Desde el comienzo de la llamada guerra contra el narcotráfico declarada por el expresidente Felipe Calderón en 2006, en los distintos Estados en los que se militarizó la seguridad se optó por la disolución de las policías municipales para acogerse a la figura conocida como mando único, esto por encontrarse ante cuerpos de seguridad infiltrados o de plano al servicio de la delincuencia organizada.

La incursión militar en la Ciudad de México para combatir el narcotráfico, además de apocalíptica, encierra una evidente colusión entre autoridades, dicha complicidad se pretende endosar a la autoridad delegacional -administración sin hacienda propia-, bajo una intención facciosa y con evidente perversidad.

A diferencia del resto de los Estados de la república, la Ciudad se distingue por contar con mando único ordenado desde la Constitución, haciéndola una Entidad con una estructura jurídica excepcional, cualidad que preserva con todo y la reciente reforma política, reproduciendo este modelo en su nueva Constitución.

Sí culpar a presidentes municipales de la presencia criminal en sus territorios era una acusación desproporcionada, a sabiendas de que el mejor trato que reciben del crimen es de sometimiento a la disyuntiva entre plata o plomo, la acusación en contra del delegado de Tláhuac es por demás absurda, inspirada en el odio a su militancia como miembro del Movimiento de Regeneración Nacional.

Es de recordarse que esta práctica no es nueva, ya en Michoacán cuando el PRD todavía era una fuerza de oposición, se consignó a varios presidentes municipales que tenían en común su militancia, finalmente tuvieron que reponerlos en sus cargos ante la fragilidad de las acusaciones por parte de la PGR.

Es insostenible la acusación que pretende enderezarse en contra de Rigoberto Salgado, su significado político es la radicalización de la campaña negra contra Andrés Manuel López Obrador, hay una definición coordinada entre la federación y el gobierno de la Ciudad para usar políticamente la inseguridad.

Esta estrategia es una prueba de que el Frente Amplio se dirige desde los pinos y uno de sus brazos es el gobierno de la Ciudad de México, que el papel que jugó Juan Zepeda en la elección del Estado de México es el que desea jugar Miguel Ángel Mancera a nivel nacional.

La descalificación de Mancera contra López Obrador tendría la inevitable comparación entre gobiernos, siendo el peor calificado contra el mejor calificado respectivamente, ¿Con qué cara Miguel Ángel Mancera podría criticar a López Obrador? Siendo que este hizo un papel notoria y sustancialmente superior, la desaprobación de Miguel Ángel Mancera es inversamente proporcional a la aprobación de la que goza Obrador en el imaginario capitalino.

La diferencia es del cielo a la tierra entre el Jefe de Gobierno crítico de la política del presidente de la República y entre el Jefe de Gobierno a su servicio. Ese papel que convirtió en regente en la vía de los hechos al gobernante de la Ciudad es lo que hoy tiene a Miguel Ángel condenado a terminar en el mejor de los casos como el bodeguero de las despensas del PRD.

Politizar la seguridad es un error imperdonable, jugar con la vida de los habitantes de la Ciudad es una estrategia irresponsable, confabularse con Enrique Peña para intensificar la campaña negra contra el Movimiento de Regeneración Nacional es inconfesable pero evidente, tan evidente como la presencia tolerada del crimen organizado en la Ciudad de México.

¿O imagina que los capitalinos le creeremos que sólo pasa en Tláhuac? Ahora resulta que en Iztapalapa no pasan esas cosas o aquí en Coyoacán que hasta embolsados hemos tenido, es bien sabido que en colonias cómo Santo Domingo, Carmen Serdán o el Pueblo de San Francisco Culhuacán la delincuencia está solapada por sus autoridades.

Lo digo de primera mano como un condenado a prisión por este gobierno corrupto de Miguel Ángel Mancera, bajo la ridícula acusación de robarle con violencia dos computadoras al diputado Mauricio Toledo así usan la justicia. La estrategia de criminalizar a militantes del Movimiento de Regeneración Nacional fracasará cómo fracasó su gobierno y fracasará su aspiración porque si de algo estamos cansados los capitalinos es de esa corrupción.

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Académico; maestro en derecho por la UNAM; defensor de derechos humanos. Actualmente, activista del Movimiento de Regeneración Nacional. Hombre de izquierda con una militancia en el PRD, por el que fue diputado a la VI legislatura, electo por el distrito XXX de Coyoacán. Padre de dos hijos: Sahara de 6 años y Fidel de 2 años, casado con Sara Zuñiga.

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