Una de las formas más sutiles de violencia humana es negar, hurtar, engañar u ocultar dinero a quien lo gana, lo merece o tiene derecho al mismo. La sociedad en que vivimos halla en monedas y billetes el medio más eficaz para recompensar el trabajo, pagar deudas, comprar lo preciso o ahorrar. Guste o no, es algo que los pobladores de la tierra constatan al nacer y le perseguirá en vida hasta el último adiós de las personas.

Si nos centramos en la vieja Europa, el mercantilismo y consumismo que anestesia valores, éticas y coherencias hace que el dinero sea ese becerro pagano al que adoran los millonarios. Alcanza, además, a cualquier clase social para sobrellevar la vida. Los billetes, en mano, en el banco o tarjeta crediticia sirven para atender el cotidiano y financia proyectos personales.

Los países de mayoría protestante ven en el dinero desafíos que retan. Los anglosajones piensan más en él que en los países sureños, de mayoría católica. Quienes hablan inglés en Europa importaron el ‘no money, no honey’ desde Estados Unidos, paraíso del capitalismo más crudo. Donde emprender significa también fracasar; el triunfo sólo es reintentarlo.

En la España del siglo XXI el ‘maldito parné’ marida lo mejor y peor de la condición humana. Nuestros ricos jamás fueron patriotas con sus millones. Siempre los tuvieron a recaudo para evitar sorpresas bursátiles, conflictos sociales, huelgas, guerras. La banca aquí hace lo que no le permiten allende Pirineos: cláusulas-suelo, imposiciones contractuales, comisiones, etc…

Tener ovarios en algunas empresas y organismos no añade valor. Ahorra costes

La progresiva devaluación de la clase media avanza con la desigualdad que trajo la crisis desde finales de la pasada década. Ello hizo que el maltrato económico se asentara en una sociedad con lastres de guerra fratricida, personalismos, corrupción de partidos políticos, codicia empresarial y sufrimiento de los menos favorecidos, los que malviven. Tal escenario fabricó más ricos, ahora más discretos que antes de estallar la ‘burbuja’ inmobiliaria, financiera y empresarial. La misma que pagamos, a precio de platino, quienes no vivíamos en tal ritmo de vida, deudas y gasto.

Se pueden distinguir en el maltrato económico tres variables relevantes: el laboral, el derivado de conflictos familiares y el que ejerce el gobierno en nombre del ‘bien común’. El primero de los maltratos es harto visible. Bajo la excusa de superar la crisis (‘brotes verdes’ según el ex presidente Zapatero) se rebajaron sueldos, ampliaron horarios laborales y se multiplicó la precariedad usando hasta eufemismos en los contratos.

A casi dos lustros de sufrir austeridades, las empresas ganan más miles de millones que antes de la crisis. El estado ingresa casi 9% más que durante la primera década del siglo XXI. Sin embargo, la contratación laboral temporal superó el 80% en 2017. El número de autónomos sube también. En parte porque demasiadas ‘plantillas’ se nutren de estos. También, se externalizan servicios, pedidos y compras o se recurre a socorridos anglicismos (outsourcing, consulting, partners, etc) que tapan lo obvio: evadir obligaciones laborales a ‘empresarios’ que sólo hacen caja.

Las víctimas más señaladas del maltrato laboral son jóvenes graduados que dominan idiomas y tienen máster, desempleados con más de 45 años y las mujeres en general. Los primeros cobran literalmente dos y tres veces menos que sus colegas europeos tras jornadas inacabables, prácticas infinitas o becas-limosna. Los desempleados, llamémosle ‘senior’, sufren la pauta de ‘esto es lo que hay’ para infra-vivir bajo oferta de contratos sub-mileuristas al mes que apenas dan para subsistir, que no es poco.

Con relación a las mujeres, para las más jóvenes y talentosas hay reclutadores que rebajan sus pretensiones laborales en entrevistas pre-empleo. El maltrato silente, además, las despide cuando se embarazan, reiteran bajas médicas o sencillamente les pagan menos que a sus compañeros. Tener ovarios en algunas empresas y organismos no añade valor. Ahorra costes.

Los conflictos familiares son un pozo sin fondo para el maltrato que analizamos. Las pymes familiares, las que sustentan casi el 72% de nuestra economía, el PIB y el consumo patrio suelen albergar bandos donde hermanos, primos, cuñados/as padres e hijos/as se subordinan a sus iguales cobrando menos en nóminas o beneficios por igual trabajo o títulos accionariales. Qué decir cuando en herencias se fragmenta la empresa entre quienes trabajan y los que no en la misma. Las peleas se saldan, casi siempre, a favor de quienes cobran más gracias a opacidades, engaños e ‘ingenierías financieras’ con ruinas ficticias, créditos y deudas ‘virtuales’.

Los testamentos continúan el maltrato entre legitimados, herederos universales, residuales, caprichos del testador/a o por los nuevos modelos de familia que trajo el siglo XXI. Quienes fallecen y tienen hijos de distintas parejas difícilmente equilibran la ‘masa patrimonial’ en la testamentaría, o bien donan premortem a sus elegidos/as en detrimento de otros familiares, digamos “más alejados”. Las herencias conflictivas multiplican minutas en bufetes, hacen caja al fisco y a peritos, fiscalistas…

El omnipresente conflicto bascula sobre los más cercanos al difunto. No quieren repartir igualitariamente su botín. Lo consideran suyo todo. Este maltrato se caracteriza por trucos de los maltratadores dinerarios: la hija-enfermera, el/la amante de ‘última hora’, la venta ‘urgente’, prodigalidad, deudas inventadas o créditos ‘en mano’ no devueltos. Si hablamos de fajos, colecciones, joyas, cuadros… asistimos al pertinaz milagro de la ‘desaparición’. Pero hay más: autógrafos del finado, cheques cobrados pre y post-mortem. Todo redondea un panorama que espanta al más insensible.

