Javier Marías, letra R de la RAE, junto a Arturo Pérez-Reverte, letra T.

De libro. El machismo cree tener razones que la razón no entiende ni las estadísticas que las sustenten. Y en esa cruzada carpetovetónica de tintes apocalípticos se han embarcado dos insignes miembros de esa institución tan masculina que intenta limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua de Cervantes con exceso de testosterona en sus sillones y otro insigne periodista de renombre de un medio en claro declive, prototipo de progresía en tiempos ya cada vez más lejanos.

El artículo de Marías se vuelve más y más insufrible, incluso “repugnante”, como lo define Àngels Barceló de forma valiente

Javier Marías, Arturo Pérez-Reverte y Juan Cruz niegan la mayor y encima desparramando argumentos de nulo peso para hacer comulgar con ruedas de molino al respetable público lector, que no es escaso. Al optar por el camino de los subterfugios explicativos de dudoso peso racional y estadístico con que ensamblar su visión del feminismo, el autor español con más posibilidades de ganar algún año el Nobel –de momento–, el escritor español más leído en el mundo y un periodista que vive desde hace años a la diestra de la dirección de El País se han regalado elogios y cruce de caricias literarias que no camuflan un machismo de libro, un machismo exacerbado que desacredita per se carreras literarias y periodísticas tan brillantes.

En su artículo de este domingo en el semanal del diario, bajo el título ‘Ojo con la barra libre’, el autor de Berta Isla entra fuerte como elefante en cacharrería para tildar de mera “transacción” los presuntos abusos denunciados por cada vez más actrices de Hollywood por parte del productor Harvey Weinstein. Aunque la “costumbre” le parece repugnante al hijo del filósofo Julián Marías, rápidamente la exculpa porque considera que “no había violencia”. En esta “transacción”, cree Marías hijo que “las muchachas podían negarse” en lo que también define como “una forma de prostitución menor y pasajera, si aceptaban”.

El adjunto a la dirección de ‘El País’, Juan Cruz, confunde “caminar a contracorriente” y “libertad de decir” con machismo.

Conforme va avanzando el artículo se vuelve más y más insufrible, incluso “repugnante”, como lo ha definido la periodista de la Cadena Ser Àngels Barceló de forma valiente sabiendo que su grupo mediático trata con algo más que mimo al hijo del filósofo y reputado novelista. Hasta que alcanza el clímax cuando afirma tajante el autor de Mañana en la batalla piensa en mí: “Las mujeres mienten tanto como los hombres, es decir, unas sí y otras no. Si se les da crédito a todas por principio, se está entregando un arma mortífera a las envidiosas, a las despechadas, a las malvadas, a las misándricas y a las que simplemente se la guardan a alguien”.

Esta es la “barra libre” que denuncia repugnantemente Javier Marías en su artículo dominical. Sus argumentos los puede rebatir uno a uno y sin contemplaciones cualquier estudiante de primero de feminismo, movimiento al que por cierto debería adscribirse todo hombre preciado de serlo y no optar, como Marías, Pérez-Reverte o Juan Cruz, por la vía de la demonización de las mujeres por el simple hecho de constituir el “otro sexo”, esas personas “envidiosas” o “despechadas” de las que habla Marías.

Como el artículo de marras ha traído cola sobre todo en las redes sociales y el escritor se ha vuelto a llevar estopa en cuanto ha dejado claro que su machismo está fuertemente ensamblado a prueba de bombas, qué menos que volcar las culpas sobre lo que Juan Cruz –que sale raudo y veloz en su defensa (qué duda cabe que hay que guardar y proteger los bienes más preciados de la ‘casa)– denomina, en un artículo publicado este lunes bajo el título ‘A lo que se atreve Javier Marías’, el triunfo del “griterío” amparado en “el lugar común”.

Sus argumentos los puede rebatir cualquier estudiante de primero de feminismo y la memoria del Poder Judicial

No contento con ello, Cruz, adjunto al director de El País en la actualidad, ese medio otrora espoleta de progresismo en este país, asegura que el joven Marías “camina a contracorriente” y por eso le pasa lo que le pasa. Viene a decir que Marías está en lo alto de su atalaya impartiendo sapiencia y no puede estar equivocado él, tan reputado escritor universal, sino la pléyade de incautos y desaprensivos que lo ponen de vuelta y media en las redes sociales y otros medios de comunicación más oficiales.

No hay peor machista que el que no quiere ver ni entender. Esto no va de máximas ni de verdades absolutas, va de realidades y de estadísticas oficiales. Y claro que hay hombres y mujeres que mienten, pero esas “pseudoverdades” de las que habla Marías se desautorizan prácticamente por sí mismas. Una, que las mujeres son siempre víctimas. Claro que no siempre lo son. Las memorias judiciales ahí están para quien quiera verlas y analizarlas. Y segunda “pseudoverdad” para el “joven Marías”, como hablaban de él Benet y García Hortelano: “las mujeres nunca mienten”. Cuando denuncian casos de malos tratos, claro que sí, algunas mujeres mienten. El 0,01% en la última década, según la Fiscalía General del Estado.

Cuando Juan Cruz ya cree haber defendido con suficiente peso procesal a su protegido mediático, opta finalmente por una pregunta para corroborar que se suma sin complejos al universo machista de los citados académicos de la lengua: “¿No nos estaremos pasando con ese nuevo lugar común, según el cual las mujeres nunca están bajo sospecha, que son los hombres los que han de ser quemados en la hoguera sin consulta previa pues el mundo se divide entre buenos y malos y los malos ya se sabe que son los hombres?”

Cruz está convencido de que “lo bueno de toda esta historia es que a Javier Marías no lo van a callar”. Y ahí enarbola “la libertad de decir, de expresar”. La misma libertad de todos aquellos que, esta vez sí con argumentos y datos oficiales por delante, le gritan por activa y por pasiva el grado de machismo que sufren en vena sin atisbo de revisión.

Y para redondear el triángulo de machistas de libro, el novelista español que más vende dentro y fuera del país. Pérez-Reverte aplaude la “valentía” de su compañero académico por haber escrito ‘Ojo con la barra libre’. Más madera.

M-A-C-H-I-S-T-A-S, ma-chis-tas, ¡machistas! Se puede deletrear letra a letra, sílaba a sílaba, incluso gritar lo más alto posible, pero no se puede decir más claro: el machismo de estos tres no tiene nombre, se pongan como se pongan. Y no hay nada mejor que un autorretrato blanco sobre negro. El que ellos han protagonizado en cascada de besos mutuos.

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1 Comentario

  1. Hace años, muchos años, que deje de comprar y leer el país y su dominical, Algún domingo, ojeo en el bar el suplemento dominical, empiezo por el final, veo comentarios de vinos y si algún arquitecto ofrece vistas de alguna vivienda. Paso de largo el articulo del hijo y, busco si hay algo de Almudena o de Montero, dejo la revista en el cesto y, (como me comenta el dueño) mañana la tiro. Esto es el Grupo Prisa, ayer progresista y hoy, vendido a los mercados. Pronto cerrara, seguro.

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