La semana pasada, en ‘Los mitos del psicólogo (I)’ comenzábamos a sacarle punta a algunos de eso mitos que rodean a la profesión de los psicólogos, pero queda mucho por analizar.

La gente, en general, creen que todos los psicólogos y psicólogas trabajamos de igual forma – que hacemos lo mismo –, por lo que piensan que cualquier psicólogo va a poder ayudarle. Sin embargo, la realidad es bien distinta, ya que hay numerosas teorías psicológicas y, desde cada una de ellas, se trabaja de forma diferente.

Así, por ejemplo, desde el Psicoanálisis las sesiones van a desarrollarse de una forma muy diferente a como se llevan a cabo en terapias de corte cognitivo conductual. En la terapia psicoanalítica va a ser fundamental tu discurso y el terapeuta va a tener como función guiarte a lo largo del mismo para que vayas encontrando las respuestas. En la terapia cognitivo conductual, el psicólogo tiene un papel más directivo y es más experiencial. Estos son sólo dos ejemplos; lo ideal es acudir a un profesional y preguntar directamente sobre su forma de trabajo y ver si se adecúa a lo que quieres o necesitas.

Unida a la anterior está la idea de que todos los psicólogos tratan todos los trastornos psicológicos y a pacientes de cualquier edad, pero no es así. La mayoría de los profesionales de la psicología nos especializamos en ámbitos de actuación concretos, ya que requieren conocimientos distintos o muy específicos, siendo imposible abarcarlo todo.

Según la edad de los pacientes, hay psicólogos especializados en atención temprana, en infancia y adolescencia, adultos e, incluso, en tercera edad. También requieren de una gran especialización los Trastornos de la Conducta Alimentaria, las Adicciones (con o sin sustancia) o la Terapia Sexual, por ejemplo. Un profesional que trate por igual cualquier patología, no es un buen profesional. Es decir, si no vas al cardiólogo por un problema de rodilla, no vayas a un especialista en adicciones para tratar un problema sexual.

Incluso hay leyes que regulan qué tipos de pacientes podemos atender los psicólogos, dependiendo de nuestra especialización. Así, para trastornos como el bipolar o la esquizofrenia, específicamente se necesita ser Psicólogo Clínico – rama a la que se accede a través de la residencia en un hospital como Psicólogo Interno Residente (PIR), igual que los médicos, y que pueden trabajar en la sanidad pública –. Así, apareció la nueva figura del Psicólogo General Sanitario (PGS), que puede recibir pacientes en consulta privada, sin tener que haber pasado por el PIR. Los PGS (entre los que me incluyo) necesitan realizar un master oficial de esa rama, que incluye prácticas en consulta.

Cambiando de tema, no puedo dejar de asombrarme cuando la gente viene a mi consulta y se sorprenden por mi edad – aparento menos de lo que tengo, todo hay que decirlo –. Muchos piensan que con un psicólogo o psicóloga mayor van a tener mejores resultados o que, en definitiva, son mejores. Sin embargo, la edad no tiene nada que ver. Hay que tener en cuenta que nos han dado las herramientas para atender a las personas que nos llegan a consulta y que nuestra tarea es adaptarlas e individualizarlas para la persona que tenemos delante. Por ello, el proceso terapéutico del paciente es, a su vez, un aprendizaje para el psicólogo, ya que tiene que poner sobre la mesa todos sus recursos.

Quizás, el pensamiento subyacente a esta idea sea que una persona de más edad tiene más experiencias en la vida y sabrá ponerse en tu lugar mejor. Pero es muy complicado que un determinado profesional haya pasado por todas las experiencias que nos pueden llegar a consulta. Por ejemplo, puedes llegar a causa de un duelo patológico tras la muerte de tu padre y encontrarte a un psicólogo de 60 años que tenga a sus padres vivos o a un psicólogo de 30 que no los tenga. Las experiencias vitales te dan conocimientos sobre la vida, pero no las herramientas para ayudar a otras personas a resolver sus problemas. Para esto último se nos entrena a través de las formaciones que vamos realizando tras acabar la carrera.

Y, ahora, llegamos al tema más espeluznante: la vida del psicólogo. Y es que la gente piensa que por ser psicólogo en tu vida no hay problemas, que no te enfadas, no enfermas, no te divorcias, no sufres por la pérdida de seres queridos o que sabes hacer frente a cualquier circunstancia… Craso error.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que los psicólogos también somos personas y, por tanto, pasamos por los mismos problemas en la vida que cualquier otro ser humano y, quizás, también necesitemos de ayuda de otro psicólogo para superar determinadas circunstancias. La vida de un psicólogo no es perfecta.

Espero que, con estas aclaraciones hayamos cambiado la forma de ver a los psicólogos y que os ayuden, si tenéis algún problema, a decidiros a acudir a consulta.

Y, si tenéis más dudas, haced uso de los comentarios.

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