Una de las citas clásicas de Martin Luther King expone un pensamiento profundo que va más allá de la política: “no recordaremos tanto los insultos de nuestros enemigos como los silencios de nuestros amigos.” Estas palabras las usé para encabezar mi ensayo histórico Anatomia d’una Ruptura. Espanya, Catalunya, 1975-2014“, un libro que trataba de indagar sobre los motivos profundos de lo que se podía anticipar como una fractura que me atrevería a calificar de irreparable. Publicado en 2015, aunque redactado de manera intensiva durante el verano-otoño de 2014, poco antes de la consulta del 9-N, defendía la tesis que la diferente evolución política, social y cultural entre la España de matriz madrileña-andaluza y Cataluña llevaba a un choque superficialmente nacional, pero que en realidad tenía que ver sobre todo con unas cosmovisiones que se alejaban irremisiblemente. Esta evolución divergente, contrariamente a los habituales argumentos historicistas, no se remontaba a un pasado remoto, sino que se hallaba estrechamente relacionada con el período que los intelectuales orgánicos denominaban “Transición”, que yo propuse desde inicios de siglo denominarla “Segunda Restauración”, y que finalmente ha acabado con el concepto, popularizado por Juan Carlos Monedero de “Régimen del 78”.

Este contraste tenía más que ver con la relación de la sociedad respecto al pasado reciente que respecto al remoto. Muy especialmente en la especial relación respecto al franquismo y los primeros y balbuceantes años de una Transición democrática, que contrariamente al mito, no tuvo nada de pacífica, ni ordenada, ni tranquila. En cierta manera, el periodo 1973-1982 trató de resolver las tres asignaturas permanentemente pendientes de España: una pobre cultura democrática, unas desigualdades insultantes, y una incapacidad de resolver la articulación nacional. El pacto desigual entre las élites vencedoras de 1939 y una oposición, que como bien recordaba Joan Martínez Alier en el legendario Cuadernos de Ruedo Ibérico no se opuso, dio lugar a un orden institucional que pareció funcionar durante algunos años. Pero el precio a pagar por la mayoría de la sociedad española fue terrible: “no tocar ninguno de los privilegios franquistas, no pedir cuentas ni revisar el pasado, no cuestionar el estado profundo resultante de la dictadura, preservar los elementos simbólicos de la dictadura (himno, bandera y monarquía), lo que resultó ser una democracia vigilada, impotente, limitada e hipotecada. Por supuesto, y visto en perspectiva, las tres asignaturas pendientes se han vuelto a suspender en estos últimos años.

Las identidades siempre son dinámicas, y tienen que ver en la manera sobre cómo las colectividades se relacionan con su pasado y su presente, con sus semejantes y con sus oponentes. Cataluña vio en el fin del franquismo la oportunidad de conseguir encajar en un estado refundado sobre el principio de la plurinacionalidad. Es por ello que entre finales de los setenta y principios de los ochenta se contemplaba la constitución como un punto de partida hacia la construcción de un estado federal, y es por ello que el independentismo era bastante minoritario y confinado en estrechos segmentos políticos. Pero el estado profundo, cierta incapacidad ontológica de la sociedad española de entender que la cultura de matriz castellana está en el mismo nivel que la catalana, la vasca o la portuguesa, y finalmente, una izquierda que aceptó jugar con las reglas del juego impuestas por la policía, los altos funcionarios, el ejército, el periodismo o la judicatura franquistas, acabaron entendiendo la Constitución como un punto de llegada, límite de imposible transgresión.

