Europa ha vuelto a sufrir el bocado asesino del terrorismo yihadista, de nuevo sonaron las sirenas y los cristales rotos de los edificios, que dejaron la estampa de la desolación, de la muerte y el terror en el rostro de quienes huían de la locura extendida en Bruselas.

Una ciudad tomada por la parálisis de una realidad ya innegable de las fallas de un servicio de inteligencia incapaz de dar respuesta a un fenómeno yihadista instalado en el corazón del país belga, un territorio en el que en los últimos veinte años las células integristas han campado cómodamente.

Aun cuando no es menos cierto que este fenómeno terrorista se presenta como un rival de difícil combate, y ante el cual no cabe sólo la respuesta militar o policial, son muchas las estrategias que deben desplegarse frente a esta hidra de múltiples cabezas que ha conseguido hacer de las redes sociales su particular instrumento de radicalización de los jóvenes musulmanes europeos de segunda y tercera generación que hoy se encuentran hacinados en los guetos de la Europa del siglo XXI.

Debe ser así la intervención ante el problema del yihadismo una acción coordinada dentro de Europa en la que convergen estrategias policiales pero en mayor medida aquellas de educación e integración que sirvan como antídoto ante el virus del radicalismo islámico. Y todo ello sin olvidar la estrategia hacía fuera que deberá necesariamente contar con el apoyo de los países árabes – quienes en mayor número sufren hoy la locura del DAESH- para atacar el problema in situ dando respuesta al mismo tiempo a las miles de personas refugiadas que huyen de las zonas de conflicto en Siria o Irak y del imperio del terror buscando un futuro.

Personas, hombres, mujeres y niños que hoy se hacinan en los campos de internamiento de Grecia pidiendo auxilio ante la desesperación de ver peligrar su propia vida en manos de los mismos que ayer cercenaron la de 34 personas en Bruselas.  Ellos son los olvidados del purgatorio de Idomeni, ese en donde ayer los niños y niñas pedían perdón por el atentado yihadista cuando ellos son victimas al mismo tiempo de esa locura terrorista del siglo XXI.

Sin lugar a dudas, la crisis de los refugiados sirios representa hoy otra de las caras de la incapacidad de la política de cooperación europea para hacer frente al fenómeno del terrorismo global, una incapacidad solventada a golpe de talonario  para expulsar con la colaboración del sultán Erdogan a quienes imploran el auxilio y que  día tras día se desesperan ante la pasividad de una ciudadanía Europa que en su mayoría mira hacía otro lado cuando los derechos humanos y las libertades fundamentales son obviadas en la hoja de ruta de una UE que se traiciona a si misma y olvida sus principios fundamentales.

En definitiva, esta por ver que ocurrirá a partir de ahora, si apostaremos por la exclusiva política del aumento de la supuesta seguridad como elemento de tabla de salvación ante el miedo paralizante ante el fenómeno del terrorismo islámico  o por el contrario entenderemos de una vez por todas que las bombas no se combaten sólo desde la lucha policial sino en los pasos previos , esos en donde la educación, la inclusión  social y la creación de un espacio de derechos y libertades en igualdad suponen la mayor vacuna para quienes intentan inocular el virus de la sin razón terrorista.

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1 Comentario

  1. Esto es una guerra de religión, en que una religión, el islam, transmite a sus fieles que deben destruir a los que no lo son. Por eso, los musulmanes en Europa, que aprovechan todas las ayudas económicas que les ofrecen, no se integran en una sociedad que quieren destruir y utilizan nuestras libertades para precisamente para acabar con ellas. El buenismo y el buen rollismo de todo el progresismo europeo sólo nos trae más desgracia y más atentados. Desde la óptica islámica, están ganando, ya que la sociedad occidental, corrompida para ellos, no es capaz de defenderse, y es sólo cuestión de seguir empujando con más terror, y una invasión programada de Europa (los flujos de inmigrantes y supuestos refugiados) es la táctica para su pretendida victoria. No se arregla con educación, no se arregla con espacios de … (¿quién se ofrece voluntario a negociar con DAESH y ofrecerles espacios de diálogo?) ni tonterias varias. En una guerra, o se gana o se pierde; y las medidas son claras: cerrar las fronteras al islam, remover los grupos que crean los terroristas: mezquitas y centros islámicos y una expulsión masiva de los no integrados de verdad en occidente, que son la mayoría

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