Me despierta la brisa con olor a salitre. El Caribe de un azul alucinante se explaya frente a mí. El calor de diciembre es amable, no abochorna como de costumbre. Respiro a todo pulmón, feliz, intoxicada por el trópico. Hoy es Nochebuena. Se me hace agua la boca pensando en la comilona: hallacas, pan de jamón, pernil y, para finalizar, el incomparable dulce de lechosa de mi suegra. Como todos los años, el plan es pasar el día en la playa, nadar y luego reunirnos frente al pesebre. Los adultos pasaremos trabajo en nuestro absurdos trajes de San Nicolás y sus elfos y entregaremos los regalos a los niños. Los abuelos los entretendrán mientras nos disfrazamos. Costumbre ridícula que impuso el ateo de mi hermano desde que se convirtió en padre, pero siempre nos divierte. Aquí, en Venezuela, es fácil divertirse.

La blancura es enceguecedora, ¿no te parece? Pasaremos la Navidad con nieve. 

No tengo apuro, me desperezo en la cama y bostezo. Raúl no está, en su lugar las sábanas conservan la forma de su cuerpo. Las huelo, el calor parece acentuar su aroma. O tal vez el amor de anoche fue más intenso que lo habitual. El olor a café me termina de despertar. Él lo prepara temprano cuando se despierta y me lo trae a la cama. Hoy no lo hará. Está más emocionado que los niños con la Navidad, aunque no sean los suyos.

¿Qué habrá pasado con la calefacción? Hace un frío de perros.

El móvil no para de sonar. Estiro el brazo para alcanzarlo. Es mi hermano, ¿qué hace llamando a estas horas un día de Navidad?

“¿Escuchaste las noticias?”

“No, no escuché las noticias. ¿Qué pasó?”

“Nos botaron. Chávez nos botó a todos, por televisión”.

Brinco en la cama.

“¿Qué estás diciendo?

Raúl entra al cuarto.

“Pásamelo” dice, quitándome el móvil de la mano.

Los escucho hablar. Raúl frunce el entrecejo y se pasa la mano por la cara. Cuelga el teléfono y murmura:

“Nos jodimos”.

¿Dormiste con la ventana abierta? Estamos en invierno, por si no te has dado cuenta.

Tenemos que devolvernos antes de tiempo. Este año no celebraremos la Navidad. No se sabe qué va a pasar. Tal vez tengamos que irnos de nuestras casas. Si botaron a Raúl y a mi hermano, no nos dejarán vivir en el campo petrolero. Eso dice una vecina. 

No nos dieron tiempo de recoger nuestras cosas. La Guardia Nacional nos sacó con gases lacrimógenos. Los hijos de mi hermano perderán el año si no pueden seguir en el colegio.

Están llamando por teléfono. Atiende tú.

A Raúl no lo quieren contratar en ninguna empresa. Dicen que tiene un buen currículum, pero el gobierno amenaza a quienes contraten a los botados. Dicen que si lo hacen, son cómplices de conspiradores y terroristas.

Nos persiguen. Tenemos que irnos de Venezuela. Los niños lloran. No quieren dejar su país. Yo no lloro, estoy seca. Los golpes me secaron. Tengo demasiado odio por dentro.

¡Contesta de una vez!

La voz irritada de Raúl retumba en mis oídos. Me levanto de la cama a duras penas. Desde que nos mudamos a Inglaterra todo me cuesta. Cambiar el azul radiante del Caribe por el gris entumecido del Támesis deprime. La Navidad es lo peor.

Ahora está sonando el móvil. Vibra en la mesa de noche. Seguro es la madre de Raúl. Nos llama todos los días. Ella tampoco puede con la nostalgia. Lo que más le duele es la frialdad del hijo. Yo le explico que Raúl no ha conseguido trabajo, que con el mío no es suficiente y nos estamos comiendo los ahorros. Eso lo tiene de mal humor. Ella no entiende.

Me paro para atender la llamada. No es la madre de Raúl. Es el médico. Los médicos nunca llaman a sus pacientes en Inglaterra. A menos que se trate de una pésima noticia.

“¿Quién era?” pregunta Raúl.

“¿El doctor?” le contesto.

“¿Y? ¿Qué te dijo?” pregunta.

Me quedo un rato callada, sin poder contestar. Él insiste.

“Pero bueno, mujer, me tienes en ascuas”

Miro hacia afuera de la ventana, la nieve lo cubre todo. Hasta bonita parece. Le contesto:

“En Venezuela dicen que los niños nacen con una arepa bajo el brazo. ¿Será cierto?”

Raúl me mira, frunce el entrecejo y se pasa la mano por la cara. Luego sonríe.

“Sí, es cierto”

“¿Aún en Inglaterra?”

“Aún en Inglaterra”

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

tres × 4 =