A partir de aquí es cuando nos encontramos la reconstrucción de las identidades. Una pequeña digresión. Durante las décadas de 1980 y 1990 empiezan a divulgarse las principales teorías que revolucionan el campo de las identidades nacionales, desde las divulgaciones marxistas algo dogmáticas de Hobsbawn hasta las aportaciones novedosas de Anderson, pasando por los matices sobre memoria de Ricoeur o la mirada antropológica de Gellner, abundantemente debatidas en el reconstituido y crecientemente autónomo mundo académico catalán. Ciertamente, la larga era del pujolismo fue una época, si bien contradictoria, bastante nacionalizadora en el mismo sentido en el que cada estado occidental se suele reinventar cada generación. Contrariamente a muchas falsedades divulgadas interesadamente en los medios españoles, esta fase de redefinición no tenía tanto que ver con una visión nacionalista clásica, ni de reivindicar una singularidad territorial folklorizante como muchos, desde Madrid, imaginaban, sino que se pretendía reconstruir una cultura autónoma, con sus insuficiencias y contradicciones, como todas, pero sólida, de vocación europea, y con el objetivo formulado durante la época republicana por el historiador Ferran Soldevila “Hacer de Cataluña un país normal”. Como ejemplo muy gráfico, en la difícil gestación de TV3 (con obstáculos delirantes por parte de la administración socialista), los telediarios catalanes no informaban sobre “Castells” o “Sardanes”, sino que desde el primer momento ponían un particular énfasis en las noticias internacionales. La televisión, como la cultura, no buscaban ofrecer una imagen determinada de Cataluña, sino que pretendían dar una visión catalana del mundo.

Es curiosa cierta cerrazón exhibida desde los primeros momentos por parte de un estado que parecía no comprender lo que estaba pasando. Con un punto de vista bastante jacobino, el mismo Suárez consideraba que el catalán no parecía apto para física nuclear, pero lo cierto es que, a mediados de los noventa, cerca de la mitad de las tesis doctorales se redactaban en catalán (incluida la mía, sobre el anarquismo individualista en España). En pocos años, buena parte de las radios se empezaron a popularizar en esta lengua. Pronto, TV3 pasó a ser la televisión de máxima audiencia. No por cuestiones nacionales, sino porque objetivamente era una cadena de mayor calidad e interés. Paradójicamente, los regulares estudios sociolingüísticos indicaban que, aunque se incrementaba el conocimiento de la lengua propia (especialmente en aquellos usos como el escrito, residual a principios de los ochenta), el uso social se estancaba. Pero, en cierta manera, daba lo mismo. El catalán era percibido (y lo sigue siendo) como un instrumento de promoción social, como un acceso a una dimensión diferente que enriquecía la perspectiva de otras, como la española o la anglosajona. El sistema de inmersión lingüística, señalado como culpable del independentismo, en realidad resultaba ser un instrumento de construcción social más que nacional, de participación en pie de igualdad en un territorio a medio construir. Otro ejemplo: la mejor novelista catalana viva actual, Najat El Hachmi, nació en Marruecos. Uno de los periodistas más brillantes de su generación, legítimo sucesor de Xavier Vinader se llama David Fernández, conocido exdiputado de la CUP, cuya familia proviene de León.

Pero este proceso de replanteamiento de la identidad colectiva (toda identidad, si pretende sobrevivir, por definición debe ser dinámica) no fue precisamente bienvenida al otro lado del río Cinca. Más bien, se percibió como una amenaza. La versión oficial indicaría que la recatalanización del país tendría como consecuencia la desespañolización. Pero esto resulta una burda excusa. Como señalé en mi citado libro (que por cierto, no ha suscitado ningún interés para ser traducido al español), provocativamente afirmaba que “Cataluña es España. Pero no es la España que unos se imaginan”. Si existe un aspecto definitorio de la identidad catalana actual es su republicanismo. En cierta manera, la Cataluña actual tiene bastante que ver con lo que quedó de la España republicana del 39, respecto a cultura política, respecto a objetivos, respecto a composición. No debemos olvidar que, a diferencia de otros territorios peninsulares, la evolución de la guerra permitió que 440.000 refugiados pudieran atravesar los Pirineos y salvar su vida. Que buena parte de ellos, pudieron regresar cuando dejaban de fusilar sistemáticamente. Que se mantuvo un exilio próximo, conectado con Barcelona. Que la capital catalana fue durante la dictadura un quebradero de cabeza constante para los franquistas. Que buena parte de la emigración peninsular desatada desde los años cuarenta y cincuenta, la formaban los perdedores de la guerra civil. Que existieron amplias redes clandestinas de disidencia y un amplio movimiento obrero. Que precisamente, junto a Madrid, País Vasco y Asturias, Cataluña siempre estaba cuestionando el relato oficial del franquismo, que aquí, desde un punto de vista sociológico y político resultaba residual. Que uno de los aspectos definitorios de la Cataluña de los sesenta, setenta y ochenta era la oposición activa al autoritarismo. Es por ello, que para el estado profundo español percibía (y percibe) a Cataluña como una amenaza que cuestiona el relato oficial. Es por ello que el cordón sanitario que se ha levantado mediática y políticamente, trata de evitar que la disidencia se contagie y ponga en cuestión la supremacía de las élites postfranquistas actuales.

