas con alianzas con empresarios locales en otras capitales españolas. Las cervecerías temáticas o pubs irlandeses importados parecen tener días contados  al igual que parte de la plantilla española de Heineken tras anunciarse un ERE a sus casi 2500 empleados.

Los holandeses parecen centrarse en externalizar su fabricación ‘a pié de obra’ con fábricas en uno de los mercados, el español, más dinámicos de los que conocen en el mundo. Y de los que les da más dividendos desde que está al frente el alsaciano Richard Weissen. Es de agradecer que la marca sevillana Cruzcampo abandere una iniciativa nacida en la capital del Betis con la remodelación de su antigua fábrica que no acabará en Málaga.

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