Los acuerdos entre swingers e infieles

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La práctica se originó hacia los años veinte, pero no fue hasta 1960 con la llegada de la revolución sexual cuando cobró auge. Consistía en intercambiar esposas de manera consentida, sin embargo, con los años, el término se consideró altamente sexista. Por ello, ampliándose a compartirse ambos miembros de la pareja, hoy lo conocemos como Swingers, que en español se puede traducir como balancearse o columpiarse. Aunque tiene casi cien años de práctica, no fue hasta la última década de los 90 cuando empezó a popularizarse. Esta manera de jugar, pese a que es como un secreto a voces, es más habitual de lo que las personas confiesan. ¿La razón?: porque no es fácil encontrar a una pareja que pueda hablar libremente sobre esto, pues el anonimato es una de sus reglas primordiales, frente a la condena social. Mucho se ha escrito acerca de que la política se ha escrito en las alcobas.

Paralelismos aparte, en política esto lleva más tiempo. Algunos la confunden con la infidelidad. Sin reconocer que todo depende de la voluntad de “coaligarse”,  con unos o con otros, previa advertencia a su electorado. Los infieles, a su electorado, se basan en la mentira. Convierten en infidelidad lo que no debería serlo. El engaño no es compatible con la práctica swinger. En política, que resignifica muchos términos, al parecer, sí. El PP tiene vocación infiel. Lo hizo Aznar cuando “hablaba catalán en la intimidad”, por ejemplo. Pero, cuando se les preguntaba por Ciudadanos, nunca negaron la intención swinger hacia la gente de Rivera. De hecho, Ciudadanos, fue la razón de convertirse en un partido nacional que hasta ayer fuera intrascendente durante diez años en Cataluña. A cambio, recibió el apoyo masivo e irrestricto de la mayoría de la prensa y banca “tradicionales”.

Haciéndose eco de la intención de los fundadores de la formación, alguno de los cuáles son memorables misóginos, su portavoz, Juan Carlos Girauta, ha dicho que no es el momento de hablar de “nombres” para presidir el Gobierno. Así, Ciudadanos, es otro infiel que se avergüenza de ser swinger, al apartar la exigencia de rechazar a Rajoy. Por ello, ha dicho que lo primero es ver si hay “disposición” por parte del PP para cumplir las condiciones de regeneración de Ciudadanos. Ahora, ha dicho Girauta, no hay que “bloquear” las negociaciones hablando de los asuntos que generan “más rechazo”. Rivera, durante la campaña afirmó que con los votos de Ciudadanos no apoyarían un Gobierno presidido por Rajoy, al no ser la persona adecuada para emprender una nueva etapa de cambio. Al engañar a sus votantes, se convierte en otro acto de infidelidad.

En el PSOE palpitan dos pulsiones. Pedro Sanchez y su equipo ha buscado replegarse tanto a nivel interno, como externo. Por ello tal vez su silencio. Fuentes próximas indican que “no va a entrar en todas las especulaciones que se han escuchado en torno a su futuro y sobre lo que ocurrirá en el 39º Congreso”. Tampoco quiere tener más protagonismo a la hora del proceso de investidura: la consigna es que ahora, dicen las mismas funtes, “a quien le toca mover ficha, es a Mariano Rajoy”. Seguimos en la duda en si se define como swinger o como infiel. Guillermo Fernandez Vara, quien ya habría pactado su estabilidad territorial, luego de tal decisión, se muestra claramente infiel con sus votantes. No es el único.

Pedro Sanchez y su entorno, en el que Luena ha perdido influencia, sabe que su supervivencia depende exclusivamente de que se defina como swinger, eligiendo entre Ciudadanos o Unidos Podemos. Si fuese infiel, Susana Diaz le dejaría toda la responsabilidad, evitaría el coste político de la decisión y lo eliminaría de la competencia.

Por cierto, para los lectores que me recuerden lo de que “se romperá España” si se acudiese a los “independentistas”, que ahora los medios del régimen ya llaman así a los “nacionalistas”, les recuerdo que el PP los necesita para gobernar. Pragmatismo amoral.

A cuento de lo que tratamos, me viene a la memoria un párrafo de “Jesús me quiere”, de David Safier: “Por desgracia, él no se conformaba con besarme, siempre quería meterme la mano por debajo del jersey. Yo no se lo permitía porque pensaba que ya había tiempo para eso. Una opinión que él no compartía. Por eso, en una fiesta de confirmandos, metió la mano debajo del jersey de otra, justo delante de mis ojos. Y el mundo que yo conocía acabó en aquel momento”.

¿Quién resultará infiel en las votaciones de investidura pudiendo ser swinger? Porque ya parece no haber líneas rojas con los “nacionalistas”. ¿No creen?

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