Aunque parezca paradójico el título de este artículo, a lo largo de las líneas que siguen pretendo explicarle por qué creo que los más gorilas son los kirchneristas.

En la política argentina el término gorila se refiere en términos generales a los antiperonistas, y tiene su origen, como lo explica el guionista de ‘La Revista Dislocada’ Aldo Cammarota, nace en un sketch de dicho programa radial. Según Cammarota ‘En marzo de 1955, hice por radio (en “La Revista Dislocada”) una parodia de Mogambo, una película con Clark Gable y Ava Gardner, que sucedía en África. En el sketch había un científico que ante cada ruido selvático, decía atemorizado: “deben ser los gorilas, deben ser”. La frase fue adoptada por la gente. Ante cada cosa que se escuchaba y sucedía, la moda era repetir “deben ser los gorilas, deben ser”. Primero vino un fallido intento de golpe y luego el golpe militar de 1955. Al ingenio popular le quedó picando la pelota: “deben ser los gorilas, deben ser”. Los golpistas se calzaron gustosos aquel mote.’

A partir de entonces, el término englobó a todo aquel que se oponía al peronismo, pero lo paradójico es que los mayores gorilas son quienes, en teoría, participan del propio peronismo. Intentaré explicarme.

El kirchnerismo es una de las tantas facetas en las que fue mutando el peronismo a lo largo de la historia, y como tal, es parte intrínseca de él. Sin embargo hay quienes se reconocen como kirchneristas sin reconocerse como peronistas, lo cual, más allá de ser una contradicción en sí misma, no deja de ser paradójico, puesto que niegan el peronismo por no coincidir con su ideario y su accionar. En consecuencia, el kirchnerismo es la quintaesencia del gorilismo, puesto que son peronistas pero rechazan al peronismo, porque pretendiendo hacer un recorte arbitrario de la historia, eligen qué parte del peronismo adoptan como propia y qué dejan afuera.

Coinciden con Héctor Cámpora como máximo representante de la primavera setentista, pero no asumen que su tras su renuncia y luego que Perón echara a los Montoneros de la Plaza de Mayo tras llamarlos imberbes y estúpidos, a Cámpora lo echaron del peronismo.

Coinciden en el ‘Perón, Evita, la patria socialista’, más allá del oxímoron que esto significa, pero no asumen que el peronismo siempre pregonó el ‘Perón, Evita, la patria peronista’.

Coinciden con la lucha por la vigencia de los derechos humanos pero no asumen que el peronismo apoyó la autoamnistía de la dictadura militar y que sus dirigentes no apoyaron ni integraron la CONADEP.

Coinciden en la necesidad de los juicios a los represores pero no asumen que el peronismo indultó a los máximos jerarcas militares encarcelados tras el juicio a las juntas militares.

Coinciden en el rol que debe ocupar el Estado pero no asumen que quienes tanto hablan ahora del Estado apoyaron las políticas neoconservadoras de la década del 90 de las cuales aún hoy estamos pagando las consecuencias.

Coinciden en la importancia de tener una empresa de hidrocarburos nacional pero no asumen que la propia Cristina Fernández impulsó la privatización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales.

Coinciden en cantar la marchita y gritan con los dedos en ve ‘combatiendo el capital’ pero no asumen que, salvo honrosas excepciones, el peronismo siempre se encargó de fomentar el capital más que de combatirlo.

En esta suerte de peronismo a la carta, los kirchneristas copian a Sergio Massa y se quedan con lo bueno y critican lo malo, sin hacerse cargo de lo que han hecho y lo que le costó a la República, cuestionando posturas que fueron centrales en la historia del peronismo, como el apoyo de Juan Perón a las burocracias sindicales en detrimento de la “juventud maravillosa”, cuando en los años 70 resolvían sus diferencias a fuerza de balas y dinamita.

Es decir, son peronistas cuestionando al peronismo, se reconocen como parte de un movimiento oponiéndose acérrimamente al propio accionar del movimiento. Critican al gorilismo, siendo gorilas.

 

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