Ahora hablaré de mí. La trayectoria personal de quien esto escribe no es precisamente singular. Sin ninguno de mis abuelos nacido en Cataluña, nací en 1965, en plena España franquista y siendo adolescente en plena Transición. Como tantos otros, no empecé a hablar catalán hasta los catorce años. Identitariamente, no sin cierta incomodidad en un país autoritario, aislado y miedoso, podía definirme como español de acuerdo con los parámetros culturales del momento. Mi interacción con la cultura catalana fue como tantas otras, en una dialéctica en la que se evoluciona individualmente de manera paralela a la que una cultura también experimenta actualizaciones constantes. En estos años me he dedicado a la literatura, al ensayo y la historiografía, en ambas lenguas (dependiendo de los encargos). Si alguien me requiere alguna definición diría que me siento cómodo con la de republicano, y más o menos vinculado a la cultura que, para resumir, podríamos concluir que cercana a la izquierda con ciertas tendencias libertarias. Pero mis primeros trabajos comencé a publicarlos a partir del primer aznarismo, en el que el anticatalanismo crecía como fórmula de buscar el enemigo interior que permitiera reimplantar cierta cultura neofranquista, en una especie de nacionalismo español desacomplejado.

En estos últimos años he tenido que soportar bastantes mentiras exhibidas en los medios sobre la situación real aqui. Mi españolidad cultural se ha visto crecientemente cuestionada a partir de la cerrazón hispánica que tiene como primer fundamento la negación de identidades alternativas. Desde el nacionalismo español (que jamás se define como tal, puesto que la “normalidad” es presentada como una única manera de ser o pensar) se niega lo que es obvio, que Cataluña es una nación como cualquier otra, sin estado, pero nación al fin y al cabo. Que la identidad española cada vez es más excluyente y autoritaria. Que quienes no creen en esta visión unívoca y que no acata la supremacía de determinados aspectos –como la lengua, los símbolos nacionales, ciertos elementos culturales- es visto y tratado como un disidente. Que, a partir del momento en el que la distancia política entre la realidad catalana y la española empieza a ser irreconciliable, y aparece un movimiento suficientemente potente para cuestionar el statu quo, la amplia maquinaria del estado despliega toda su fuerza para criminalizar y deshumanizar a quienes no se pliegan ante su proyecto nacional. Es por ello que, como muchos otros, llega a la conclusión que ya no es posible una vida en común, fundamentada en el mutuo reconocimiento y respeto, y que, por lo tanto, la vía de la independencia es la solución más realista para resolver esta creciente incompatibilidad.

Siempre he tenido claro quiénes son nuestros enemigos: el franquismo subyacente en la cultura política española, el autoritarismo profundo que anida en los inconscientes de muchos, beneficiarios o perjudicados del orden de 1939 omnipresente en la vida cotidiana. Pero, a partir del momento en el que la ruptura, por la vía drástica de crear una República independiente de una Cataluña postnacional (en el que cada uno es lo que le da la gana ser, habla la lengua que le place y escoge su futuro sin importar lo que les digan tipos autoritarios) pasa de ser una hipótesis a una posibilidad real, aparece la constante hispánica de la represión como fórmula, siempre culminante en fracaso, de administración del problema.

