La película cuenta la historia de Rosa, la joven malagueña que vive con sus padres en condiciones humildes, la pequeña casita donde viven tiene un jardín que cuida Rosa. Entre sus plantas está la malva, Rosa se llamará Malva-loca, malva por lo buena y loca por su talante alegre y alocado. La familia atraviesa apuros económicos, porque el padre está sin trabajo y el sueldo de Rosa en la fábrica, no cubre las necesidades. La casa es un infierno debido a la miseria, las tiendas y las tabernas no le fiaban. La muchacha soporta constantes peleas, borracheras del padre y protestas de la madre. A esto hay que añadir las visitas del tío Jeromo que incita a la joven a sacar partido de su belleza. A Rosa le ronda un señorito adinerado y la joven se entrega a sus amoríos asediada por circunstancias, el amante paga los favores amorosos y Rosa saca a sus padres de la miseria. De estos amores nace una niña que muere más tarde.

Los acontecimientos cambian la vida de la joven que se instala en Sevilla y llevará una vida licensiosa con amantes más o menos estables, uno de los amantes es Salvador, hombre atento y generoso con la joven. Los años de amoríos ha creado entre ellos una corriente de cariño, pero Salvador teme encadenarse para siempre y abandona a Malvaloca sin darle explicaciones. Esto ocurre cuando estaban en el reservao de una venta, el amante deja una cantidad de dinero en pago a los favores recibidos.

En este estado de cosas aparece Leonardo, un técnico empresario asturiano, que visita Andalucía para emprender un negocio. En el tren de llegada conoce a Salvador y compran una fundición cerrada en un lugar llamado las Canteras que ellos abren nuevamente. Salvador tiene un accidente durante el trabajo y se quema las piernas. Es asistido por las hermanas del asilo de ancianos. Jeromo avisa a su sobrina Malvaloca de lo ocurrido y la joven visita a su antiguo amante, en el asilo Rosa conoce a Leonardo durante su visita, del encuentro surge el amor entre Malvaloca y Leonardo.

Los socios se interesan por las carencias de la institución religiosa y en agradecimiento deciden fundir de nuevo la vieja campana de la torre del asilo, llamada la Golondrina. En el asilo-convento viven recluidos Martín, el antiguo campanero ciego y Mariquita, una anciana que perdió su hijo en la guerra civil. Martín no tiene más ilusión que oir de nuevo el sonido de la Golondrina, así llamada “por su fácil volteo y dulzura con que repica”. Mariquita quiere fundir con la campana los recuerdos de su hijo muerto en combate y pide a Malvaloca que le ayude a realizar su última ilusión.

Leonardo y Malvaloca se hacen amantes, el fundidor mantiene a la joven como una querida y le pone casa y un ama de compañía. El socio Salvador vuelve recuperado de casa de sus padres y se entera de todo lo ocurrido. Los dos amigos aclaran la situación creada por los acontecimientos de leonardo y Malvaloca. Los socios despiden al tío Jeromo que trabajaba en la fundición, pero que estaba creando problemas con el trabajo y los trabajadores. En esos momentos Salvador se retira de la empresa y del pueblo para no dar motivos de discusión y Leonardo le agradece su compañerismo y su nobleza. Juanela la hermana de Leonardo visita el pueblo y enterada de todo reprocha a su hermano su forma de vivir y sus amores con Malvaloca, que dice son poco cristianos y ejemplares.

Llegada la Semana Santa, Leonardo y su hermana atienden a unos amigos del pueblo. Malvaloca decide visitar a Leonardo y aclarar la situación con su hermana Juanela. La llegada de la joven hace que los amigos se retiren poniendo un pretecto, pero Malvaloca lo entiende todo y en un gesto de sacrificio sale a la calle a la procesión. Juanela comprende la bondad de la joven y pide a su hermano que la perdone, Leonardo busca a Malvaloca entre la gente que llena las calles. Los amantes se reconcilian ante el Cristo que preside la procesión y juntos vuelven a escuchar los sonidos de la Golondrina. La campana fundida en el taller de Leonardo resuena por los campos y los pueblos de la comarca, su repicar son las palabras de perdón de Leonardo y del pueblo, Rosa escucha con los ojos llenos de lágrimas la copla de su vida.

 

Merecía esta serrana que la fundieran de nuevo como funden las campanas.

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Maestro de Primera Enseñanza. Licenciado en Filosofía y Letras (Historia del Arte) Doctor en Comunicación Audiovisual. Tesis: La Imagen de Andalucía en el Cine Español (1940-1960) Diplomado por la Universidad de Valladolid. Historia y Estética Cinematográfica. Colaborador varios años del Periódico Comarcal, "El Condado".

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