Congreso de los Diputados Foto Agustín Millán

¿Dónde está la vida que hemos perdido al vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento?
¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en la información?

S. ELIOT

La revolución de 1789, al permitir el triunfo del espíritu centralista de los jacobinos sobre las tendencias federalistas de los gerondinos, culmina la empresa política de la administración parisiense, las provincias como entidades territoriales, se apoyaban cada una sobre una vieja realidad, homogénea desde el punto de vista cultural: lengua, tradiciones políticas, etc. Se las sustituye por la distribución abstracta en departamentos apta para quebrar toda referencia a particularismos locales y por lo tanto para facilitar por doquier la penetración de la autoridad del Estado.

La revolución pacífica catalana es un intento desesperado de evitar este despropósito y de hacer que España funcione. Quizás si se enseñará en las escuelas a leer política al igual que se enseña matemáticas o gramática se vería fácilmente que este movimiento es una aceptación de responsabilidad para que los pueblos que conforman la península Ibérica tomen conciencia de la usurpación perpetrada por la corte madrileña.

Madrid engarza con un hinterland mucho más amplio y aun así, nunca ha generado suficientes recursos para su subsistencia, y la única manera de seguir es hacer de la capitalidad una justificación para el abuso. Un abuso despiadado y sin ningún rédito cultural, ni social y si me apuran ni económico, en el sentido que una población, cada vez mayor, se beneficie.

Todos los figurantes de los diferentes pueblos de la península Ibérica fijan su residencia en Madrid. Los únicos que resisten, y no todos, son los catalanes, que siempre han sido el enemigo a batir. Incluso el pueblo aguerrido vasco, aunque parezca lo contrario, ha sucumbido vean sino la banca vasca y su intelectualidad con el traslado de todas sus sedes y organismos a Madrid.

Han construido teatros como el “teatro real”, cuya temporada operística es la envidia, de Europa. El metro llega a todas partes, incluso a barrios sin habitar. Magnificas autopistas en la que no circulan coches, que hay que rescatar, porque las empresas concesionarias quieren cobrar. Grandes edificios para los juegos olímpicos del 2020 que se celebran en Japón. Universidades que son la envidia de los estudiantes holgazanes y todo esto y mucho más sin coste alguno.

El movimiento catalán ha planteado que esto es la ruina de todos y ha resuelto enfrentarse a estos despropósitos antes que sea tarde y lo ha hecho de la única manera posible: con radicalidad democrática y estricta observancia del derecho.

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Licenciado en filosofía por la Universidad de Barcelona. Máster en Dirección de empresa por la escuela industrial de Madrid Impartido por una empresa externa CONSULTORES ESPAÑOLES. 520 horas.

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