Durante los días intensos del pasado septiembre, cuando unos cuantos miles de policías y guardias civiles aparecieron como ocupantes, arrollando imprentas, deteniendo a chavales que replicaban webs del referéndum, denunciando a alcaldes o persiguiendo a quienes pretendían colgar carteles sobre el referéndum, servidor de ustedes, como muchos otros, experimentaron una desolación íntima. Cuando vimos salir policías y guardias civiles de cuarteles entre gritos enfervorizados de hooligans de bar Pepe de “a por ellos”, algo íntimo se rompió. Una parte de mi identidad se marchó para siempre. Cuando el día del referéndum empezaba a conocer cómo policía y guardia civil cargaban y agredían a los votantes, muchos de ellos amigos míos, y yo esperaba, junto a más de mil personas en el Pabellón de Santa Eugènia, a que vinieran a agredirnos, aquello es algo que no olvidaré ni perdonaré jamás. No era miedo lo que sentía, sino una profunda indignación. Pero quizá lo peor estaría por llegar, cuando, días después, la mayoría de mis colegas y amigos historiadores de Italia, Inglaterra, Argentina, Estados Unidos o Canadá se preocupaban por mi familia y por mí, escandalizados por la violencia brutal de las fuerzas ocupantes, no hallé ningún correo, ni un puñetero whatsapp de mis colegas españoles. Eso significó para mí una verdadera decepción, una profunda tristeza. En los envíos masivos que realicé aquellas semanas para recolectar firmas en manifiestos para que se permitiera votar o se expulsara a tipos violentos y uniformados, o posteriormente, para protestar contra el escándalo que supone la existencia de presos políticos evidentemente, ninguno de mis colegas de Madrid, Sevilla o Zaragoza movieron un dedo, a diferencia de mis contactos de Londres, Trieste, Nueva York, Buenos Aires o Munich.

Podía esperar todo de quienes tiraron bombas encima de la casa de mi padre, en la Barcelona de la guerra civil, o de quienes se declaran novios de la muerte. Puedo esperarme muchas cosas de quienes considero mis enemigos. Pero, aunque podía imaginar que pasaría, no me acostumbro a este estruendoso silencio por parte de personas a las que consideraba próximas y afines- Quienes me conocen saben que me da lo mismo que la gente sea partidaria o contraria a la independencia. Nunca trato de mezclar cuestiones políticas y personales. Pero como recordaba al inicio de este artículo, no recordaré tanto los insultos de mis enemigos, como los silencios de mis amigos.

Trato de ser honesto, y por tanto, como la totalidad de los lectores de este artículo, no tengo ni idea de cómo acabará todo esto. Pero sí sé qué pasará en las consciencias y pensamientos profundos de unos cuantos millones de catalanes que no somos nacionalistas, pero ahora, con más razón que nunca, nos han convertido en independentistas. La ruptura profunda permanecerá. No habrá marcha atrás. Ya no es posible volver a considerarse español. Un muro profundo de acritud se ha levantado. El distanciamiento lo creo irreversible. El resentimiento perdurará. Los lazos de confianza se han disuelto, sino para siempre, para unas cuantas generaciones. La situación no es sostenible. Después de todo esto, solamente queda el divorcio.

 

Xavier Diez es historiador y escritor, autor de diversas obras de narrativa y de ensayos históricos sobre la cultura política libertaria y la Transición. Es colaborador en diversos medios escritos y audiovisuales, especialmente Vilaweb, El Punt TV, Fem Ràdio. Es miembro fundador del Seminari Ítaca d’Educació Crítica.

 

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35 Comentarios

  1. Muy bueno el artículo, lo pasaré a más contactos por aquí por Castilla, tenemos mucho trabajo por hacer para conseguir entender que somos dos pueblos diferentes y tenemos que entendernos desde el respeto a esa realidad.

    La única crítica, el término Régimen del 78 no lo inventó Monedero, las primeras veces que lo escuché por aquí por Madrid fue a miembros de la Coordinadora 25S.

