Decía Séneca que la libertad “es conservar el destino al alcance de la mano, no ser esclavos de nada, ni de nadie”. Una libertad que debería venir de serie cuando nacemos, pero que el patriarcado se empeña en negar a las mujeres. El precio es demasiado alto y sangrante: En España en 2016 hubo 105 feminicidios y asesinatos y en lo que va de año ya vamos por 90.

“Las víctimas necesitan de otras mujeres que hayan salido de la violencia”

Estas cifras manchadas de sangre y de sueños rotos pasan de puntillas por la vida de quienes no están concienciados con esta lacra. Se guardan estéticos minutos de silencio que solo valen para una foto, aparecen en titulares de forma fugaz, nos echamos las manos a la cabeza, y poco más.

Pero la violencia de género no solo tiene el contador incesable de mujeres asesinadas a las que les debemos todo el respeto y la memoria. Por fortuna hay otras historias de superación que nos empoderan al resto y que merecen ser contadas por activa y por pasiva. Sus vidas y sus fuerzas se convierten en el mejor ejemplo para que otras mujeres que están intentando volar, vuelvan a desplegar sus alas hacia la libertad. 

Marina Marroquí (@marinamarroqui) y Patricia Carmona (@patricarmonal) son dos excelentes ejemplos. Ellas, un buen día, cuando pensaban que no tenían fuerzas, dieron pequeños grandes pasos, y hoy libres de las cadenas que sus maltratadores les quisieron poner, quieren ser el espejo para otras miles de mujeres que quieren salir de la violencia de género pero que no saben cómo hacerlo. “Es muy importante que se de esta versión de la historia. Aquella que tiene un buen final. Que se vean casos de superación como los nuestros. Por desgracia muchas mujeres tuvieron que pagar con su vida el precio de querer ser libres. Salir de esta lacra es muy difícil pero es más que posible. Y esto es lo que tenemos que contar”, comentan ambas.

 

Visibilizar la violencia es poner cara a la vergüenza 

Por eso cada día ambas dos se empeñan en llevar su mensaje a donde haga falta. “Hay que visibilizar cómo salir de la violencia. Que otras mujeres vean la salida que nosotras cogimos, las terapias con las que nos reeducamos y puedan dar el paso final. De esta manera dejamos de sentirnos solas. Hasta ahora todo se ha limita a noticias de 20 segundos, a meros titulares o campañas de concienciación puntuales, pero es hora de que se haga un trabajo serio”, explica Patricia. “Desde que a mí me apuñalaron han pasado 20 años y sigo con la misma lucha, con la de concienciar. A nadie le parece importar que sigamos muriendo, que sigamos sufriendo ¡y ya está bien! Las luchadoras somos nosotras. No basta con sensibilizar sino con trabajar y luchar de verdad por todas y cada una de estas mujeres y sus hijos”, recalca.

Además Marina Marroquí destaca la importancia de que toda la sociedad trabaje la supervivencia de estas mujeres. “Una cosa es salir de la violencia y otra pasar página. Quien ha vivido la violencia de género y sigue viviendo con miedo y pesadillas sabe de lo que hablo. El problema es que por más que se pida que se denuncie si no hay un sistema que de verdad nos ampare es lanzar al vacío a estas mujeres. Una cosa es decir hay salida y otra saber cuál es”, subraya la autora de Eso no es amor (Editorial Destino).

Y es que como ambas supervivientes comentan es básico conocer la indefensión absoluta de las víctimas. “Este es el primer paso porque el maltratador les ha anulado y les ha quitado las herramientas con las que vivir y defenderse. Ellas necesitan que alguien les vaya acompañando paso a paso, a su ritmo y mostrando esa salida”, dice Carmona. “Denunciar sin haber estructura es avocar a la mujer a que la asesinen. La gente sabe que es una lacra social pero muy poca gente sabe cómo se siente una mujer maltratada”, completa Marroquí.

