Lo que pensamos sobre los políticos y sus partidos (según el CIS)

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Ciudadanos visitando el Congreso de los Diputados en las Jornadas de Puertas Abiertas del 6 de diciembre de 2015

La semana pasada comenzamos a analizar la encuesta postelectoral realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) – “Así somos según el CIS”,  segunda publicación aquéllas cuestiones que hacían referencia de manera más específica a los puntos que tenían que ver con los partidos políticos y la visión que los consultados tenían de ellos.

Información que bien le vendría a los partidos en este momento analizar con mucha calma y sacar sus conclusiones, pues pone de manifiesto de manera bastante clara cómo llegan sus mensajes al electorado, la valoración que éste tiene sobre ellos y en qué deberían repensar sus posiciones. Por nuestra parte, igualmente, poner el foco sobre algunos puntos consultados nos despeja también ciertas dudas sobre la percepción que tenemos de nosotros mismos y del espacio en el que nos movemos. A veces resultan obvias algunas conclusiones, pero en otros aspectos los datos plasman una realidad que puede que desconozcamoss.

27-04-2016-RubioEn las pasadas elecciones del 20 de diciembre de 2015 se dio por primera vez en nuestra democracia reciente la posibilidad de votar a diferentes opciones esperando que después dialogasen entre ellas para formar gobierno. No quiere decir esta afirmación que en las demás citas electorales no existieran más formaciones a las que votar a parte de la Popular y la Socialista, pero sí es cierto que independientemente de que existieran partidos más pequeños, era un hecho que éstos jamás podrían darle la vuelta –o bloquear- una situación de gobernabilidad.

Este nuevo panorama generó dudas en el electorado, algunas variopintas por incoherentes –si tenemos en cuenta que no pocas personas dudaban entre opciones políticas tangencialmente diferentes-. La principal duda de los encuestados versaba sobre tener que elegir entre el Partido Popular y Ciudadanos: no llama la atención, pues la corrupción en la que los correligionarios de Rajoy chapotean hace a muchos de sus fieles preferir una opción menos contaminada, aunque preserve esos valores conservadores –por mucho que se camuflen-.

La misma disyuntiva entre lo viejo y lo nuevo le sucedió al electorado tradicionalmente socialista, que se debatió entre votar por Sánchez o por Iglesias, ocupando el segundo lugar del ranking de los indecisos. El socialista que ve despeñarse por el barranco al PSOE y que considera que ha perdido su identidad de izquierda ve en la organización de los círculos una elección que sirve como castigo a los del puño y la rosa por haber defraudado a sus representados.

Seguidos de cerca, aunque ya en menor número aparecen aquéllos que dudaban entre dar su voto a Ciudadanos o dárselo al PSOE. Tampoco es de extrañar teniendo en cuenta que gran parte de los integrantes de la formación naranja vienen de los sectores más liberales del Partido Socialista.

Prácticamente el mismo número de indecisos se encontraba sopesando si introducir la papeleta de Podemos o la de IU-UP. Y es que volvemos a lo mismo: la nueva oferta propuesta ha hecho que aquéllos desencantados con lo que venían votando hasta ahora –en muchos casos con la nariz tapada- les haya servido como queja respecto a las viejas formaciones que no conseguían ganar respaldo.

Entre los principales números de dubitativos, la última, aunque no por ello menos sorprendente, es aquélla que recoge el dilema entre votar al Partido Popular o al Partido Socialista. Es un 6% de los encuestados, pero no por ello inexistente. Y esta duda abre muchos interrogantes, puesto que es una realidad  que navega con el “vaivén” del bipartidismo.

Entre las personas que decidieron no ir a votar la principal razón que presentan es que ninguna de las opciones les satisfacía ni les merece confianza. Y por eso prefirieron quedarse en casa (la mayoría de estos desencantados, si hubiesen votado, lo habría hecho al PSOE o al PP). En este sentido llama la atención que, entre las preguntas planteadas al respecto de quienes no pudieron ir a votar, se haya obviado a los ciudadanos españoles que se encuentran en el exterior. El CIS no ha tenido en cuenta la lamentable situación que ha generado la reforma de la Ley Electoral y la nueva complicación burocrática que supone el voto rogado.

Fuentes consultadas del Centro de Investigaciones Sociológicas nos informan de que estos perfiles no habrían arrojado cambios en el estudio y que, por esta razón no se han tenido en cuenta. En cualquier caso, tampoco hay que olvidar que este tipo de estudios se realizan generalmente por encargo del partido que esté en el gobierno (en este caso el PP), y seguramente aquéllos que han abandonado el país no les susciten mucho interés.