    Salut i República(s)

  2. Encuentro que el tema del silencio de los amigos es muy acertado, relevante y hasta ahora ignorado. Es simplemente el SILENCIO de los COMPLICES.
    Y me recuerda la frase de “señor, protégeme de mis amigos, porque de mis enemigos ya me protejo yo”.
    Y estos cómplices son precisamente las almas que se las dan de solidarias, indignadas, movilizadas y progresistas que quieren ir salvando todas las buenas causas imposibles del mundo.
    Pase lo que pase políticamente, es irremediable, irrefutable y aplastante que social y psicológicamente la mayoría de los catalanes ya no volverán a sentirse jamás identificados o unidos emocionalmente con los españoles o nada español.
    Convivir con el agresor y tener que aguantar al vecino “bueno” que se suponía tu amigo, pero demuestra nula empatía, que mira a otro lado y encima te da consejos para que te portes bien y no te peguen no lo aguanta nadie.

  3. No hay reconciliación posible. Como dice el articulista algo muy profundo se ha roto en el alma colectiva de los catalanes, al mismo tiempo que un nuevo sueño, un mito de nuclear potencia ha nacido. La República Catalana ha sido engendrada, no sabemos cuánto tiempo transcurrirá hasta el parto, pero llegará, es inevitable y además altamente gozoso. Los españoles que hayan podido escabullirse de las mentiras y el alienamiento colectivo que sufre la mayoría lo celebrarán con nosotros.

  4. Es el lamentable resultado de falta de dialogo y hacer política. Con “si o si” vs. “No” hemos destruido la paz social para unos cuantos años y me temo que seguirá así si no hay nuevos interlocutores

  5. No puedo más que subscribir desde el principio al final todo lo expuesto.
    Una pena el alejamiento, pero cada vez cobra más la fuerza del converso, casi por imperativo legal, pero con todas las razones del mundo.
    Gracias, me ha impactado el artículo.

  6. Excelentemente expresado,muchos ni nos planteábamos la independencia,hace unos 5 años,empezamos a ver cosas que no nos gustaban desde España,pero algo se rompió a partir del 1O,y hoy por hoy y no creo que halla marcha atrás,no podemos y no queremos volver a sentirnos españoles,busca la republica y Visca Catalunya.

  7. Suscribo plenamente, gracias por tan lúcido artículo que personalmente me ayuda a ordenar y compartir con mis “amigos” esos mismos sentimientos, quizás alguno ahora pueda comprenderlos.

  8. Igual no debes confundir a tus amigos con la izquierda española. Muchos os apoyamos, hubo manifestaciones en Madrid y algunos sufrieron agresiones en Zaragoza por oponerse a la linea nacionalista. Yo como concejal vote en contra de mociones del PP en mi pueblo al respecto

    Teneis mucha gente que se solidariza con vosotros y que sabemos abstraernos de la propaganda nacionalista española, pero leyendote parece que no existieramos. Como decia, igual eras uno de muchos que confundisteis la etiqueta que algunos se ponen con la realidad. Hay que saber escoger a tus amigos, de eso no tenemos culpa nadie.

  9. Igual no debes confundir a tus amigos con la izquierda española. Muchos os apoyamos, hubo manifestaciones en Madrid y algunos sufrieron agresiones en Zaragoza por oponerse a la linea nacionalista. Yo como concejal vote en contra de mociones del PP en mi pueblo al respecto

    Teneis mucha gente que se solidariza con vosotros y que sabemos abstraernos de la propaganda nacionalista española, pero leyendote parece que no existieramos. Como decia, igual eras uno de muchos que confundisteis la etiqueta que algunos se ponen con la realidad. Hay que saber escoger a tus amigos, de eso no tenemos culpa nadie.

    • @Enrique Girondo, Pero lamentablemente sois minoría. Quizás más bien viene a entenderse que esa izquierda española parlamentaria (IU, Podemos) ha rechazado y rechaza públicamente ese apoyo hacia nuestra causa republicana. Porque a muchos “izquierdistas” se les oye de fondo cuando hablan de república ese estruendoso cántico a “la unidad de españa”, indivisible sean de izquierdas o no.

