A veces pienso dónde se origina el mal gusto y dónde el que tiene armonía.

Caminar por las calles de Madrid es muy placentero, y lo es más cuando las zonas de prestigio se afanan en todos los detalles.

Luego está el maquillaje y los complementos. Hay calles femeninas y más coquetas que se visten con sobrios edificios, y sus calzados son elegantes vitrinas que dejan ver su excelente mercadería. Del hueco de sus puertas salen aromas diferentes, y algunas se adornan con macetas gigantes a ambos lados de su entrada.

De noche las luces salen de farolas antiguas u otras de último diseño, que enmarcan las avenidas o calles más angostas.

En verano los árboles dan sombra a bancos de madera que se posan bajo ellas.

Pero en estos lugares de alto poder adquisitivo los materiales usados para sus edificios, son los mismos que en los barrios más alejados del kilómetro cero del buen diseño.

Lo urbano se compone de fachadas, aceras, y vías vehiculares, y proporciones entre estos elementos básicos.

Hay una ordenanza en las normativas de edificación, que dejan que todos los locales de las plantas bajas sean acabados por los futuros usuarios de esos comercios. Y una cosa es estar en la milla de oro, como llaman a una esquina emblemática de Madrid pero otra es un encuentro de calles del barrio de Cuatro Caminos, o de Tetuán, donde la pericia del ocupante de turno pasa por tener su local con el menor costo posible y con las carpinterías más baratas de la consulta previa a cerrajeros.

Y si esos locales no tienen una pronta ocupación quedan cerrados con el revoque rústico que empleó el promotor para finalizar su edificio, y comenzar a vender las plantas superiores.

Y cada vez que alguien interesado quiere ver el local, una puerta de esas que le sobró del obrador de la construcción, se abre para mostrar la amplitud del espacio en cuestión. Y si no llega a alquilarse y se mantiene año tras año cerrado a cal y canto, ese promotor nos estará aportando esta triste y miserable visión de lo que se llama paisaje urbano.

No es nada nuevo bajo el sol, que todas las ciudades tienen diferentes espacios comerciales, residenciales, de lujo, más austeras, de alto poder adquisitivo  y de las que no lo son. Pero el diseño puede estar igual en todas partes, solo falta cultura para que se incorpore como algo natural a las calles comerciales y a otras que no lo son, y que adquieran prestigio por el aporte de armonías y nuevos diseños.

Los ayuntamientos, podrían hacer competir a sus promotores, eximiendo de pagar las tasas de construcción a los mejores proyectos presentados, revalorizando así sus espacios de competencia.

Y que un grupo de estudiantes avanzados o arquitectos noveles, apoyados por diseñadores afamados,  fuesen los jueces de estas decisiones.

 

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1 Comentario

  1. Es una idea sensacional, deberías mandar tu propuesta y este artículo al Ayuntamiento de Madrid y a más ayuntamientos

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