Foto: Cortesía de Getafe Negro

Las novelas que basan su trama en otras épocas se convierten en testimonio de lo que ocurrió entonces, pero ¿están obligadas a ser fidedignas con el periodo histórico en el que sitúan su ficción? ¿Qué licencias puede permitirse el escritor?

“La ficción como memoria” fue el tema de debate de una de las mesas redondas literarias organizadas dentro de la IX edición del Festival de Novela Policiaca “Getafe Negro”, y una de las dos organizadas con la colaboración de la Fundación Mutua Madrileña en el auditorio que la aseguradora tiene en el Paseo de la Castellana de la capital.

Lorenzo Silva, comisario del festival, moderó una mesa en la que participaban cinco autores españoles que han ambientado sus novelas en otras épocas, más o menos cercanas.

Fernando Goitia, periodista del suplemento XL semanal, ambienta “La sacudida” en la Centroamérica sacudida por el huracán Mitch a finales de los 90 y en el País Vasco de los 80; Paloma Sánchez-Garnica traslada “La sonata del silencio” al Madrid de los años 40 y “Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido” a una década más tarde; Carlos Fortea, profesor, traductor y autor de literatura juvenil, desarrolla “Los jugadores” en la Conferencia de Paz de París de 1919; Javier Puebla recrea el Madrid del siglo XIX “El hombre que inventó Madrid”; y Juan Gómez Jurado utiliza la Sevilla del Siglo de Oro para dar forma a “La leyenda del ladrón”.

Para construir y documentar la ficción histórica, cada autor confesó tener una técnica.

“La gran historia ambienta el escenario, pero yo necesito la intrahistoria para conocer los detalles. Es de la literatura de la época, de las novelas de entonces, de las que me nutro para documentarme y hacer veraz lo que cuento”, explicó Paloma Sánchez-Garnica.

Juan Gómez Jurado coincidió con la autora en que “la realidad de la época no está en los libros de historia”, pues allí no encuentras el precio de las cosas, por ejemplo.

Fernando Goitia resaltó el valor del testimonio: “De la gente que vivió en esa época, de sus experiencias personales”, una técnica solo apta, claro está, para épocas recientes. No obstante, reconoció también que cuando se ambienta un texto en un tiempo demasiado cercano “hay mucha gente que va a tener opiniones personales basadas en su experiencia”, lo que hace más difícil satisfacer a todos los lectores.

Sobre la credibilidad ante el lector ahondó Carlos Fortea: “Tienes una credibilidad en el lector que no has buscado, pero que no puedes eludir, por tanto hay que cuidarse a la hora de tomar licencias, aunque luego construyas una historia ficticia a partir de lo documentado”.

Javier Puebla defendió la conversión del escritor en el personaje para poder narrar en boca de él: “La técnica que utilicé para el Marqués de Salamanca fue la de convertirme en él. Lo que he escrito me lo ha contado Salamanca, que siempre ha estado buscando un escritor de genio e ingenio”, reconoció.

Independientemente de que sea en la actualidad o en otras épocas históricas, los autores reivindicaron el papel de la ficción que implica la novela. Como dijo Juan Gómez Jurado “una novela es un enorme conjunto de mentiras que cuenta una verdad”.

 

La mesa redonda celebrada en la sede de la Mutua Madrileña en Madrid fue un éxito de público, como suele ser siendo habitual en los actos organizados por la Fundación de la Mutua.

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