    • Personalmente, y sabiendo que existís, hay un problema imperante en este país, que es la prensa y la política. La prensa ya hace años que se ha rendido, buscando dinero. Y ese dinero lo aporta el IBEX 35 y los afines.
      Leer El Mundo y ver su tratamiento de las noticias, era lo normal. Leer el País, o el Periodico, y ver en lo que se han convertido, luchando por ser más nacionalistas que el PP, duele.
      La izquierda española, lamento decirlo, está muerta también. El PSOE ha caído al centro, pero a un centro nacionalista español (no hay que olvidar que también es nacionalismo, y mucho más excluyente además). Y Podemos ya no alza la voz, por que en realidad, no va a encontrar quién le respalde.
      El español medio se siente español, y no comprende otra cosa ni a otros que no se sientan así. Algunos, como es su caso, podrán tener una mayor amplitud, pero la realidad es que yo sé que esta España con sus españoles, y esta Catalunya, con sus catalanes, ya no se pueden reconciliar.
      Más que nada, por que la España actual es como explica el artículo, una continuación maquillada de la España del 36. Y los españoles que viven en ella, son esclavos de esa España, con sueños de libertad, que ya no luchan por esa libertad.

  10. El timing desde 2011 no encaja… justamente después de las revueltas del 15M, en 2012, CDC se pone al frente y contribuye a nacionalizar la protesta. Las consecuencias de esto para una reformulación de toda España son terribles. Justo cuando se estaba formando un alternativa política mayoritaria a los rescoldos del posfranquismo aparece con fuerza el proces, anulándolo con la colaboración del anarquismo postmoderno de la CUP. Ojo: no solo el posfranquismo necesita a Cataluña como enemigo interior; el populismo etnico catalán también necesita a esa España cutre y posfranquista. Y así nos va; dentro de un par de años la derecha tendrá mayoría absoluta en el congreso y por supuesto de independencia nada. Abrazos de un republicano español exiliado en America desde hace bastantes años…

    • Totalmente de acuerdo Manel. El timing del artículo no encaja: obviando lo sucedido durante el 15M. Un movimiento que fue tachado por dirigentes de ERC como “españolista” y creo que es importante recordarlo: CIU llevó al 15M a la Audiencia Nacional. Es historia. No se puede cambiar. La España que tenemos, casposa y cacique, ésa que lleva a la cárcel a políticos catalanes independentistas está construida y conformada también por una Catalunya que ha sido no solamente motor económico también político.
      Francamente, más bien parece que muchos en Catalunya acaban de descubrir, hace muy poco, que España es una dictablanda,

  11. Gracias dsd la profundidad d las comarcas d CAT. Su reflexión y su verbo preciso pone voz a quienes no sabemos expresarnos con tanta precisión pero sabemos precisar con nuestros actos q significa no perder la dignidad, aunque perdamos todo lo demás.

  12. Yo recordaré los insultos de mis enemigos, el silencio de mis amigos y familia pero también y sobretodo, los insultos de amigos y familia. Sí, insultos de amigos y familia. No silencio, no, INSULTOS. Así de triste. No hay más salida que el divorcio, efectivamente, ahora ya no.#SEGUIM

    Gracias por este artículo.

  13. Qué tendencioso el artículo (y muchos de los comentarios). A ver si ponemos un poco de objetividad en el debate y nos dejamos de proclamas propagandísticas que no llevan más a que a alimentar el conflicto. Aquí muchos habláis de “los catalanes” como si fuéramos todos nacionalistas o independentistas. Sin embargo las últimas elecciones han mostrado una vez más que la mitad de los catalanes se sienten catalanes y españoles y quieren seguir siendo las dos cosas. A estos catalanes, el catalanismo anti-español lleva 30 años ninguneándolo y despreciándolo. Menuda república la que naciera contra la voluntad de la mitad del censo… El conflicto en Cataluña no es sólo con España (que también) sino principalmente entre catalanes. Y mientras esa mitad independentista continuéis despreciándonos a la otra mitad y haciendo como si no existiéramos y no tuviéramos ningún derecho, estaremos todos perdidos.