 

Cuando se cuestiona a la mujer, el maltratador se siente impune 

Hay una soledad que tampoco se conoce, y que estas supervivientes destacan, es un yermo que vive cada una de las mujeres en su interior. “Es una soledad que duele tanto que nadie se la imagina”, añade Carmona. Y es que en su caso después de un apuñalamiento brutal que le hizo estar dos veces al borde de la muerte Patricia tuvo que escuchar de boca de más de uno la acusación de que algo habría hecho ella. “¡Mi agresor casi me mata y yo tengo que escuchar esta barbaridad! ¿Cómo es posible que tengamos que justificarnos las mujeres, las agredidas, y que la gente no mire al agresor?”, recuerda triste.

Por otro lado Marroquí pone el dedo en otra llaga. La de lo barato que le sale a un maltratador ser violento. “Uno de los casos que tengo en la asociación es el de una mujer que tras 20 años de maltrato el juez ha impuesto la condena de 25 horas de programas sociales. Maltratar es como pintar un grafiti”, dice. En su propio caso Marina echa cuentas y tras los siete años de silencio en los que no contó a nadie de su dolor, las violaciones y las palizas que tuvo que soportar y el desprecio, “he calculado que su pena debía de ser de 1580 años de cárcel por lo que hizo”.

Así las cosas estas dos grandes mujeres claman por dejar de poner la línea roja al maltrato cuando llega el primer golpe. “Si decimos que si te pega es maltrato estamos errando totalmente. Cuando llega la violencia física ya no puedes salir. Antes te han humillado y te han dejado sin fuerzas. Es ahí donde hay que ir. Cuando una está en ese momento tiene la sensación de estar pudriéndose por dentro. De no valer nada”. Subraya Marroquí.

Ellas, para finalizar, arengan a que la sociedad deje de educar en los golpes y aprenda a acariciar y dar amor, del de verdad, del que no duele a las mujeres. “Hay que dejar de lanzar a los jóvenes mensajes de agresividad. Los hombres tienen que dejar de pensar que las mujeres damos la vida por amor. Cuando desde que nacemos escuchamos este mensaje las mujeres llegamos a pensar que somos tontas. Se tiene que acabar con la medida patriarcal en la que el hombre está por encima de la mujer. De que somos más débiles. De que tenemos que ser siempre nosotras las comprensivas, con un papel secundario. Las nuevas generaciones no tienen que seguir creyendo en el cuento de la princesa desvalida”, explica Patricia.

 

Las verdades de Marina Marroquí: 

  • “No se puede lanzar el mensaje a la mujer de que la mala eres tú por no perdonar. No se puede perdonar lo imperdonable”.
  • “La sociedad avala el machismo. Un maltratador no es solo un violento es un chantajista, un victimista profesional. El único perfil que hay del maltratador es el que se aprovecha de mujeres que en su totalidad son buenas personas”.
  • “Un maltratador utiliza esa bondad para anularte en todo momento. Te vende el cuento de que te viene a salvar y luego eres tú la que le rescatas todo el tiempo”.
  • “Las mujeres aprendemos a golpes. Si el machismo no hubiera anulado a la mitad de la versión de esta historia, todo sería diferente. El mundo sería otro”.
  • “El maltratador es impune al castigo porque la sociedad le da coartada. Si cambiamos la idea patriarcal del amor por el de la libertad real todo cambiará. El progreso tiene que estar en nosotros como seres humanos”.
  • “El machismo ha degradado el feminismo de tal manera que hasta las propias mujeres se han creído su mensaje y no se declaran feministas. Eso es un signo de ignorancia”.

 

Las verdades de Patricia Carmona: 

  • “Hasta que no se construyan hombres y mujeres en igualdad va a seguir habiendo machismo. Necesitamos hombres feministas”.
  • “Una mujer sale sola del maltrato, pide ayuda sola y lo mínimo que tiene que hacer la sociedad es ayudarla”.
  • “Cuando sales del maltrato te tienes que quitar el rol de víctima para hacerte dueña de tu vida. Es empoderarse, ser independiente y volver a tomar decisiones. Mientras no haya igualdad real no habrá paz”.
  • “Después de todo lo vivido he sacado lo mejor de mí. Soy libre, independiente y no voy a la deriva”.
  • “Ya he llorado tanto que ahora solo puedo reír y ser feliz. Tenemos que decir a las mujeres que se puede salir del maltrato y ser feliz”.
  • “Los hombres tiene un papel fundamental en esta lucha. El feminismo es justicia y en su consecución todos tenemos que participar. La lucha no solo es de las mujeres”.

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