Ultimo presidente de facto de la dictadura argentina, entre el 1 de julio de 1982 y el 10 de diciembre de 1983, el general de División Reynaldo Bignone es un veterano militar que cumple condena a reclusión perpetua por delitos de lesa humanidad cometidos durante el periodo que se conoce como Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) o para otros, simplemente, como la dictadura militar. Muy mayor, y agotado físicamente, esta entrevista es fruto de varias conversaciones con el militar detenido. 


Creo que ya tuvo problemas en el pasado por dar entrevistas, ¿es así?

Me llamó una periodista francesa para conocerme, a través de un camarada de armas, y la dije que viniera. Y hablamos, pero no me dijo nada de que lo estaba grabando y después lo publicó por todos los medios. Felizmente, el presidente del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, en tiempos de Menem, no tomó medidas en mi contra. Pero no puedo decir nada más… No me dejan hablar y si lo hiciera, eso tendría fatales consecuencias y me trasladarían a la prisión de nuevo.

Sé que lo que diga le perjudicará, ¿pero añadiría algo más sobre el periodo del régimen militar?

Me remito a lo que ya había dicho en mi libro, en su momento; lo asumo ahora sin cambiar una coma. Por tanto, no voy a añadir más juicios de valor y prefiero atenerme a lo que ya he dicho en el pasado.

Y me atengo, literalmente, a lo que he dicho en mi libro y en los pronunciamientos en los sucesivos procesos judiciales contra mí: La lucha contra el terrorismo en los ’60 y en los ’70 se trató de una guerra contra integrantes de grupos subversivos que no eran ni demasiado jóvenes ni idealistas, sino que su ideal era la toma del poder por la fuerza subversiva. Se nos tilda de genocidas y represores. Lo de genocida no resiste el menor análisis, lo ocurrido en nuestro país no se adapta a lo más mínimo al concepto internacional de genocidio. Acá no hubo más de 8.000 desaparecidos, cifra que no es superior a las cifras de la inseguridad actual y las víctimas que provoca la violencia descontrolada en el país.

Diría algo más sobre los supuestos desaparecidos, como ya he dicho antes en otra exposición: Se machaca con que hay 30.000 desaparecidos. Jamás se mostró la veracidad de esta cifra. No niego que la desaparición de personas sea delito en paz, en tiempos de guerra tiene otra clasificación. Nunca se demostró que en 10 años de guerra fueron más de 8.000. Se baraja la cifra de bebés desaparecidos; resulta sensible e impactante. Pero de esas desapariciones ninguna figura en el ámbito del poder militar. En todos los casos, son dichos por terceros y sin pruebas que confirmen los hechos.

¿Qué pasó el 24 de marzo de 1976, día del golpe de Estado?

No pasó absolutamente nada, yo ocupe el Ministerio del Bienestar Social, como era  mi misión, y punto. Lo previsto era que estuviéramos treinta días para acomodar las cosas mientras Videla se hacía con el poder y el país se estabilizaba. Pero no hizo falta, en una semana ya la situación estaba bajo control y no hubo ni una sola reacción social en contra. El domingo siguiente después de la intervención militar ya estaba todo en orden e incluso se desarrollaron sin problemas los eventos deportivos. Creo, sinceramente, que el país respiró tranquilo.

Está claro es que la institución militar y sus compañeros de armas se “olvidaron” de sus camaradas presos hoy, ¿no cree?

Absolutamente con nadie del ámbito militar tengo relación. Nadie viene a visitarnos, ni nos llaman. Yo soy un general retirado y olvidado. Ni siquiera nos envían una tarjeta para invitarnos a nada o siquiera felicitarnos el cumpleaños. Nunca nos llega nada, ni siquiera noticias de lo que ocurre. Incluso el presidente Néstor Kirchner bajó los cuadros de los altos mandos militares, y entonces yo  pedí que me enviaran el mío, algo que no hicieron. Pero creo que se quedó en el Colegio Militar como patrimonio de esa institución y parece que todavía está ahí. Parece que bajaron todos menos el mío, pero luego fue robado y ocultado en algún lugar.

¿Y con los políticos de ahora tiene contacto?

Ninguno, nada de nada. No quiero hablar de ese tema porque felizmente estoy en mi casa y no en la cárcel. Salvo un año y cuatro meses que he pasado en la cárcel, he estado siempre en casa y eso es una suerte que no pueden decir todos los presos militares. También he pasado periodos de libertad gracias a las cámaras de casación, que tuvieron una actuación más o menos decente. He pasado periodos en el Campo de Mayo, en casa detenido, pero también periodos de libertad.

Pero hay una excepción a esto que digo: a mí me visitó el ex presidente Arturo Frondizi, que era un caballero. Me visitó en el Campo de Mayo cuando era preso. Y también me visitó el político y embajador Leopoldo Bravo. Pero eso fue al principio. No se olvide que a mí me encarcelaron al mes de entregar el gobierno a los civiles; fui, se puede decir, el primer preso militar. Me encarcelaron el 10 de enero de 1984, y así comenzaron los juicios contra los militares en la Argentina que al día no han concluido.

Fui tratado bastante bien en esa ocasión y me quede entonces en la casa del Jefe de Estado Mayor en el Campo de Mayo. No tengo quejas de lo que fue en aquel caso, ya que fui tratado según la jurisdicción militar y fui liberado seis meses más tarde. Me liberaron por mayoría en el Consejo Supremo. Luego se reabrieron o abrieron otros procesos por causas relacionadas con el régimen militar, ¡pero treinta años después! Imagínese, es una cosa de locos. ¿Quién se acuerda de lo que ocurrió entonces?

Entrevista completa en el número 1 de Diario16

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1 Comentario

  1. ¿Soy yo, o esta entrevista y el artículo que la acompaña, sobre el 40 aniversario del golpe de Estado en Argentina, parecen que justifican y defienden lo sucedido y la posterior dictadura? Mal…

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