    • De nuevo el pensamiento excluyente. En la república catalana podrá haber gente que sienta y ejerza como catalanes sólo, como catalanes y españoles, o como españoles sólo. Dejemos que cada uno se sienta y ejerza como quiera, no como ahora, que yo estoy obligada a ser española. El problema no lo tengo yo con la mitad que no quiere la independencia, sinó con la parte que no quiere que decidamos, que es mucho menor, y que aprueba que me quiten mis derechos como electora. Y respecto a la monarquía, mira la última encuesta del CIS.

      • No entiendo qué pueda estar excluyendo. Dices que tú estás obligada a ser española, pero por lo visto te parece legítimo obligarme a mí a no serlo. Estoy a favor de un referéndum en Cataluña y que se acate lo que salga. Pero ¿qué vais a hacer cuando gane el no como dejan pensar todas las elecciones que ha habido en Cataluña en los últimos 30 años? ¿Aceptarás el resultado? Me temo que no: en las elecciones de diciembre quedó claro que más de la mitad de catalanes no quiere la independencia (47% para JxCat+ERC+CUP) y aun así seguís intentando imponer vuestro proyecto. ¿Qué sociedad se puede construir con ese autoritarismo y esa negación de la definición misma del concepto de democracia? No entiendo tanta ceguera intelectual y ética.
        Por cierto, no soy monárquico, no sé por qué me sacas aquí a la monarquía, que me la trae al pairo.

    • Como te puedes haber sentido solo y ninguneado si durante 29 años no se ha puesto en duda tu españolidad y la república catalana se sigue considerando una utopia por muchos? Como es posible que te sientas solo cuando la mayoria de las cadenas y prensa que se emiten el cataluña defienden el unionismo y atacan sin cuartel el independentismo? Como te sientes solo cuando el castellano sigue siendo la principal lengua vehicular y los catalanes conocemos mejor el castellano que la media de los españoles? Mentiras y mas mentiras.

      • Un botón de muestra: durante 18 años, me he pasado 30 horas semanales en la escuela; 28 horas en catalán, 2 en castellano. Ahí tienes la soledad. Haz un esfuerzo y trata de imaginarte cómo vivirías una situación inversa. Y que conste que considero el catalán tan mío como el castellano y lo hablo igual de bien y estoy contentísimo de que así sea.
        Otro: soy funcionario de la Gene y por ser notorio que no soy nacionalista, he debido renunciar a mi carrera. 30 años de gobiernos nacionalistas en la Generalitat. Para nosotros, catalanes no nacionalistas, es como si el PP llevara 30 años en el poder.

  14. Cómo siempre se omite que ese supuesto divorcio también ha pasado dentro de Catalunya. Una mitad de Catalunya vio el 1-O por televisión. Eso es lo que hay que resolver primero.
    Por otro lado, David Fernández es gran tipo, pero no es el periodista más brillante de su generación, por favor seamos serios.

  15. Antes de nada, me gustaría decirle que soy madrileño. Leo con tristeza su artículo. El anticatalanismo que observo por parte de mucha gente es insoportable. Realmente no soy nacionalista, porque no creo en el concepto de nación, pero precisamente por que considero repulsivo el nacionalismo español, comprendo la decisión de gran parte de los catalanes de intentar separarse de él. De hecho, no solo lo comprendo, sino que lo respeto. España vive una época de atraso bastante importante, quizá la peor de las que recuerdo, y creo que el gobierno del PP y sus medios de comunicación afines están intentando buscar un enemigo para cohesionar todo lo que puedan a una sociedad en crisis. Antes eran los masones, luego ETA, ahora son los independentistas.

