Cuatro hombres vestidos de Papá Noel atracan a punta de pistola una tienda de Apple en Valencia. El titular leído con un poquito de imaginación nos valdría para montar un maravilloso cuento navideño cuyo final hubiese sido que todos los “Ipads”, móviles y demás engendros electrónicos robados por los falsos Santa Claus fueran luego a parar a las manos de esos miles de niños en España que sufren pobreza infantil. Pero, desgraciadamente, los cuentos siguen perteneciendo al mundo de la fantasía y cada vez es menos frecuente que se hagan realidad.

La realidad es distinta de esa imagen típica de las navidades que vemos en las pelis de la tele donde todos los sueños se cumplen antes de que veamos la palabra “FIN”. Y mucho más cuando leemos informes recientes sobre pobreza infantil en nuestro país como el que acaba de publicar Save the Children, que concluye que dos de cada diez españoles han vivido en primera persona la pobreza infantil, es decir, en su familia no han podido hacer frente a los gastos del hogar o no han podido permitirse una dieta equilibrada.

La encuesta también señala que nueve de cada diez españoles está bastante o muy preocupado por la pobreza infantil. Dato este último esperanzador, pero que no viene de ningún modo a paliar la situación de pobreza por la que pasan muchas familias españolas. Esta preocupación social por la pobreza infantil en nuestro país puede generar una ola solidaria en estas fechas donde parece que el espíritu humano es más proclive a ejercer la caridad, pero únicamente ejerciendo la caridad no se soluciona el problema y sólo se crea un parche a la situación de estas familias.

En estas fechas donde la caridad de las personas para con sus semejantes se hace patente a través de campañas solidarias, rifas benéficas, etc… más deberíamos poner en valor aquella frase de Eduardo Galeano que apuntaba que “la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo”, es decir, que la caridad, aunque con buena intención, no es la panacea a los problemas reales de las familias con pobreza y es la solidaridad la que implica ese respeto mutuo hacia las personas con menos recursos económicos.

Encuentro la frase de Galeano interesante para tratar de responder un par de preguntas sobre la caridad y la solidaridad. En primer lugar, ¿quiénes podemos ejercer la caridad? Y en segundo lugar, ¿quién debe ser el adalid de la solidaridad en la sociedad en la que vivimos?…

Entiendo que la caridad la puede ejercer cualquier ciudadano libremente o cualquiera de esas asociaciones u ONGS que trabajan incansablemente contra la pobreza en cientos de países en todo el mundo. Pero la solidaridad debe emanar del gobierno de las naciones, porque creo firmemente, como Galeano, que la solidaridad es totalmente horizontal y es la que tienen que ejercer los gobiernos, convirtiéndose ésta en un derecho de la ciudadanía. Los gobiernos no están para dar limosna, sino para poner en marcha políticas que erradiquen la pobreza de las personas y no para que parte de la ciudadanía se sienta mendiga.

Ahí creo que radica la diferencia entre ser caritativo y ser solidario. La caridad es un acto individual y la solidaridad debe ser un acto colectivo. Las personas podemos ser caritativas en momentos puntuales, pero sin dejar de lado el hecho de que debemos exigir a los gobiernos que nos representan, que en definitiva son, o deberían ser, una extensión de nosotros mismos, que sean solidarios con los que menos tienen durante todo el año.

Eso sólo se consigue con políticas sociales y ahí es donde nuestro gobierno fracasa estrepitosamente. Nuestro país está a la cola de Europa, junto con Grecia, en capacidad de reducir la pobreza infantil con ayudas sociales. Y claro, ahí es donde fallamos, en la solidaridad del estado, en el hecho de que hemos preferido, por ejemplo, cambiar el artículo 135 de la Constitución, que obliga a pagar la deuda, antes que solucionar los verdaderos problemas de la ciudadanía. Es muy sencillo de explicar con este ejemplo.

La gente de la calle se seguirá partiendo el lomo para que en estas fechas todas esas familias en exclusión social lo pasen un poco mejor, pero, desgraciadamente, y así lo corroboran todos los informes, esa no es la solución, es más bien, como dije antes, un digno parche al que no debemos renunciar, pero que no ataja el problema de raíz.

Lo cierto es que como apunta el informe de Save the Children, uno de cada tres niños en España no puede tener una dieta equilibrada, tiene problemas dentales o de visión porque sus padres no pueden pagar el dentista o comprarles gafas, pasa frío en casa porque no pueden encender la calefacción o no lleva al colegio los materiales que necesitan.

Por eso los cuentos de Navidad están muy bien, pero la realidad es que todo el año, desgraciadamente, no es Navidad.

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