Los datos del paro registrado correspondientes al mes de agosto de 2.018 son la fotografía de la realidad laboral que han dejado las políticas impuestas por el Partido Popular durante la época del Gobierno de Mariano Rajoy. Alta precariedad, elevadísima rotación, bajos salarios, destrucción masiva de empleo en sectores clave, incremento de los falsos autónomos, son algunos de los escenarios que se pueden comprobar con los datos del paro registrado de agosto y que muestran la fotografía del mercado laboral enfermo que crearon Mariano Rajoy y Fátima Báñez.

En agosto el paro registrado ha subido en 47.047 personas y, sin embargo, se han destruido más de 200.000 empleos por la bajada del número de afiliados a la Seguridad Social. Esta diferencia viene determinada por dos causas: la no inscripción en las listas de los servicios públicos de empleo y las bajas de trabajadores en el régimen especial de autónomos. ¿Se han destruido 200.000 empresas en agosto? Evidentemente, no. El problema lo encontramos en que mucha de la contratación que se realiza en este país se hace a través de contratos mercantiles en los que el trabajador está obligado a darse de alta en el régimen de autónomos a pesar de que exista una relación con la empresa contratante que debería tener un contrato laboral.

Los datos de agosto demuestran también el volumen de destrucción de empleo que se genera en sectores fundamentales para cualquier economía como la educación o la industria mientras que se crea empleo, en su mayoría precario, en sectores que no tienen un impacto de continuidad dentro del mercado laboral o en la creación de empleo como es el caso de la hostelería, sector en el que la estacionalidad determina que se firmen contratos temporales, por obra o servicio o por horas. Otra de las herencias de Mariano Rajoy, cuyo gobierno pretendió hacer creer a los ciudadanos que la temporalidad era un factor fundamental para la creación de empleo porque se incrementaba la flexibilidad del mercado laboral. Un eufemismo cruel que no tenía otro fin que el maquillaje del número de parados, aunque para ello fuera necesario que España sea uno de los países con mayores niveles de precariedad de la Unión Europea.

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