Ahora que estamos abrazando el Domingo de Ramos y, con él, la Semana Santa, llegamos a esa época del año donde nuestros balcones se adornan con ricos damascos granates y el olor a incienso recorre cada rincón del itinerario de las diferentes Cofradías que existen en nuestros pueblos y ciudades.

Los más devotos acudirán a los Oficios Religiosos del Jueves y el Viernes Santo para recordar la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, profeta de profetas entre los cristianos, el hijo de Dios. En esas funciones religiosas se han de escuchar diferentes lecturas de textos bíblicos, pero el más especial, el que se repite cada año en la tarde del Viernes Santo: <<La Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Juan>> (capítulos 18 y 19). Estos capítulos del Evangelio según San Juan recogen cada una de las etapas vividas por el nazareno hasta su sepultura, pero detalla también la manera de actuar de un pueblo que está en contacto con otro de cultura distinta, refleja un modelo de sociedad; te enseña, en resumidas cuentas, como era el mundo en el que vivió Jesús de Nazaret. Tenían razón mis profesores de Historiografía cuando nos decían: – leed la Biblia, aprenderéis mucho.

Pero de entre todo lo que narra Juan, el discípulo amado, hay un versículo que me llama mucho la atención, puesto que se produce una dicotomía cuando lo pones en relación con otros versículos de otros evangelistas que narran el mismo momento.

Juan, en el capítulo 19, versículo 25, escribe: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena”. Por lo tanto, este versículo describe quiénes acompañaban a Cristo clavado en la cruz, de tal manera que en el Gólgota se encontraban el más joven de sus discípulos y autor del Evangelio que tratamos, la Virgen y una hermana de la Virgen, está claro.

Ahora bien; leamos <<La Pasión de Jesús según San Mateo>> (Mateo 26 y 27) en el mismo momento en que describe a las personas que acompañaban al Crucificado dice: “Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María – la madre de Santiago y de José – y la madre de los hijos de Zebedeo.”

El evangelista Marcos coincide en la descripción de este momento con San Juan, sin embargo, San Lucas, no hace referencia a este preciso detalle en su Evangelio. Es cierto, que el único evangelista realmente contemporáneo a Jesús fue Juan, que según la narración no debió de dejar sola a la madre de Jesús a lo largo de la pasión y muerte de Cristo.

Aunque Mateo no estuviera presente a lo largo de cada acontecimiento producido durante el camino hasta la crucifixión, es innegable que para escribir un libro que recoge tal cantidad de información, eran necesarias fuentes que permitieran al autor una descripción fehaciente. Llegados a este punto formulo una cuestión; ¿quiénes eran realmente esas tres Marías?

La madre de los hijos de Zebedeo responde al nombre de María Salomé, que era la madre de Juan, el apóstol y evangelista, y de Santiago el Mayor. María la de Cleofás era hermana de la Virgen, y a veces se la identifica con María Salomé, lo cual sería extraño, puesto que es imposible ser a la vez mujer de Zebedeo y de Cleofás. María, la madre de Santiago y José, que puede ser la misma que María la de Cleofás y por ello, sus hijos eran parientes de Cristo. Y por último, María la Magdalena, que es la mujer en la que coinciden ambos evangelistas y a la cual se hacen muchas referencias en diferentes etapas de la vida de Jesús de Nazaret.

Como pueden ver no descifro el enigma, valga el término, aunque ni yo mismo logro explicarme quiénes son de manera clara esas tres Marías que aparecen en los Evangelios. En mi opinión debió de estar la madre del condenado, María la Virgen y la Magdalena, pero quién es la tercera, ¿María Salomé o María la de Cleofás? Y, ¿por qué Mateo no nombra a la Virgen?

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