¿Qué es lo que de verdad importa?

En un principio debería importarnos a todas las personas lo mismo, la felicidad mundial. Pues va a ser que no. Lo que de verdad importa dependen de ese obtuso cristal con el que cada cual miramos pero… ¿Quién nos puso ese cristal?

Nos quejamos de la situación socioeconómicocultural y política actual, pero ¿Hacemos algo por cambiarla? ¿Somos conscientes que los movimientos sociales que generan cambios sustanciales se gestan cual galaxias gracias al movimiento de diferentes masas con distintas fuerzas y naturalezas? Sí, distintas fuerzas y naturalezas.

Vivimos según dicen los expertos (posiblemente los expertos en manipularnos) momentos de pasividad social, de la transigencia frente a los abusos de los poderes establecidos. Sin duda el discurso nos lo hemos creído llevándolo diariamente a la práctica.

¿Abriremos los ojos para asumir que todo lo aprendido no es casual? Se nos ha criado como personas sumisas y pasivas.

Por nuestra sangre corren los principios de lucha social y obrera. Si señoras y señores, tenemos ¨genes¨ de lucha por principios fundamentales de justicia, libertad e igualdad. ¿Y eso políticamente cómo se articula? ¿Eso es ser de…?

Política. Hoy en día la política (sin mayúsculas) es ese gran espectáculo a medio camino entre reality y programa de humor con regusto de burla de bufón halitosico. Sinceramente tengo la continua sensación de que todas esas personas que dícese llamar políticos (ya sean de la derecha casposa, la miniderecha naranjita, la izquierda unida fagocitada por los que pueden, los no obreros ni socialistas y los que pueden o no pueden y si pueden no quieren) son la misma bazofia, la misma.

Todos viven a nuestra costa.

Mientras que el pueblo trabaja por sacar al país del fango creado a golpe de hormigón de chalet de ultralujo, la elite mundial vive a nuestra costa. En sus espaldas descansan los muertos de la guerra, del hambre, de la precariedad y de los recortes, pero la mochila la llevan otros, los del trabajo sucio.

No querría caer en el insulto fácil al político o política de turno, ese insulto presente en cualquier conversación entre trabajadores a las puertas de cualquier comercio, discurso regurgitado desde la bilis de la desesperación humana.

No creo, creer en el sentido de tener fe, en ningún político ni partido político que en la actualidad ejerce cargo sin oposición coherente a la situación política actual. Son los grandes mediadores/políticos de toda esta falacia, los que no sólo permiten la situación si no que se aseguran mediante sus leyes a medida decretadas casi siempre en épocas festivas (mira tú que casualidad) que todo siga igual, y si es posible de manera gradual peor, eso sí peor para los de siempre.

Y volvemos a la primera cuestión: Lo que de verdad importa.

Superemos los escombros que ocultan “lo que de verdad importa” y lleguemos a la estructura (o partido político, como más le guste al lector) que debe albergar el cambio.

Un cambio que te espera a ti y que me espera a mí para producirse. Muévete y organízate, las calles están ahí para volver a ser ocupadas por el pueblo.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

17 − cuatro =