©Lisbeth Salas

Marta Sanz (Madrid, 1967) es doctora en Filología y una de las escritoras españolas más relevantes. Ha escrito poesía, relato y ensayo, pero es en el campo de la novela donde su obra literaria más reconocimientos ha cosechado.

A lo largo de su carrera ha recibido distintos galardones literarios, entre los que destacan el Premio Herralde de Novela por Farándula (2015), el Premio Tigre Juan por Daniela Astor y la caja negra (2013) o el Ojo Crítico de Narrativa (2001) por Los mejores tiempos (2001). También fue finalista del Premio Nadal en 2006 con Susana y los viejos.

Marta, que también ejerce la crítica literaria en variados medios e imparte clases en diferentes universidades, cultiva dos tipos de ficción: por un lado, una ficción de origen claramente autobiográfico donde ella misma se convierte en protagonista (como en su última obra, Clavícula), y, por otro, una serie de obras protagonizadas por personajes de todo tipo, entre los que destaca el detective homosexual Arturo Zarco (Black, black, black).

«YO ESCRIBO DE LO QUE ME DUELE TANTO DESDE UN PUNTO DE VISTA FÍSICO, COMO DESDE UN PUNTO DE VISTA POLÍTICO Y SOCIAL»

 

¿De todas las actividades relacionadas con la cultura y la literatura que llevas a cabo, cuál dirías que es la más gratificante (escribir, impartir charlas y talleres, colaborar con medios culturales…)? 

Todas esas actividades son necesarias para mi supervivencia. Como ser humano que tiene que pagar sus facturas y como escritora que, por una parte, necesita «ser visible» y, por otra, también necesita participar de los espacios de la vida pública, hablar con la gente, comunicarse, salir del cascarón, observar, disfrutar del ruido… A veces esos trabajos resultan gratificantes porque aprendo de ellos; otras veces, no. Pero a mí lo que más me gusta es leer y, por supuesto, escribir.

 

Como escritora, ¿qué temas te interesan especialmente, sobre qué te surge escribir?

Sobre lo que me duele. Yo escribo de lo que me duele tanto desde un punto de vista físico, como desde un punto de vista político y social. Trabajo con la metáfora del cuerpo, con los límites, con la relación conflictiva entre el dentro y el fuera, y entre la realidad y sus representaciones. Escribo sobre los tabúes, las relaciones de poder y sobre aquellas conductas o creencias humanas sobre las que ya no nos hacemos preguntas porque las tenemos absolutamente interiorizadas. Intento hacerme preguntas sobre lo que creo que sé y, en realidad, solo intuyo.

 

Has escrito novela (Farándula), poesía (Cíngulo y estrella) o ensayo (Éramos mujeres jóvenes), ¿en qué género te sientes más cómoda? ¿En cuál de ellos crees que aflora tu verdadera voz literaria?

No sé si creo mucho en el concepto de «verdadera voz literaria». Me parece que cada emoción, cada pregunta o cada tesis han de encontrar su propio lenguaje y han de encauzarse en el género que les corresponde, así que no es que me sienta más o menos cómoda, más o menos auténtica, escribiendo un género u otro, sino que lo que quiero contar o sobre lo que quiero indagar me piden que escriba un poema o una novela o un ensayo… No obstante, a mí lo que más me gusta es la mezcla, la confusión, la interferencia porque creo que es lo que mejor expresa mi inquietud en torno al asunto de los límites y la desestructuración que produce en el cuerpo la experiencia del dolor propio y ajeno. Impugnando las reglas del lenguaje y de los géneros tengo la ingenua sensación de impugnar también una realidad a menudo injusta.

 

Clavícula (Anagrama, 2017), tu última novela, es un libro profundamente íntimo y autobiográfico donde hablas del dolor femenino en todas sus facetas, de la familia, de la vida del «escritor profesional», del dinero. ¿Hasta qué punto es fácil utilizar tu propia vida como base para construir una novela? ¿Crees que este tipo de libros son más honestos que los libros cien por cien de ficción?

No, no creo que sean más honestos. Creo que quienes nos dedicamos a este oficio sabemos que la literatura consiste en expresar una cosa a través de otra. Para ello, podemos utilizar la metáfora de nuestra propia carne, de nuestra experiencia autobiográfica, descarnarnos, o utilizar la máscara de las ficciones. Las dos posibilidades son honestas si no se escribe bonito de lo feo, feo de lo bonito, fácil de lo difícil o difícil de lo fácil. Las dos posibilidades son honestas si se hacen con rigor porque, al fin y al cabo, las ficciones son verdad –terminan formando parte de lo que somos–, la máscara es el rostro y la materia autobiográfica se deforma a través del filtro del lenguaje.