Los que acudieron a votar, la amplia mayoría, tenían ya clara su papeleta antes de la campaña electoral (tomen nota, dirigentes, porque tanto gasto que plantean puede que sea totalmente absurdo) y cuando manifiestan su voto emitido los números reflejan exactamente los mismos que conocimos el 21 de diciembre. Esta es una señal de que la encuesta es bastante rigurosa. Poco más de la mitad asegura haber votado con convicción: porque consideran que ese partido es el que mejor representa sus ideas, y en segundo lugar, porque es el partido al que han votado siempre (entiéndase que esta segunda opción solamente puede barajarse para aquéllas formaciones que vienen presentándose desde hace tiempo).

Un 78% reconoce que de haber conocido los resultados electorales resultantes, habría mantenido igualmente su voto. Un dato muy a tener en cuenta, sobre todo ahora que los dirigentes políticos nos piden que se lo digamos de nuevo.

A pesar de los esfuerzos de algunas formaciones por intentar enterrar los conceptos de izquierda o derecha, el 60% del electorado –por extrapolación de los datos del estudio del CIS- se reconoce de izquierda. Siendo notable que dentro del baremo que se ofrece, la gran mayoría está más cerca de una izquierda-centrista que de una izquierda más radical (dando el 1 como izquierda absoluta y el 10 como extrema derecha, la mayoría de los encuestados se sitúa entre el 3 y el 5). Esta cifra tiene una estrecha relación con las opciones políticas elegidas en las urnas, pues según la valoración de los encuestados, son principalmente el Partido Socialista (situándole en el 4.4) y Ciudadanos (en el 6.63) los que se encuentran ocupando ese espacio ideológico.

Podemos comparte lugar (con un 2) con IU-UP y EH Bildu, en el margen izquierdo del cuadrante, mientras el Partido Popular obtiene un 8.3, siendo la formación más a la derecha de todas, seguida de cerca por Foro Asturias, Uniò, el Partido Nacionalista Vasco y Democràcia i Llibertat. Y es que los extremos son los que más rechazo generan, siendo precisamente el PP y Podemos las opciones que un mayor número de consultados tiene claro que jamás votarían de entre los partidos de ámbito nacional (solamente les supera en rechazo rotundo UPYD).

Respecto a los líderes cabeza de cartel en las elecciones, los más conocidos son Rajoy, Sánchez, Iglesias, Rivera y Garzón, por ese orden. Analizando los datos se entiende la campaña que tuvo que hacer Unión Progreso y Democracia, con mucho sentido del humor, sobre su desconocido candidato Andres Herzog (al que el 61% de los preguntados admite no conocer, frente al 23% que sí le identifica). Sin embargo, el hecho de ser más o menos conocidos no significa que esto tenga una relación directa con la valoración –positiva o negativa- que de ellos se tenga, más bien al contrario: si entre los conocidos el último era Garzón, es precisamente él quien tiene una nota media de 5.2 puntos, seguido de cerca por Rivera con un 4.5, Sánchez con un 4.2 y dejando a Iglesias y Rajoy como los peor valorados (con un 4 y un 3.4 respectivamente).

Lo más valorado por el electorado en los líderes es su honradez, con mucha diferencia, seguida de su competencia, cercanía y preparación. Sin embargo estas figuras no son determinantes para el sentimiento de proximidad a las formaciones políticas. Los encuestados se muestran a partes iguales cercanos (siendo muy afines al PP y al PSOE) y distantes de los partidos políticos.

Si extrapolamos estos datos al pueblo español, y a modo de conclusión, podríamos decir que la mayoría nos consideramos de izquierdas, y dentro de este espacio, preferimos el centro izquierda a la izquierda más extrema. Sin embargo el voto se concentra en la derecha, principalmente en la única formación que se reconoce como tal en el ámbito nacional.

Acudimos a las urnas y cuando no lo hacemos es después de haber valorado y sopesado que ninguno merece nuestro voto (sería preciso valorar la abstención con más atención). Las campañas electorales no nos sirven de mucho puesto que nuestra decisión suele venir tomada con anterioridad y en raros casos ésta cambia en el último minuto. En muchos aspectos seguimos votando más bien por castigo a otras formaciones que por ilusión y confianza, y aunque distinguimos entre los líderes y sus formaciones, por encima de todo lo que más valoramos en nuestros políticos es que sean personas honradas y capaces, sin ser tan importante su formación ni sus títulos.

Quedan pendientes por analizar las cuestiones territoriales –nacionalismos, regionalismos, y distintos sentimientos de pertenencia- , así como la situación socioeconómica de los encuestados. Sin duda, teniendo en cuenta todos estos factores, pueden ayudar de cara a los siguientes comicios, tanto a los políticos a la hora de realizar sus ofertas, como a los votantes, a la hora de tenerlas en cuenta.

 

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