Si una frase puede resumir lo más destacado del 18 Congreso del Partido Popular esa es: dolor. El dolor de piernas que sufren cronistas, reporteras, técnicos y demás miembros de los medios de comunicación por recorrer una y otra vez los interminables pasillos de la Caja Mágica de Madrid. Porque sobresaltos no ha habido durante la celebración ecuménica del partido conservador. Si acaso sorprende que haya un 5% de compromisarios que no han apoyado la candidatura de Mariano Rajoy. Un reducto de rebeldes (¿serán aznaristas?) o un grupo de cachondos mentales.

Ha sido un congreso de matices, muchos matices, trabajados en la oscura profundidad de los entresijos políticos. Rajoy tiene un lenguaje propio indescifrable muchas veces, socarrón otras, pero que suele deslizar entre los intersticios lingüísticos su forma de pensar. Cuando presentó su mismo equipo de trabajo fue explícito: “lo que funciona no se toca”. Pero cuando habló de su labor al frente del partido dejó claramente, para los marianólogos, que es la última vez, salvo fuerza mayor, que será presidente del PP. Javier Arenas seguirá. Tanto que hasta en la calle Génova de Madrid lucirán su cuerpo momificado cual Lenin patrio.

La victoria de Cospedal

Quien realmente se jugaba las lentejas en este Congreso era María Dolores Cospedal a quien tanto quieren los sorayos. Una enmienda lanzada desde su propia casa (Cuenca) quería impedir la acumulación de cargos ejecutivos y de gestión. Desde las cloacas filtradoras de la vicepresidencia del Gobierno se había cuestionado la capacidad de gestión de Cospedal al frente del partido y del ministerio de Defensa. Pero la jugada les ha salido mal. La filtración del dictamen sobre el YAK-42 fue manejada con destreza por la dirigente popular. Con esta acción y haberse recorrido todas las federaciones de tapadillo, cuando la corrupción más pública era, se ha ganado el respeto de los afiliados conservadores. Esos matices que desde Moncloa, sección vicepresidencia, no se ven ni trabajan, los maneja a la perfección la secretaria general

La ovación que le brindaron los compromisarios duró cerca de tres minutos y con todo el afora puesto en pie. Fue un ¡zasca! al sorayismo. En el PP hay cosas que no se perdonan. Puede haber peleas internas, puñaladas traperas, insultos, etcétera pero todo en las penumbras. Si utilizas tus medios para hacer daño públicamente al partido, aunque sea de forma indirecta, los peperos la guardan. Se la habían guardado a Soraya Sáenz de Santamaría y en la presentación de la candidatura se la devolvieron. Algunos aún se quejaban que Arenas había hecho pucherazo en la votación de la enmienda durante la mañana del sábado. Pero era una enmienda que no interesaba ni a los propios compromisarios como demuestran las cifras de votación apenas llegaban a los 600 votos.

Matices, más matices y la renuncia de Cifuentes

Ricardo “Sr. Burns” Montoro se hacía fotos por los pasillos mientras aguantaba bromas sobre los impuestos. Margallo perdía la mirada en el techo como evadiéndose en un recuerdo poético. Cristina Cifuentes era acosada por fans que querían tocarla, hablar y tener contacto cercano con ella. Ella es una de las ganadoras del Congreso pues ha situado a sus más fieles en la megaestructura orgánica que supone el PP. Así nadie se enfada. Todos tienen un carguito por simbólico que sea. ¿Todos? Los sorayos no tantos. Al menos no los tienen con repercusión y mando en plaza. Otra vez será.

La sorpresa vendrá el martes que viene con toda probabilidad. Cristina Cifuentes ha convocado a la Gestora de Madrid. En ella podría renunciar a la presidencia de la misma para presentarse en condiciones de igualdad a las primarias y el congreso madrileño. Lo ha dicho por activa y por pasiva. Si accedía a dar el paso de presentarse renunciaría a la presidencia. Y seguramente eso sea lo que comunique el martes al resto del equipo madrileño.

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