Es lo que toca. Cuando un personaje público muere, como le ha ocurrido por desgracia ayer a Manuel Marín, los medios llenan de elogios al fallecido porque como ya dijo Rubalcaba: “España entierra muy bien”.

Marín fue un hombre de consenso, prudente, educado y un caballero de la política

En esta ocasión, creo que tienen razón los que alaban a Marín hasta límites insospechados. El que fuera presidente del Congreso en la primera etapa de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, fue un hombre de diálogo, de consenso, prudente, educado y un caballero de la política. Fue una figura clave en el ingreso de España en la UE y en etapa parlamentaria uno de los mejores presidentes del Congreso. Lo fue, sí.

Pero para quienes gozan de mala memoria, y el todo vale, sería bueno recordar las miles de noticias publicadas y emitidas en los medios de comunicación sobre el equipo de Rodríguez Zapatero en sus ocho años de Gobierno. Y es que en esos años acompañaron, respaldaron y se dejaron la piel por España -esa que duele en función de si se habla de la crisis soberanista, pero que no deja huella alguna cuando de la corrupción del PP se trata- Manuel Marín, igual que lo hicieron los entonces ministros también ya fallecidos Carme Chacón o José Antonio Alonso.

Y es que Marín, Chacón y Alonso fueron unos dignos representantes de la política española. Jamás se les pudo acusar -y no será por falta de ganas de algunos- de formar parte de tramas de corrupción o de taparlas, y cumplieron con dignidad con la labor encomendada al servicio de España.

Pero sería bueno recordar que quienes hoy muestran su respeto político por Marín y sus también malogrados compañeros, se cansaron de reiterar – y cito textualmente- que “Zapatero tenía el peor equipo de la Democracia”, que las ministras del Gobierno del presidente socialista “ni nada saben ni nada aportan”, y muchas veces se puso en duda su capacidad en la lucha contra el terrorismo, sin que nadie valorara que fuera en la legislatura de Zapatero cuando ETA dejara de matar de forma definitiva tras una intensa labor gubernamental.

De tontos, límites, gafes, cobardes y mentirosos se tachó una y otra vez al Gobierno de Zapatero y el resto de su equipo por temas como invitar al lehendakari a presentar su plan soberanista en el Congreso -¿les suena de algo la invitación del Rajoy Y Sáinz de Santamaría a Puigdemont? – por vender su alma al PNV para aprobar presupuestos -permítame que me sonría al recordar lo ocurrido hace apenas unas semanas entre el PP y los nacionalistas vascos en el Congreso- o por utilizar -hasta por eso- el lenguaje de género en sus discursos.

Las criticas contra las ministras , donde se llegó a perder el respeto más básico por cualquier persona desde los medios de comunicación, también llegaron a Marín y Alonso, a éste último el PP llegó a pedirle su dimisión y siempre consideró que el ex presidente del Parlamento fallecido ayer era partidista y partidario en su cargo institucional.

Ya da igual. Hoy llegan del PP, de los medios, de los comentaristas y de la opinión publicada todo buenas palabras para Marín. Tarde, pero se hace justicia con un gran demócrata que supo estar a la altura incluso cuando se le criticaba injustamente.

A ver si va a resultar que, el bueno, el equipo bueno de verdad era el de Zapatero. Espero no seguir comprobándolo tras más fallecimientos de miembros de su Ejecutivo, porque deseo de todo corazón que ese Gobierno del ex presidente socialista goce de buena salud.

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Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible.
Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre y Directora de Comunicación de HoffmannWorld y Catalina Hoffmann.

Asesora a personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública.

Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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