Juana Rivas ha sido condenada a 5 años de cárcel, 6 años de retirada de patria potestad de sus hijos y a indemnizar a su maltratador con 30.000€ más las costas del juicio. ¿Por qué? Por querer huir de un infierno de maltrato que duraba 11 años, por querer criar a sus hijos sin gritos, sin miedos, sin miradas de desprecio…Por hacer todo lo que las campañas del gobierno te dicen que hagas, que denuncies, que huyas, que acudas a pedir ayuda.

Pero la realidad de una mujer maltratada es muy diferente: denuncias que no llegan, desatar la crueldad de un maltratador que te ha repetido una y mil veces que si huyes, te arruinará la vida, te quitará a tus hijos y nunca volverá a dejarte ser feliz.

Lo peor es que en este país la justicia patriarcal, esa que se niega a formarse en violencia de género y a conocer la realidad de las víctimas, pese a que 1 de cada 3 mujeres españolas la sufren y que se pongan más de 160.000 denuncias al año, se convierte en la mejor cómplice para el maltratador.

A muchos jueces, Manuel Piñar incluido, os da igual que el Poder Judicial haya alertado de que las nuevas estrategias del maltratador para seguir anulando y maltratando a sus parejas sean la contradenuncia o la petición de custodias compartidas, para entre otras cosas, librarse de pagar la manutención. Por eso una de las principales estrategias del maltratador es dejarte embarazada, porque así, aguantarás mucho más, esperando que aunque sea una mala pareja, por arte de magia se convierta en un buen padre.

He ayudado a más de 100 mujeres a conseguir salir del infierno, la mayoría con hijos, y ni uno solo de esos maltratadores se ha levantado a cambiar un pañal por la noche, ha jugado con sus hijos o les recoge del colegio. Porque no señores un maltratador no es un buen padre, los maltratadores no tienen a sus hijos por amor, los tienen por control. Es su as en la manga, su arma arrojadiza por si alguna vez consigues la fuerza titánica de huir del pozo en el que te ha metido, si te atreves a desafiarlo y escapar, siempre sabrá donde estás, tendrás que lidiar con el dolor de dejárselo y no hablar con ellos durante días, tendrás que vivir con la angustia y rezar para que tus hijos no sean el próximo caso Bretón, porque tú y solo tú, sabes de lo que ese monstruo es capaz.

Y la justicia lejos de ayudarte, de cómo mínimo que ese maltratador condenado acuda a un curso de parentalidad positiva o a que profesionales evalúen su capacidad como padre, lejos de eso te arroja a los leones, te obliga a entregárselos, cuestionándote en muchos casos si no hubiera sido mejor quedarte en ese infierno y al menos ser su trinchera, protegerles llevándote tú los gritos y los golpes.

Pero Juana Rivas sabia la respuesta: No, no es mejor resignarte a esa vida, porque nos niños merecen estar en un entorno seguro, en el que reír y jugar sin miedo a los gritos, porque sus hijos se merecen una madre feliz, sin miedo.

Estas fechas son las más duras para mí, trabajando con víctimas de violencia de género, porque observo desesperada como esas madres valientes y luchadoras tienen que entregar a sus hijos a los maltratadores que arruinaron su vida, porque no viven pensando si comen, duermes o lloran… Y la justicia haciendo caso omiso al Convenio de Estambul, simplemente te da una herramienta. Ceder, callar y aguantar, lo mismo que te pide tu maltratador.

Me hierve la sangre la jauría que clama que Juana tiene que cumplir esta condenada, impuesta por un juez machista sin formación específica, la misma que hace pocas semanas se alegraba de la libertad de La Manada, esa que ahora argumenta diciendo que estaba mal asesorada, que no se puede no entregar a tus hijos, porque lo dicta un juez.

Señores Juana agotó todas las vías legales posibles, y estás no le dieron ninguna respuesta, la justicia para las mujeres, no siempre es justa, y ¿qué opción nos deja? La de luchar, la de gritar, la de exigir que se te oiga, aunque tantos años no tuvieras voz.

Esto me recuerda mucho a cómo años atrás si una mujer maltratada huida de su maltratador, éste le denunciaba por abandono del hogar, ella era la condenada y resignada y la que tenía que volver su infierno particular. Hoy nos dejan irnos, pero dejando atrás a nuestros hijos.

No estuvo mal asesorada, la justicia no le dejó otra opción, y ahora la condena por ello. La justicia patriarcal nos está demostrando que maltratar a una mujer en este país sale gratis.

Juana por 11 años de maltrato, su maltratador tiene 3 meses de condena, pero podría dar cientos de ejemplos igual, porque no es solo Juana, somos todas las mujeres que sufrimos maltrato, una de las últimas condenas de una mujer a la que ayudé son 20 horas de servicio comunitario, por 25 años de maltrato, eso es lo que vale destrozar la vida de una mujer.

Pero la justicia patriarcal nos está diciendo que si se nos ocurre huir, gritar, pedir ayuda, defendernos, unirnos y empoderarnos lo pagaremos muy caro, perderemos a nuestros hijos incluso iremos a la cárcel por ello.

Pues lo siento pero no, yo no respeto a esta justicia, para nosotras no es justa y por ello lanzamos la campaña de Change.org para pedir su indulto, la cual en 3 días ha conseguido cerca de 250.000 firmas, lo que me demuestra que en esta sociedad no son los machistas que alzan la voz y nos amenazan para que dejemos de luchar, que esta sociedad tiene sentido común y quiere por fin que el siglo XXI también llegue para nosotras.

Gracias Juana por no resignarte, por no dejar de luchar por tus hijos y por los de todas las mujeres maltratadas, por hacer tambalear una justicia que nos quiere aún sumisas, para mi eres una heroína.

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