El caso Marco Antonio confirma que Miguel Ángel Mancera es enemigo de los jóvenes a los que aprecia como potenciales delincuentes, por fortuna el caso trascendió a la opinión pública, pero la pregunta obligada es ¿cuantos jóvenes y mujeres son levantados en la Ciudad y son encontrados sin vida en el Estado de México?

Marco un joven preparatoriano de 17 años víctima del gobierno de la Ciudad de México, alcanzó notoriedad cuando policías fueron captados dándole una golpiza que terminó en una desaparición forzada y al viralizarse encendió a la opinión pública al grado de afirmar que se trataba del último clavo en el ataúd del gobierno.

La presión social obligó a la presentación con vida de Marco Antonio Sánchez, sólo que se acompañó de una estrategia de comunicación en la que se intentó minimizar el hecho bajo la idea de que el joven no andaba muerto sino andaba de parranda, práctica común que nos trae a la memoria casos como el multihomicidio de la Narvarte o el supuesto suicidio de Lesby Osorio.

El mismo patrón hay en estos casos en los que para negar el esclarecimiento de los hechos se recurre a la revictimización a través del escarnio bajo ideas moralinas que relacionan a la víctima con adicciones o promiscuidad.

Miguel Ángel Mancera será el Jefe de Gobierno que nunca pudo dejar el cargo de Procurador de la Ciudad, he hizo de la procuración de justicia un simple instrumento de comunicación y desde ahí gobernó a base de negar la existencia del crimen organizado, los feminicidios, el derecho a la manifestación y al ejercicio libre de la crítica.

La lógica corrupta de Mancera llevó a prisión a jóvenes y en general a los que menos tienen, en tanto, los verdaderos criminales gozan de cabal salud en esta ciudad, ¿cuantos delincuentes actúan sin ser molestados siquiera por un citatorio? .

Para muestra su encubrimiento al diputado Mauricio Toledo que al amparo de su protección encabeza una organización criminal dedicada al lavado de dinero y que a plena luz del día es capaz de matar sin ser objeto de la más mínima investigación pese a lo evidente de su responsabilidad.

Está Ciudad regresó a los tiempos del Departamento del Distrito Federal en los que el estudiante era una amenaza para las corporaciones policiacas, la criminalización de los jóvenes es propia de un gobierno encabezado por un policía corrupto y represor, porque si Marco Antonio aparece con vida es gracias al reclamo social.

No hay nada que agradecer ni a sus policías ni a su procuraduría, por el contrario, Marco Antonio nunca debió ser torturado por parte de los policías y mucho menos debió presentarse ante autoridades ajenas a la jurisdicción de la Ciudad, es de presumirse que este modus operandi sea una práctica cotidiana, lo que obliga a reflexionar acerca de los feminicidios y sus estadísticas porque además de maquilladas muy probablemente son endosadas al Estado de México.

Este caso deja entrever una práctica inadmisible, la posible siembra de personas en el Estado de México, debe la Comisión de Derechos Humanos investigar cuantos de los occisos encontrados en territorio mexiquense pudieron ser levantados dentro de la Ciudad.

El Jefe de Gobierno asume como personales temas que evidencian su mentira, porque en la Ciudad sí hay delincuencia organizada, porque los feminicidios están a la orden del día y porque ha llevado a estudiantes y críticos a prisión por el sólo hecho de disentir.

Marco Antonio Sánchez y su familia merecen al menos una disculpa del Jefe de Gobierno, el daño que le hicieron es irreparable no sólo por la trascendencia de las lesiones sino por intentar incriminarlo con tal de exculpar a su gobierno.

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