Carme Chacón, en una instantánea de Agustín Millán.

Ha muerto inesperadamente Carme Chacón, a los 46 años, y de modo inmediato Twitter ha dejado de ser el estercolero en el que a veces se convierte… o al menos floreció para compensar tanta basura lo mejor de mucha gente decente: tras conocer su muerte, decenas y decenas de twitteros, incluidos adversarios políticos enconados durante años y personas de toda edad y condición, lanzaron sus pésames y condolencias destacando en muchos de ellos las bondades o los éxitos concretos de la fallecida. De los que han aprovechado su fallecimiento para insultarle prefiero no decir nada hoy… salvo mostrarles nuevamente mi desprecio.

Entre tanta despedida cariñosa a la ex ministra de Defensa del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, se mezclaron durante horas decenas de tuits despreciativos de unos contra otros (sobre otros temas) con los dedicados a Carme Chacón, en la línea de lo que suele ser habitual en esa red social como en la vida misma, lo que afortunadamente dejó en ridículo (al menos durante esas horas) a quien no utiliza el Twitter más que para atacar y despreciar todo lo que se mueve. Es por eso que yo a esos dejé de seguirlos hace bastante tiempo. Entre tanto tuit cariñoso y bondadoso, sus habituales tuits chulescos e insultantes se leían peor que habitualmente… y parecían todavía más ridículos y patéticos.

La política es un espacio donde prima la crítica y las frases contundentes contra los adversarios políticos… y es normal que así sea. No solo para marcar diferencias con quien es posible que no difiramos tanto sino porque hay que aprovechar cada error ajeno para fortalecer el proyecto propio y lograr el ansiado rédito político al que todos aspiran o aspiramos. Todos lo hemos hecho. Las polémicas son habituales y las expresiones tajantes y cortantes predominan mucho más que las comedidas y no digamos ya de las que reconozcan el acierto del adversario; en el fondo, nunca hay piedad con el rival político, convertido en enemigo las 24 horas del día. Tanto, que pensar en que haya quien reconozca una buena idea o una decisión adecuada o una reflexión acertada a quien no forma parte de su secta es una quimera en España.

Sin embargo, una cosa no debería quitar la otra: es decir, que la crítica contundente al adversario o al gobierno de turno no debería impedir que dijéramos lo que vemos de positivo en el otro al menos cuando así lo percibamos; de ese modo, las frases cariñosas de ayer hacia Carme Chacón no habrían sonado tan extrañas, que no digo falsas, que no creo que lo fueran al menos en la mayor parte de los casos. De hecho, es habitual que suenen mucho más falsas algunas críticas políticas muy forzadas que el reconocimiento sincero a quien nos ha dejado.

Es precisamente a esto a lo que me refiero: si la imagen de Carme Chacón embarazada pasando revista a nuestras tropas parece hoy evidente que es una foto para la historia, ¿por qué no lo dijimos antes de que la protagonista falleciera? No tengo yo el recuerdo de que tal cosa se hubiera dicho tantas veces y con tanto ahínco… y desde luego muchos de los que ayer lo dijeron no lo habían dicho nunca. Ayer, no ya sus compañeros de partido, los más cercanos o lo más alejados, sino sus más acérrimos contrincantes políticos le dedicaron los mejores adjetivos y expresiones: política brillante, mujer valiente, su legado queda para la historia, siempre destacó por defender la igualdad y la dignidad de la mujer, un hito en la historia de la política moderna… y un largo etcétera.

¿Por qué no somos capaces de reconocer el mérito del otro mientras este otro está vivo, precisamente para que pueda escucharlo? ¿Por qué posponemos nuestro reconocimiento cuando el interesado ya no puede escucharnos?

Sin conocerla, estoy seguro que a Carme Chacón, que siempre aceptó sin mayor problema la crítica como parte del juego político, le habría gustado escuchar y leer además todo lo bueno que ayer se dijo sobre ella. Es lo que pretendo decir: que seamos capaces de criticar todo aquello que no nos guste… pero también de poner en valor los aciertos del adversario político. Yo me comprometo a ello.

 

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?
Compartir
Artículo anterior¡Ahora digo NO!
Artículo siguienteCarta abierta a los militantes de base del PSOE
Nací el 11 de noviembre de 1974: tengo, por tanto, 42 años. Soy Diplomado en Ciencias Empresariales, Técnico en Gestión Fiscal y Técnico Especialista en Administración y Dirección de Empresas. Milité desde muy joven en diversos movimientos sociales que se enfrentaron al terrorismo de ETA, como Denon Arten-Paz y Reconciliación (durante los primeros años de los años 90) y Basta Ya (desde finales de los años 90). Milité posteriormente y durante unos tres años en el PSE, partido político que abandoné en 2006 al comprobar que dejaba de ser un partido nacional y de defender la igualdad y por su política en relación a ETA. Me afilié a UPYD el 29 de setiembre de 2007, el mismo día en que se presentó públicamente en Madrid. Desde el 1 de marzo de 2009 hasta el 20 de octubre de 2016 fui parlamentario vasco por UPYD. He estado en la Dirección de UPYD desde 2009 y soy exportavoz nacional del partido. Portavoz de la Plataforma Ahora

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

1 × tres =