El Director del Centro Nacional de Transplantes, Rafael Matesanz, prestigioso científico que ha coordinado el centro durante 28 años, consiguiendo que sea líder internacional en esa especialidad con el mayor número de transplantes de órganos que se realiza en el mundo, fue entrevistado en Radio Nacional hace unos días.

Preguntado por su opinión sobre lo que los medios de comunicación ahora denominan “maternidad subrogada”, imaginativo eufemismo que sustituye a su verdadero nombre: el alquiler de úteros de mujeres pobres para satisfacer el deseo de paternidad de unos cuantos ricos, respondió que si era de forma altruista y gratuita no lo veía mal, de la misma manera que se realizaban los transplantes de órganos. Y añadió que era imprescindible legislar en ese sentido porque de tal manera se gestan mil niños cada año. Y se quedó tan satisfecho.

El señor Matesanz, científico, intelectual, buen organizador de un departamento del Estado dedicado a una de las tareas benéficas más importantes de la medicina, considera igual salvar la vida de una persona mediante la donación de un órgano de otra, que incluso puede estar muerta, que fabricar un niño en la matriz de una mujer, a la que luego se le arrebatará, por el capricho de algún señor de transmitir sus genes, puesto que el deseo de dar cariño y cuidados se puede cumplir adoptando a alguna de las numerosas criaturas huérfanas y abandonadas, asiladas en pésimas condiciones o que vagan por las ciudades de medio mundo, incluida España.

Esa probeta humana, que por supuesto no puede ser más que una mujer porque para eso nació con los órganos generadores, será hormonada artificialmente para producir más óvulos y se le extraerán varios de ellos que serán inseminados en el laboratorio. Si se fertilizan algunos se le implantarán nuevamente en el útero, y se la tendrá vigilada para que soporte pacientemente la gestación de los nueve meses rituales. Y después del trauma del parto se le quitará la criatura a la que no verá nunca más. Y todo ello, según este señor tan inteligente, gratuitamente. Como se hace con los transplantes.

Matesanz no recordó que se recurre a los transplantes únicamente para salvar la vida de los enfermos, no para satisfacer deseos ni caprichos que no son imprescindibles. Que el donante o ha fallecido o se somete a una intervención de duración temporal de la que se recupera rápidamente, sin dejar más huella. No he oído que nadie se lamente, llore o recuerde el riñón o el trozo de hígado donado a su hermano o a su esposa.

Supongo que el señor Matesanz sería el adecuado para crear un banco de gestantes gratuitas como se hace con el banco de órganos, que se tendrán en reserva para ofrecérselas a los papás frustrados. Y éstas, altruistamente, se prestarán gozosas a soportar el largo proceso con el que se construye una criatura, para entregársela al demandante. Y después se quedarán tan contentas y satisfechas por haber satisfecho la pulsión incontenible del hombre que no pudiendo embarazarse necesitaba imperiosamente fabricar un niño suyo, sin saber nada más de la criatura. Ese hombre que al parecer tampoco tiene el suficiente atractivo para convencer a alguna mujer de ser la madre de los hijos de los dos. O que lo que quiere es no tener ninguna responsabilidad ni contacto con la madre de su hijo, porque su posesión ha de ser exclusiva.

En esta espiral de argumentos perversos que han inventado diversas mafias –la de la prostitución, la de la pornografía, la de los vientres de alquiler-, el de la libertad, que le atribuyen a la prostituida, a la utilizada en la exhibición de su cuerpo y su capacidad sexual, y a la alquilada para gestante, ha tenido la mayor aceptación. Como ya decía Mark Twain, es más fácil engañar al pueblo que convencerle de que le han engañado, y cada vez se amplia más el número de las convencidas de que hay que respetar la libertad de la mujer que quiere ser prostituida o denigrada en la imagen o alquilada para gestar y parir.

Recurrir al sagrado término de la libertad para justificar las mayores atrocidades es un invento conocido desde la Revolución Francesa. Sirvió para justificar la libertad de fabricación y de comercio que construyó el capitalismo y le permite la explotación de los trabajadores hasta la extenuación, ha servido para justificar invasiones y guerras de “liberación” y, por supuesto, para aceptar la depravación moral de una sociedad.

Porque solo desde el desprecio absoluto a la dignidad de la mujer, como ser humano completo –si creemos que lo es-, no un vientre o una matriz y unos ovarios por separado, que debe ser respetada en su totalidad: cuerpo y mente y sentimientos y emociones y expectativas de vida, se puede defender que se la utilice para fabricar lo más preciado de los vivientes que poblamos el planeta, un ser humano.

Cierto que los niños y las niñas han sido, y siguen siendo utilizados como mercancía: para adopciones, como trabajadores esclavos, prostituidos, o soldados adiestrados a matar. Pero hasta ahora se les consideraba en su totalidad: es decir como niños y como niñas, útiles para el trabajo, para la explotación sexual, para la guerra. Se les consideraba personas que se podía esclavizar con todas sus facultades. Lo que no podíamos imaginar es que se contemplasen únicamente como trozos de una anatomía humana.

Y ahora hemos aprendido con el señor Matesanz que un niño es igual a un riñón.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

1 Comentario

  1. cuidado con esto.. vivimos en un país corrupto (enormemente corrupto, de los mas corruptos del mundo, de entre los de nuestro entorno cultural) que “tiene el mejor sistema del mundo de trasplantes y donación de órganos” pero que es un sistema que tiene grietas y que permite saltarse las listas de espera.. (la única razón por la que no se investiga a fondo es porque el sistema se caería: ¿donar los órganos de mi hijo para un cabrón corrpto que ha pagado para conseguir el riñón quen necesita antes que los que llevan esperandolo mucho tiempo?…)
    Documentación:
    http://www.elplural.com/2013/01/11/pero-y-por-que-fue-por-lo-que-se-marcho-guemes-tan-de-sorpresa

    por eso, y por puro razonamientos éticos, en un sistema como el español se debería de prohibir la donación de órganos a personas vivas (si, ya se: trasplantes de médula, “bebes milagro” que son concebidos para curar a sus hermanos, etc, pero son trasplantes que se pueden hacer de otra forma si se prohibe la donación a personas vivas. Si no se prohibe no se van a investigar otras posibilidades.. )

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

2 + 13 =