Rubén Ranz y José Manuel Nogales / Foto de Agustín Millán.

Se cumplen cinco años de esa detención, cinco años de juicio y condena social para estos sindicalistas, y sus familias. A la espera del juicio que se celebrará en junio.

Nogales y Rubén se encontraban en las proximidades del Hotel Ritz cuando se empezó a repartir propaganda de la huelga general. En ese momento se inicio un altercado con uno de los camareros, que desembocó en una carga de la policía. Con la mala fortuna que uno de los policías de la unidad se tropezó y se hizo una herida en la cabeza. Los trabajadores llamaron al SAMUR para que atendieran al herido, lo que propicio que el jefe de la unidad los acusara de agresión. Según creen los sindicalistas de UGT, si no hubieran llamado a los sanitarios no se les hubiera detenido.

A continuación nos cuentan como vivieron los hechos posteriores a su detención y su traslado desde los calabozos de Moratalaz a los juzgados de Plaza Castilla.

Estamos en los juzgados de Plaza Castilla, en el quinto aniversario de la huelga general del año 2012. En los calabozos de Plaza Castilla pasamos los peores momentos. Desde de Moratalaz nos trasladaron a Plaza Castilla al día siguiente, 30 de marzo del 2012.

“Llegamos a las 8 la mañana, en un viaje que yo no podré olvidar”, nos relata Rubén después de pasar una noche malísima en la comisaría de Moratalaz y casi sin dormir. Los abogados les dijeron que deberían dormir en los colchones mugrientos, amarillentos y con unas sabanas de un color indeterminado. “Porque en Plaza Castilla sería aun peor” Nos encerraron “No sabiendo exactamente lo que nos había pasado.” A las 8 de la tarde del día anterior por fin les permiten hablar con sus abogados, “que ya nos dijeron que íbamos a pasar la noche en los calabozos.”

 

Los calabozos de Plaza Castilla son un lugar siniestro

Cuando llegaron a los calabozos de Plaza Castilla empezó otro mundo, otra situación completamente diferente. Los calabozos son un lugar que no recomiendo a nadie, “siniestro muy siniestro” como nos dice Nogales y oscuro. Hay hacinamiento.

Rubén recuerda como cada dos por tres le estaban llamando a Nogales, “pensando que estaba en mi sala y en cambio se encontraba en otra.” Había desorganización y sobre todo deshumanización. Una situación completamente impersonal, como si fuésemos delincuentes. “Nos trataban como si fuésemos objetos, sin ningún aprecio por nuestra situación.”

Hasta que consiguieron hablar con sus abogados pasó mucho tiempo. Su expediente estaba de arriba para abajo. Al final lo tenía fiscal “nuestros abogados no sabían que decirnos porque no sabían exactamente los delitos que nos imputaban.”

Nos describe Rubén que posteriormente le me contaron que sus familias estaban fuera de los calabozos, esperando en la calle y sin ninguna noticia. Para sus familiares también fue muy doloroso llegar aquí. Todo era desinformación absoluta.

Llegó un momento, con el juez de instrucción en que la situación no era surrealista, era ya Kafkiana. Una situación completamente imposible entender. La petición del fiscal en el caso de Nogales fueron tres años y medio y a Rubén le pidieron 4 años. “Y a los dos nos dijo lo mismo, que era necesaria la prisión preventiva para ejemplarizar a la sociedad y sobre todo porque la organización (UGT) nos podía ayudar a salir del país.”

Cuando nos lo cuentan es difícil de creer, porque parece que estamos en los años 70. Pero no. Rubén recuerda a otro compañero del piquete, de la CGT, al que la habían abierto la cabeza, y a él en su auto, le habían puesto que se había chocado contra una farola en la huida, cuando él había sido golpeado en la cabeza por un policía con la porra cuando estaba de piquete. Todas estas situaciones, por ponerles algún nombre, eran completamente kantianas. Todo el proceso de Kafka se queda corto.

Nos relata Rubén: “Los calabozos de Plaza Castilla, para mí ha sido el más duro, del que peor recuerdo tengo.” Para Nogales también. Cuando salieron hacia las 3:30 y les dieron el auto de libertad, lo que mejor recuerdan y lo que les da un halo de esperanza, es que el auto de libertad decía: “que la petición del fiscal había sido completamente desproporcionada y desmedida a lo que era la legislación española.” “Ese auto es una puerta de esperanza para que nos toque un buen juez que entienda que todo esto es una locura.”

Nos sigue relatando Rubén, que de la huelga general no se enteraron de nada en los calabozos. Hasta el día siguiente “no supimos que había sido un éxito la manifestación, que la gente se había echado la calle, que se había parado el país.”

Nosotros fuimos los primeros en entrar en la comisaría de Moratalaz a las 8 de la mañana, y desde entonces no nos enteramos de nada hasta el día siguiente. Lo único que supimos fue por un policía que nos dijo: “El Samur va a tardar porque hay una huelga” “recuerdo perfectamente esa ironía suya, aparte de otras más.”

“Al día siguiente recuerdo que mi madre estuvo llamándome todo el día y que no me localizaba.” Nos relata Rubén: “cuando salí lo primero que hice después de abrazar a mi mujer y a mi hermano, fue llamarla para contarle una mentira piadosa. Para decirle que se me había acabado la batería del móvil.” Son momentos complicados: “contarle a tus padres que te piden 7 años de cárcel por hacer de piquete en una huelga general es duro.”

Para Rubén y Nogales lo que más les ha dolido ha sido la familia. “El saber que este peso no lo llevamos solos, sino que también lo aguanta nuestros familiares y los compañeros de UGT.”

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