El viernes en mi programa de radio, se producía algo difícil de explicar.

Allí se encontraba Marco Fumero.Y alguien dirá, ¿y quién es ese hombre?

Marco es el padre de un pequeño valiente, que desde los 10 meses de vida lucha contra una enfermedad rara, que afecta a 300 personas en todo el mundo.

Yo sabía del caso, porque continuamente se producen actos solidarios para recaudar fondos para quienes padecen Tay-Sachs, y otros tipos de las llamadas enfermedades raras.

Momentos en que era difícil contener la emoción.

El brillo de sus ojos, o esas muecas que esbozaban una sonrisa, nos contagiaba a los que nos encontrábamos en el estudio.

Liam estaba allí presente sin estarlo.

Su mano constantemente acariciando la espalda de su amigo Roberto Pacheco, ese amigo que acude a cada cita en las múltiples carreras que se llevan a cabo.

Descubrí que al ser humano le queda mucho por aprender.

Un programa que era una lección de aprendizaje, solidaridad y humanidad. Mucha humanidad.

La bondad de Marco no tiene límites, porque en toda la entrevista, él no hablaba sólo en nombre de Liam, si no de quienes padecen esa, u otras enfermedades.

Agradezco a Liam a través de su padre, toda la generosidad desatada, así como la grandeza de sus corazones.

Liam, ese pequeño embajador que tira con su fortaleza y sus ganas de vivir, de un carro al que nos hemos subido personas que creemos en un mundo mejor, y que el avance de la ciencia, haga que no exista enfermedad alguna que no pueda ser tratada y curada.

Lágrimas desatadas pero cargadas de energía para ser parte de sus vidas y seguir sumando en un mundo en el que no todo está perdido, aunque pensemos lo contrario.

Hago mío, su lema:

“Raro sería rendirse”

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