Esta breve historia comienza con tres orquídeas. Tres orquídeas que forman un ramo. Tres orquídeas blancas. Mirando el asfalto. Sobrevolándolo. La corola y los estambres agitándose, pues el hombre que sostiene el ramo camina a grandes zancadas. Casi corriendo. Lleva cerca de una hora corriendo. Corriendo por la autopista. Por las calles saturadas. Por debajo de las nubes y por encima de los campos. Ha aparcado su automóvil algo lejos. A más de quinientos metros del teatro. Y ahora la presura angustiada de sus pasos. A las ocho comienza la función. Y ya son las ocho cuando alcanza la puerta del recinto. Hay una entrada reservada a su nombre. Una invitación. Ya se han apagado las luces cuando atraviesa las cortinas negras. Se sienta sin ruido en la última fila del patio de butacas. Batir de corazón. Una luz blanca ilumina el escenario. Y allí está ella. Su chica. Su esposa. Su amor.

No ha asistido a los ensayos. Va a ser la primera vez que ve a Dulce interpretando su papel. La teleoperadora. Una obra original de Alberto Delgado. Protagonizada por Raquel Merlo y Dulce Muñoz. Hoy estreno en el Teatro de las Mujeres de Villaestellez. Le ha costado un gran esfuerzo a León no telefonear cien veces a su mujer a lo largo de la tarde. Anoche estaba tan nerviosa e irascible. Tan agotada y eufórica. La conoce lo bastante bien como para dejarla sola cuando lo necesita. Del mismo modo que ella se transforma en invisible las horas que cada tarde él dedica a escribir.

Le cuesta respirar cuando por fin se escucha su voz. Tiene que abrir la boca para llamar al aire. Como un pez. Dulce está sola en el escenario. Con unos auriculares y un micrófono alrededor de la cabeza. Sentada frente a un ordenador. Su voz inunda la platea. El timbre sereno. La perfecta dicción. Nada más conocerse León se sintió cautivado por el sonido de esa voz.

En la representación también hay orquídeas. Varios ramos. Presentes que le envía el jefe de la empresa a su empleada predilecta. Intentos imposibles de ganar su corazón. Mira León su propio ramo. Pobre. Pobre en comparación con los que salpican el tablado. Y es por eso que no se atreve a llevar las flores hasta el proscenio cuando cae el telón. Aplausos infinitos. Magnífica la primera actriz. Que ahora saluda. Junto a la compañía. Sola. De nuevo junto a la compañía. Y las flores la rodean por doquier. Pálidas ante su cabello rubio. Ante su mirada gris y azul.

Las orquídeas por fin atraviesan la platea. No las lleva León. Le ha pedido a su amigo David. Sabe Dulce de quien son las flores. Las tres orquídeas blancas. Cómo sabe exactamente cual asiento ocupa León. Aunque los focos no le dejan verle. Acaricia el celofán que cubre el tallo de las flores. Sopla sus corolas. Y desde la última fila siente León esa caricia. También el frescor. Y aprieta su puño como si los dedos de Dulce se hubiesen refugiado en su interior. Porque ahora están solos. Entre el público que aplaude. Ajenos al mundo. A su siempre falso esplendor. Solos. Unidos a pesar de los metros que les separan. Los amantes felices. Dulce y León.

 

(Los amantes felices es el relato número 19 de la obra EL AÑO DEL CAZADOR, que convirtió a Javier Puebla en el primer escritor en ls historia de la literatura en haber escrito al dia durante un año)

(Mecanografía: MDFM)

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