Sheldon S Wolin, creador del concepto de “Totalitarismo Invertido”, definía el mismo como la combinación de un cuerpo legislador débil, un aparato legal que es a la vez complaciente y represivo, un sistema de partidos en que cada uno de ellos, en el poder o en la oposición, se dedica a mantener el sistema existente para favorecer a una clase dominante integrada por los ricos y poderosos. Mientras, en ese “Totalitarismo Invertido”, se deja a los ciudadanos más pobres en la indefensión y se mantiene a las clases medias oscilando entre el miedo al paro y las expectativas, y se completa el esquema con unos medios de comunicación serviles y una máquina de propaganda desarrollada por instituciones conservadoras generosamente subvencionadas. En ese “Totalitarismo Invertido” se promueve, como acertadamente señala el profesor Laborda, la despolitización envolviendo a la sociedad en una atmósfera de temor colectivo y de impotencia individual. ¿Verdad que nos suena?¿Y qué mejor medio de “despolitizar” en última instancia que señalar el “centro” como objetivo cuando falla la alternancia, cuando el típico juego bipartidista acaba el fracaso más estrepitoso y ya no sirve a los poderosos? Y es que cuando el sistema de partidos turnistas colapsa o amenaza con colapsar, se crea la ilusión de uno nuevo, síntesis de los dos; el llamado extremo centro, vendido como la mejor de las esencias, y que no es sino el mejor de los engaños. Eso señores, es lo que es Macron, y el que ustedes se imaginan en España. Pronto por cierto Macron ha demostrado su verdadero rostro elitista proponiendo una bajada sustancial de impuestos a la élite que representa.

En este sentido, tal vez convenga que tengamos presente que como señala Hudson, profesor de la Universidad de Missouri, la política de austeridad no es más que la acción de una nueva era de desigualdad “a medida de una oligarquía financiera que reemplaza a los gobiernos democráticos y somete a las poblaciones a una nueva servidumbre, ésta por deudas”. Más claro, el agua. Como también está meridianamente claro que el supuesto “centrismo” de algunos, señalado además como la Tierra Prometida por los Medios al servicio del Régimen, cómo las Tablas de la Ley, no oculta más que otra cara de la moneda del sometimiento, no es más que la continuación perpetua de la “austeridad”, no es otra cosa que la última opción de la oligarquía para perpetuarse.

En definitiva, estamos ante un nuevo totalitarismo. Es por ello por lo que resulta casi un sarcasmo macabro que los poderosos que gobiernan ese totalitarismo nos quieran con miedo por un lado, y por otro nos ofrezcan la solución del “centrismo”, solución que han creado los que han provocado el problema . ¿Miedo al totalitarismo? ¿De verdad nos desprecian tanto? Más bien, deberíamos sentir miedo al “centrismo” patrocinado por las élites, patrocinado por el IBEX. Más bien deberíamos sentir miedo a los replicantes hispanos de Macron.

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