El microondas es quizá el electrodoméstico que más se ha popularizado en las últimas décadas. ¿Las razones? Cuesta muy poco dinero y realiza muchas tareas diferentes. Entre ellas: descongelar alimentos, calentar comida directamente del plato, preparar salsas, purés deshidratados y bizcochuelos, fundir manteca o queso, cocinar alimentos, gratinar (en aquellos que poseen esta función) y asar carnes, y calcular el tiempo de descongelado del producto según su peso. Aunque también tiene sus inconvenientes. Y algunos graves.

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Manchester (Reino Unido), y en el que han participado dos ingenieros españoles, Alejandro Gallego-Schmid y Joan Manuel F. Mendoza, los microondas están contribuyendo muy directamente a la destrucción del planeta. Y aporta un dato revelador: solo los que hay en la Unión Europea –unos 130 millones– emiten 7,7 millones de toneladas de CO2 al año. Cantidad equivalente a las emisiones anuales de 6,8 millones de coches y a un consumo de electricidad de tres grandes plantas generadoras.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores han analizado el ciclo de vida completo de un microondas, desde su fabricación hasta el final de su vida útil, y su impacto hasta en 12 factores ambientales diferentes. De esta forma han comprobado que solo la fabricación de estos aparatos ya contribuye en un 20% al agotamiento de los recursos naturales y al cambio climático.

Aunque con lo que más deterioran el medio ambiente es con su alto consumo energético. Asegura el estudio que los microondas gastan una media de 573 kilovatios de electricidad por hora. Lo que equivale a tener encendida permanentemente una bombilla LED de 7 watios durante nueve años seguidos.

Estos resultados pretenden concienciar a la sociedad de los serios perjuicios que el consumismo y el mal uso de los microondas están causando en el ecosistema. Si bien señalan los investigadores que será difícil cambiar esta tendencia a corto o medio plazo, debido a la falta de concienciación social y hábitos responsables de producción y consumo.

Aseguran que la población desea consumir más y mejores electrodomésticos. No sólo para satisfacer las necesidades reales, sino también para imitar símbolos de posición social que aparecen en la publicidad. Se consume para imitar a los sectores de la sociedad que se presentan como ejemplos de bienestar y lujo, y al imitarlos, se pierde la capacidad de definir aquello que es necesario de verdad. “Los consumidores ahora tienden a comprar electrodomésticos nuevos antes de que los existentes lleguen al final de su vida útil, ya que los productos electrónicos se han convertido en artículos de moda y de ‘estatus’“, explica Alejandro Gallego-Schmid en un comunicado. “Como resultado, electrodomésticos como los microondas se han convertido en uno de los flujos de desecho de más rápido crecimiento en todo el mundo”.

Por otro lado, la industria también debe ser más responsable y transformar sus modos de producción y comercialización. “Dado que los microondas representan el mayor porcentaje de ventas de todo tipo de hornos en la UE, es cada vez más importante comenzar a abordar su impacto sobre el uso de los recursos y los residuos al final de la vida útil”, finaliza Gallego-Schmid.

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