Antaño heredar era un orgullo, un derecho, un honor; ahora, heredar se asocia a pagar tributos, dilatar cobros, peleas y conflictos judiciales de compleja solución. Obviamente no podemos elegir hermanos, hijos, padres, cuñados. Y ello se evidencia ante las decepciones, delitos y caraduras que se conciben en procesos de herencia. Para desviar lo sustantivo en los mismos se acude a la moralina más rancia, afloran traumas, privilegios y agravios infanto-juveniles o se fabrican orgullos vacuos. ¡Qué país!

Sin embargo, sí podemos elegir la pareja. Cuando ésta se rompe, el maltrato que se disecciona aquí es demoledor. Y repiten las mujeres, más las madres, como víctimas de tal abuso. Partiendo de que nadie admite que la ruptura de la pareja, o el divorcio, es un fracaso personal que alcanza a dos, son las madres a quienes se adjudica la custodia total casi al 80% de hijo/s tras la relación en juzgados. La custodia compartida la piden demasiados padres para no pagar pensión alimenticia. Es una variable menor del maltrato que rinde a la madre cuando pueden alejarla de su prole.

Lo peor de todo es que cuando se rompe la pareja cesan pagos hipotecarios y el banco ejecuta. Dejan de pagarse, también, otros suministros del hogar. A veces aparecen deudas que una de las partes desconoce. Ahí es cuando muchos hombres, y malos padres, se hacen ‘insolventes’. De repente, son contratados ‘a media jornada’ sobre la completa real, dicen sufrir quiebra en negocios propios o familiares, o bien nadan en la ‘economía sumergida’.

Esta realidad hace que surjan fraudes que incrementan la depresión, y decepción, que conlleva la ruptura de la pareja a las mujeres, más vulnerables en tan dolorosos procesos. Los juzgados raramente abordan este maltrato económico en su fondo. Las afectadas no tienen medios para sufragar psicólogos, peritos, detectives, abogados, etc… o bien se ven superadas por hechos que les desbordan en su peor bajón vital. Las víctimas inocentes, es decir los hijos, no pueden ni replicar un abuso que hereda lo peor del machismo patriarcal.

El tercer y último maltrato económico que comentamos es el que ejerce el gobierno en nombre del Estado. Crisis, austeridad y arrimar el hombro lo repiten nuestros políticos durante la última década, pero no se lo aplican. Las arcas de la ‘cosa pública’ la amenazan más pensionistas que cotizantes. Esa obviedad la ven los expertos, la comprenden autoridades y la metaboliza -sí o sí- el erario de todos.

Las componendas pro supervivencia del PP en Moncloa pasaron por aprobar presupuestos de 2018 meses después de lo acostumbrado. La subida de jubilaciones fue a cambio del apoyo del PNV cuando ETA anunció su fin. La Administración estatal, autonómica, provincial y local más empresas públicas llevan años, justo después de la ’crisis’, convocando empleo público estable que obtienen interinos o ‘contratados a priori’. Con ello se maltrata calladamente a los opositores ‘libres’ que durante años preparan pruebas que sólo aprueban academias y docentes vía dividendos.

El contribuyente se siente maltratado ante el desmantelamiento del estado del bienestar. Ve como paga más por menos servicios públicos, ya deteriorados por plantillas ínfimas y desmotivadas. Constata, ese contribuyente, más baches en carreteras, menos obra pública, más esperas y menos profesionales y/o presupuesto en la sanidad de todos y cómo aminoran los profesores con nómina oficial. El escenario de ‘permanente proceso electoral’ que alcanza a nuestras autoridades hace más entregados al mitin, congreso del Partido, promesas y poses pre-electorales que al papel de servidor público que se debe a sus vecinos, votantes y gobernados con neutralidad.

Entraña más maltrato al votante que acaba siendo dinero que, ante un problema o conflicto institucional, se tiren los trastos nuestros políticos en juzgados, en el foro o en la prensa, le echen la culpa al antecesor o la ‘herencia recibida’. O más, prometan resolver el asunto a sabiendas de que no hay presupuesto, no existen competencias o bien se ‘transportan’ fondos para nutrir nichos electorales donde el potencial votante manda más que el ciudadano que sufre el problema.

Si es importante laminar el maltrato físico-psíquico que sufren mayoritariamente las mujeres por la violencia doméstica (de género, según tendencias vigentes), no debe ser tarea del mañana combatir el maltrato económico que en este trabajo intentamos diseccionar. La sociedad vivirá más feliz si ciertos dineros están más cerca de sus legitimados que de los tramposos que lo usan para abusar de sus congéneres. El gobierno que ha sucedido al del PP de Rajoy debe tomar buena nota del que consideramos es el peor de los maltratos para laminarlo hasta sus escalones más bajos.

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1 Comentario

  1. Gran artículo. Maltrato económico que en algunas ocasiones, por parte de los gobiernos y partidos políticos compinchados con las empresas que les sirven de puertas giratorias, hacen auténticas barbaridades sin pudor ni vergüenza alguna, por ejemplo la gigantesca estafa perpetrada por satander y gobierno de turno a las más de 300.000 familias expropiadas de banco popular.

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