Esa realidad tan mágica de Latinoamérica no ha podido tener mejor escenario posible este 23 de abril. Mientras Nicaragua vuelve a desangrarse después de una historia reciente pavorosa excepcionalmente retratada por Sergio Ramírez en su extensa y fecunda trayectoria literaria, el escritor nicaragüense de Masatepe recibía el galardón literario más importante de las letras en español. Un total de 8.533 kilómetros separan Managua, la capital de Nicaragua, de la ciudad madrileña de Alcalá de Henares, donde el narrador, ensayista, periodista, político y abogado nicaragüense, nacido en el seno de una familia de músicos, ha sido el primer autor centroamericano en recibir este galardón.

Rubén Darío, Sandino, su traicionero verdugo Somoza y la treintena de anónimos nicaragüenses muertos violentamente en las protestas de estos días contra una decisión gubernamental del sandinista Daniel Ortega –presidente durante cinco años entre 1985 y 1990 del entonces vicepresidente Sergio Ramírez y hoy Premio Cervantes– han sobrevolado incesantemente el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, donde el alma del autor del Quijote ha compartido protagonismo con algún que otro impostor de medio pelo, amén de políticos que vivieron mejores tiempos democráticos y otros altos cargos de dudoso pasado académico.

Mientras tanto, las bellas palabras del premiado sobrevolaban la insigne sala. El mítico comienzo de la dickensiana Historia de dos ciudades y otras sentencias memorables han embellecido un acto que ganaba credibilidad conforme la prosa del nicaragüense iba adueñándose del escenario. “Naturaleza y vida se vuelven inseparables”, apuntaba el autor de obras ya míticas y de referencia de la literatura en español como Castigo divino (1988) o El cielo llora por mí (2008).

La literatura y la política han sido partes fundamentales del currículo profesional de Ramírez, surgido bajo la estela de los primeros autores del Boom

El apretón de manos entre un rey y un otrora revolucionario sandinista ha añadido nuevos tintes de realismo mágico a un acto en el que certificaban en primer plano la verosimilitud del acto una reina puesta en entredicho por la ciudadanía por sus supuestas y evidentes desavenencias familiares con su familia política, una presidenta autonómica que sigue sin encontrar un máster universitario que a todas luces nunca cursó y, para colmo, un presidente del Gobierno cuyo nombre aparece en el listado contable en ‘b’ de un ex alto cargo de su partido imputado por corrupción. Realismo mágico a raudales en Alcalá de Henares. Todo ello y todos ellos han estado presentes este 23 de abril en la ciudad madrileña, cuna del autor de referencia de la lengua en español.

La literatura y la política han sido partes fundamentales del currículo profesional de este autor centroamericano surgido bajo la estela de los primeros autores del Boom. Después de un exilio voluntario en Costa Rica y Alemania, aparcó las letras para tomar un papel activo en la revolución sandinista de su país, llegando a ser vicepresidente del actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en la primera etapa de este al frente del gobierno. Un lustro después de esta etapa política decidió formar parte de una escisión del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) llamada Movimiento Renovador Sandinista. Se postuló como candidato a la presidencia del país centroamericano en 1996. El revés dado por la ciudadanía determinó que dejara su carrera política para volver de lleno a la literatura. Los hechos acaecidos estos últimos días en su país dan buena muestra de que optó por el mejor de los caminos, el de las letras frente a la política de decisiones injustas que provocan derramamiento de sangre de ciudadanos inocentes.

El mítico comienzo de Historia de dos ciudades ha embellecido un acto que ganaba credibilidad conforme la prosa del nicaragüense iba adueñándose del escenario

Pronto llegaron sus grandes novelas, como la mítica Castigo divino (1988), que obtuvo el Premio Dashiell Hammett en España, y la siguiente, Un baile de máscaras, ganó el Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera traducida en Francia en 1998. Alfaguara y ahora también Debolsillo han publicado sus Cuentos completos, con un prólogo de Mario Benedetti (1998). Otros títulos destacados en su extensa obra son: Mentiras verdaderas (ensayos sobre la creación literaria, 2001); los volúmenes de cuentos Catalina y Catalina (2001), El reino animal (2007) y Flores oscuras (2013); así como las novelas Sombras nada más (2002), Mil y una muertes (2005), El cielo llora por mí (2008), La fugitiva (2011), Flores oscuras (2013) y Sara (2015). También publicó unas memorias de la revolución, Adiós muchachos (1999). Margarita, está linda la mar ganó, además, el Premio Latinoamericano de novela José María Arguedas, otorgado por Casa de las Américas en Cuba. En 2011 recibió en Chile el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso por el conjunto de su obra literaria, y en 2014 el Premio Carlos Fuentes.

El jurado que otorgó el Cervantes a Ramírez apreció una obra con una indudable capacidad por reflejar la viveza de la vida cotidiana. Ramírez es consciente de que su mirada literaria es parecida a la de un testigo de cargo con una útil misión, la de exponer y arrojar luz todo aquello tenebroso que pueda trastocar la vida cotidiana, ya sea el miedo, la inseguridad, la violencia o la corrupción. Sin duda, la literatura de Ramírez ha ejercido mejor estas funciones que si hubiera optado por buscar los mismos objetivos desde el sillón de la política.

“Aunar en su obra la narración y la poesía y el rigor del observador y el actor, así como por reflejar la viveza de la vida cotidiana convirtiendo la realidad en una obra de arte, todo ello con especial altura literaria y en pluralidad de géneros, como el cuento, la novela y el columnismo periodístico”. El jurado sentencia y el autor refrenda. Como testigos de cargo este 23 de abril, académicos, políticos, un rey, una reina y algún que otro impostor. Realismo mágico del bueno.

Discurso íntegro del Premio Cervantes Sergio Ramírez.

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