Esta semana se cumplen 37 años del fallecimiento de María Moliner, una mujer a la que admiro y cuyo ejemplo me anima a seguir con mi particular “enciclopedia de la Necrópolis”

Esta Mujer, con mayúsculas, acometió un trabajo similar al de Sebastián de Covarrubias, autor del primer diccionario en 1611. Una acción no reconocida. ¿Por una mujer?. Ella misma decía, con razón y con modestia:

“Si yo me pongo a pensar qué es mi diccionario, me acomete algo de presunción: es un diccionario único en el mundo”

Único como ella. María Juana Moliner Ruiz, nació en Paniza (Zaragoza) un 30 de marzo de 1900. Era hija de un médico rural y la mediana de tres hermanos. Cuando contaba dos años, la familia se traslado a Madrid

Su juventud fue difícil. A los 14 años, su padre les abandonó y María tuvo que ayudar económicamente a la familia dando clases particulares. Con tan solo 17 años colaboró en la realización del Diccionario aragonés. Con 21 años se licenció con las máximas calificaciones y Premio Extraordinario. En 1922 ganó las oposiciones para el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Primero fue destinada al Archivo General Simancas, años más tarde al Archivo de la Delegación de Hacienda de Murcia y posteriormente al de Valencia.

En su etapa de Murcia conoció a Fernando Ramón Ferrando, con el que se casó y con el que tuvo cuatro hijos. Ellos le proporcionaron la alegría de 13 nietos. En Murcia fue la primera mujer que impartió clase en la Universidad de Murcia (1924).

De 1929 a 1939 colaboró con la Institución Libre de Enseñanza en varios proyectos, entre ellos las Misiones Pedagógicas y la Escuela Cossio. Como a otras mujeres de su época, la Republica les doy la oportunidad de “ser ellas” ¡y mujer!

Escribió varios textos sobre la organización de bibliotecas y la difusión cultural. Dirigió la Biblioteca de la Universidad de Valencia (60.000 volúmenes), vocal encargada de la Sub-sección de Bibliotecas Escolares, de la Sección de Bibliotecas del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico (1937).

Tras la Guerra Civil y la derrota de la República, María fue trasladada al Archivo de Hacienda de Valencia (Bajándola 18 escalafones en el Cuerpo) y a su marido le retiraron la cátedra (1939).

Durante la posguerra, su hijo Fernando le trajo de París el “Learmer´s Dictionary of Current English, un diccionario en inglés que le animó a elaborar ella misma su propio diccionario de Español.

Un trabajo que comenzó oficialmente en 1955 al firmar un contrato con la editorial Gredos, gracias al apoyo del académico Dámaso Alonso. Ella pensó en un pequeño diccionario que calculó tardaría dos años en realizar, pero la primera publicación no aparecería hasta 1967. Más de quince años de trabajo desde su casa, los últimos fueron los más duros, ya que María seguía compaginando su trabajo como Directora de la Biblioteca de la Escuela de Ingenieros Industriales y sus trabajos familiares con el gran esfuerzo intelectual de reelaboración definitiva y ordenación coherente de todo el material atesorado. ¡Mujer!.

“Su diccionario” despertó gran admiración ¡un gran trabajo intelectual desarrollado por una madre de familia! –“por una señora recoleta”, como decía ella.

Un diccionario de dos tomos que pesaba tres kilos y cerca de 3.000 páginas: Numerosas acepciones no incluidas en el DRAE; repleto de ejemplos en contextos sintácticos diferentes; de sinónimos; de expresiones y frases hechas; divertido; agradable y amoroso; las primeras palabras latinoamericanas en un diccionario; incluso anticipó la ordenación de la Ll en la L y de la Ch en la C y las muchas deficiencias detectadas. Un diccionario de todos y para que todos puedan entenderlo.

En dos ediciones se vendieron 10.000 ejemplares que causaron furor entre los amantes del idioma y los propios escritores, ya que, como apuntaba en su propio prólogo: “no solo ayuda a entender, sino que ayuda a decir”.

María fue propuesta en 1972 por Dámaso Alonso, Rafael Lapesa y Pedro Laín Entralgo, para ingresar en la Real Academia Española ¡la primera mujer!, pero la candidatura fue rechazada, ¡claro! ¿Una mujer?

Dedicó sus últimos años al cuidado de su marido enfermo y ciego. Años que aprovecho para pulir y ampliar su Diccionario. Su marido falleció en 1974 y ella, ya enferma de arterioesclerosis cerebral, murió el 22 de enero de 1981, sin palabras, su enfermedad no le permitía hablar.

Ella que dio vida a las palabras, parece que perdió en el esfuerzo el sonido en las propias. Gracias María por escribirlas para nuestro disfrute. ¡Una gran mujer!

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