Un hombre que tenía al poeta en Nueva York en su horizonte creativo más elevado no puede considerarse jamás un artista triste o un cantante de la nostalgia o un trovador de la pena y la melancolía. No. Jamás. Nacer en Canadá tampoco es aliciente para contrarrestar esta imagen superflua, para qué negarlo, pero la alegría siempre se lleva por dentro aunque parezca que hay que cacarearla a los cuatro vientos, y Leonard Cohen exudaba pasión vital, lo demostraba con toda una existencia cantada entre susurros.

Porque sus pequeñas historias tamizadas en canciones eran retazos de vida cosidos con la aguja de la poesía. Y eso que llegó supuestamente tarde al mundo de la canción, a los 33 años, edad bíblica. Desde entonces y hasta hoy mismo, la canción ha sido su vida, la poesía su norte. Y esta vasta carrera artística la ha condensado en ‘solo’ 14 trabajos discográficos y mucho reconocimiento mundial, incluido en Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011.

 

Discurso del Premio Príncipe de Asturias 2011

“Siempre he sido lento componiendo canciones. Mi mente siempre ha estado abarrotada”, dijo recientemente el autor de canciones míticas como Suzanne, Take this Walt, Dance me to the end of love, Hallelujah, First we take Maniatan, I’m your man o So long, Marianne, su musa, aquella joven noruega Marianne Ihlen a la que deseaba leerle la palma de la mano cuando la conoció en la isla griega de Hydra allá por los sesenta.

“Hemos perdido a uno de los visionarios más venerados y prolíficos de la música”, apunta la nota oficial emitida a través de las redes sociales que anuncia su muerte este viernes 11 en Los Ángeles a los 82 años. Hace apenas unas semanas que el artista de Montreal acababa de publicar un nuevo disco, You Want It Darker, un testamento artístico visionario que le sirvió para dejar en el acto público de presentación una frase para la historia cuando le preguntaron por el Nobel de Literatura concedido a su colega Bob Dylan: “Darle el Nobel de Literatura a Dylan es como ponerle una medalla al Everest, a la montaña más alta”. Que cada cual lo tome como quiera, figuras retóricas aparte.

Ese hombre de párpados derrotados, mirada profunda, sonrisa socarrona, hombros hundidos y voz indescriptiblemente inhumana se fue con una sentida y emocionante ovación el pasado 14 de octubre en su última aparición pública después de presentar su último trabajo en Los Ángeles, donde vivía y donde ha fallecido. Acababa de decir esto: “Dije recientemente que estaba preparado para morir, pero creo que exageré. Tengo la intención de vivir para siempre”.

Deseo concedido, Leonard.

Escuchen, lean cada susurro de Suzanne, cada verso: Y quieres viajar con ella, / Y quieres viajas a ciegas, / Y sabes que confiará en ti / porque has tocado su cuerpo perfecto / con tu forma de pensar”.

Solo así podremos morir todos en paz después de haber vivido.

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