Colombia se ufana por ser una de las democracias más sólidas de Latinoamérica. En el siglo XIX y el siglo XX, a pesar de las escaramuzas propias de las ‘Banana Republic’, los ruidos de sables: léase dictaduras militares o golpes de Estado entre diferentes fracciones de poder, estuvieron más bien ausentes.

Lo anterior no significa que no existan lunares en su estructura democrática. Es bien sabido que en la época denominada como de la “violencia” entre los años 40´s y 60´s que inicia con el magnicidio del líder Liberal Jorge Eliecer Gaitán en Abril de 1948, la democracia colombiana parece ser poco tolerante con la participación política de distintas aristas ideológicas.

En ese mismo período de tiempo, el conflicto armado entre los partidos liberal y conservador dejó miles de víctimas, desplazados forzados y un país dividido entre ambas fracciones.

Sin embargo los magnicidios políticos siguen perpetuándose a lo largo del siglo XX hasta nuestros días. Sin ser exhaustivos en la historia, los magnicidios de Luis Carlos Galán Sarmiento en agosto del 89, el ex designado Álvaro Gómez Hurtado en 1995, además de Ministros, Concejales, Alcaldes y Gobernadores, lo cual la lista, sería más amplia de lo que nos permiten escribir en este artículo.

Son temas de preocupación y de repudio nacional e internacional. Quizá lo que muy pocos saben es que en esta espiral de violencia contra la democracia debemos mencionar, el exterminio de la totalidad de los líderes de un partido político: la UP (Unión Patriótica) que emergió a través del proceso de paz de varios movimientos guerrilleros en 1985. La lista también sería interminable. Pero se calcula que alrededor de 3500 militantes entre quienes se encontraban en sus filas dos candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal y Bernardo Ossa.

Ya en el siglo XXI con el nuevo proceso de las FARC, el partido político Marcha Patriótica, también de tendencia de izquierda fundado en 2012, ya tiene varios muertos entre sus militantes, más de 150 en menos de 5 años, la mayoría de ellos líderes campesinos de las zonas rurales del país. Pregonan entre su tendencia ideológica, la salida negociada al conflicto, reforma agraria, soberanía popular. Lamentablemente se cumple el presagio que realizáramos tiempo atrás, lamentablemente se repite la historia.

Sin embargo los colombianos han aprendido la historia, y como dijera Pierre Corneille en ‘Le menteur’, ‘los muertos que vos matáis, gozan de buena salud’, puesto que cada militante por la paz que cae siembra un mejor futuro para todos los colombianos que han comprendido que la violencia no es el camino para dirimir sus diferencias.

El Estado colombiano y los diversos organismos internacionales que protegen los derechos humanos han sido impotente ante tales circunstancias. A la fecha, ni si quiera se sabe a cierta a ciencia quien fue el asesino de Jorge Eliecer Gaitán, Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez, ni Jaime Pardo Leal. La muerte y la intolerancia no respeta condiciones sociales ni ideología política.

 

 

Eduardo y Diego son coautores del libro “En torno al Desarrollo y la Calidad de Vida: Miradas reflexivas y transdisciplinarias en América Latina y situación de postconflicto en Colombia”.

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