  16. A veces me es difícil explicar mi sentir y pesar con el conflicto que vivimos. Éste artículo pone las palabras perfectas a mis sentimientos. Siempre me había considerado catalán (por tanto actor activo de un proyecto común llamado España) pero nunca catalanista e incluso más europeo que catalán en lo que a la construcción de un futuro se refiere. Ahora soy un independentista convencido. Algunos consideraran que, haciendo un símil deportivo, soy más antimadridista que barcelonista, no es eso. No se trata de ser “anti” ni de “ir en contra de”, se trata de que en la construcción de este futuro tengo claro lo que no quiero: No quiero un país retrógrado, que lucha por la uniformidad (aunque lo disfracen de unidad), que penaliza la diferencia y que no siente como suyo, aunque debería, las culturas y expresiones que difieren de la mayoritaria, ya que la enriquecen. Yo, ya he tirado la toalla.

  17. Buen artículo, hasta que no pasa un suceso “potente” cerca de uno, generalmente no se da cuenta de donde vive. A casi todos los estafados por los chanchullos corruPPtos nos invade la misma sensación descrita en el artículo. que pregunten a los últimos 300.000 estafados (más familiares) por las autoridades españolas y por banco SATANder, la mayoría desearán la republica y quitarse garrapatas reales, creerán muy poco en españa y su justicia y ahora aplaudiendo o no a los independentistas catalanes, desearán el hundimiento de ese partido corruPPto que tanto daño ha hecho a españa y al mundo, ya desde los tiempos de aznar en las Azores. Ya queda poco, con la ayuda de su propia necedad, avaricia y corruPPción, está a punto de convertirse en un partido residual, ahora solo hace falta que la gente vea que los medios afines al régimen, comprados por SATANder, quieren colarnos como sea a Ciudadanos como sustitutos de los corruPPtos originales. Lean lo bien que lo pasó el riverita en el Club Bilderberg con la botín del SATANder y con el guindos, justo antes del robo del banco popular.

  18. Esas 28h de catalán durante 18 años no te han impedido hablar y escribir correctamente castellano, ni te han impuesto ninguna creencia en particular, o me equivoco? No se te permite expresarte y sentir como te dé la gana? No expresas tu nacionalismo español sin que nada suceda? Tampoco aclaras por qué has renunciado a tu “carrera profesional” como funcionario de la Generalitat, pero mientras expreses tus opiniones con respeto tus opciones son igual de válidas que las nuestras. La diferencia: yo me parto la cara para que tú puedas expresar tu opinión. Tú estás dispuesto a lo mismo?

    • No hace falta que haga yo nada para que tú puedas expresar tus opiniones, lo estás haciendo constantemente y no te pasa nada. Como yo no necesito que tú hagas nada para que yo pueda expresar las mías. Las dos cosas gracias a la Constitución y el Estatut d’autonomia. Si tú te partes la cara, no es ciertamente para garantizar ningún derecho mío sino para quitármelos todos sin ningún miramiento, a mí y a todos los catalanes que no están de acuerdo contigo. Es el colmo del delirio si además de pisotearnos pretendes que te demos las gracias.

  19. “la justícia no es obra de la ley; por el contrario, la ley no es más que una declaración y una aplicación de lo justo en todas las circunstancias en que los hombres pueden hallarse con relación a sus intereses. Por lo tanto, si la idea que concebimos de lo justo y del derecho está mal determinada , es evidente que todas nuestras aplicaciones legislativas serán desastrosas, nuestras instituciones viciosas, nuestra política equivocada y, por tanto, que habrá por esa causa desorden y malestar social” Proudhon

  20. Me gustaría saber si el autor del artículo escribió a sus contactos no indepes tras las sesiones del 6 y 7 se Septiembre en el parlamento Catalán donde de facto se acababa mediante una imposición ilegal e ilegítima con cualquier vinculación jurídica con el estado español y se imponía de facto a más de la mitad de catalanes unas leyes de transitoriedad de todo menos democráticas.
    El proces ha sido un auténtico desastre sobre todo para Cataluña, los catalanes que ya no volverán a ser españoles porque se les rompió algo por dentro no llegan a ser ni la mitad del electorado, la otra mitad vieron pulverizados sus derechos políticos durante un mes.
    Miren, uno de izquierdas, federalista, republicano y defensor de referéndums de secesión al que también se le rompió algo por dentro durante esas semanas con respecto a los catalanes independentistas.
    Y todo sin obviar las condenas de la violencia de la policia.

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