«EL FEMINISMO ES IMPORTANTE PORQUE NO CREO QUE LAS MUJERES ESTEMOS EN IGUALDAD DE CONDICIONES»

 

¿Qué es para ti el feminismo y cómo de importante es en tu vida y en tu obra literaria?

Yo soy una mujer que escribe. Soy una mujer blanca de clase media que escribe. Soy una mujer blanca de clase media con estudios superiores que escribe. Mi lengua materna es el español. Todo eso se trasluce en mis textos autobiográficos, pero también en mis textos de ficción. Al final, detrás de cada libro, hay una persona que tiene unas preocupaciones, una visión del mundo, unas experiencias que, de un modo u otro, cristalizan en sus novelas o en sus poemarios. En este sentido, el feminismo para mí claro que es importante porque no creo que las mujeres estemos en igualdad de condiciones: pienso que nuestras diferencias se convierten en desventajas y que tenemos que salvar grandes obstáculos que a veces nos hacen ser muy exigentes con nosotras mismas. Otras veces esos obstáculos nos enferman o nos matan.

 

¿Existe desigualdad de género en el mundo de la literatura? ¿Crees que hay una falta de mujeres en el canon literario actual?

Me parece que el mundo de la literatura no es sustancialmente distinto al resto de los mundos que están en este que vivimos. Yo he sido educada fundamentalmente a través de un canon literario masculino del que no reniego, pero a la vez intento indagar en otras fuentes femeninas que, en su momento fueron silenciadas o no lo suficientemente reconocidas, para enriquecer mi tradición, mi aprendizaje. Solo a partir de ahí se puede construir una mirada y una voz que, por una parte, hable de asuntos relacionados con mi condición de mujer, asuntos que no han sido relatados en el ámbito de la «gran literatura», y, por otra, sea permeable a esas polifonías del mundo que parece que solo podían reproducir los escritores hombres. Las escritoras también podemos escribir desde el punto de vista de un hombre, de un perro o de una rosa tirada a la basura.

«LAS MUJERES TENEMOS QUE SALVAR GRANDES OBSTÁCULOS QUE A VECES NOS HACEN SER MUY EXIGENTES CON NOSOTRAS MISMAS»

 

¿Crees que el público general y la crítica leen –y juzgan– igual un libro escrito por un hombre que uno escrita por una mujer? ¿Cuál es tu experiencia al respecto?

No, no creo que se juzguen igual. Los lectores –y las lectoras también– tenemos prejuicios desde los que interpretamos los textos: algunos prejuicios son muy, muy personales, y pueden hacernos leer con más simpatía a una mujer; otros prejuicios están afianzados en el imaginario colectivo, forman parte de la ideología dominante. Y la ideología dominante es aún machista. A mí personalmente me han tratado muy bien, pero he tenido algunas experiencias un tanto rocambolescas.

“LA IDEOLOGÍA DOMINANTE ES AÚN MACHISTA”

 

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente? ¿Hacia dónde se dirige Marta Sanz?

Estoy dando clases en la Universidad de los Mayores de la Complutense, y en la Escuela de Escritores de Madrid. Colaboro semanalmente con el diario El País. Acabo de publicar en España Amor fou y un ensayo titulado Monstruas y centauras. Trato de cerrar la trilogía del detective Arturo Zarco.

 

CUESTIONARIO BREVE

Una referente feminista.

Simone de Beauvoir.

Un libro escrito por una mujer que no te canses de recomendar.

Alias Grace.

Un libro sobre feminismo que te haya abierto los ojos.

El segundo sexo.

YO HE SIDO EDUCADA FUNDAMENTALMENTE A TRAVÉS DE UN CANON LITERARIO MASCULINO

Una escritora contemporánea por la que sientas predilección.

Dorothy Parker, Natalia Ginzburg, Carmen Laforet.

Una autora que haya influido decisivamente en tu forma de escribir.

Marguerite Duras.

Una poeta actual imprescindible.

  1. D. Wright, Olvido García Valdés.

El libro que te hubiera gustado escribir.

Anna Karenina, Frankenstein.

LAS ESCRITORAS TAMBIÉN PODEMOS ESCRIBIR DESDE EL PUNTO DE VISTA DE UN HOMBRE

El libro que has escrito del que estés más orgullosa.

Clavícula.

Una mujer que te haya marcado.

Siempre mi madre.

Un verso de un libro tuyo.

«No me importan la esencia o el perfume.
La esencia.
Sino esta carne que me obliga
a escribir feo, feo y feo,
feo de lo feo,
y a saber que con la fealdad
también se puede tejer
voluta metafórica.
Flor de cerezo.»

Perra mentirosa.

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